Revisión

Una mirada sistémica sobre la enfermedad de Alzheimer. Hacerse cargo de la familia de enfermos dementes

Ph. Thomas*, C. Hazif-Thomas*, E.M. Arroyo-Anlló**

*Servicio de readaptación y geriatría Hospital Pasteur-CHU de Poitiers-France.
**Centro Terapeútico Alzheimer de Salamanca. Dpto de Biología Celular y Patología de la Universidad de Salamanca, Servicio de Neurología y Unidad de Neuropsicología CHU Poitiers.

Correspondencia:
E.M. Arroyo-Afilé
Centro Terapéutico Alzheimer de Salamanca
Opto de Biología Celular y Patología de la Universidad de Salamanca
Avda. de la Merced, 109-131
37005 Salamanca


Introducción

La enfermedad de Alzheimer no es una enfermedad de un individuo aislado, sino una enfermedad de una persona que pertenece a un sistema familiar. Nosotros lo hemos enfocado desde la vertiente relaeional, para demostrar el impacto terapéutico que ello podría provocar. El método global es una de las características de la psicogeriatría, sin que esta disciplina tenga el monopolio. No existe una sola modalidad del método global, sino varias: una modalidad funcional de Iaergoterapia o del fisioterapeuta, una modalidad holística, psicosomática, acercamiento sistémico, etc. El método sistémico como su propio nombre lo indica, se tija en el funcionamiento de los sistemas donde la persona evoluciona, se interesa en las interrelaciones entre las personas, en la globalidad de la complejidad en oposición al método causal, que reduce a veces el acercamiento de la complejidad al pensamiento único. Se trata, por tanto, de un método contextual, que tiene en cuenta a la persona desde tres factores de su incapacidad: enfermedad y deficiencia, parámetros sociales y contexto familiar.

El contexto de la vida y el contexto sistémico: entre el mito y la realidad

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad orgánica, responsable de problemas cognoscitivos. Podemos oponer la enfermedad de Alzheimer, en la cual la sensibilidad emocional se encuentra preservada, y en la cual existe un deterioro cognoscitivo, a la psicosis en las cuales los problemas cognitivos están ausentes, pero en las cuales existe una desintegración afectiva9. A la organicidad de la enfermedad de Alzheimer, conviene añadir factores contextuales que afectan su revelación, su modo de expresión, su evolución y que inscriben el curso de la enfermedad dentro de un esquema, ya que sea estimulante o de desaprendizaje:
Entre ellos, el entorno relacional dentro del que evoluciona la persona mayor, en particular su familia, es muy importante. Los problemas de comportamiento y la tolerancia familiar pesan enormemente sobre el hacerse cargo humana y financieramente. Nos hacemos cargo de las dificulta
des relacionadas en reuniones familiares periódicas.
La conjunción de la organicidad de la enfermedad de Alzheimer con los factores ambientales facilita un componente importante de la expresión de la enfermedad: la regresión. Esta regresión está relacionada con la desmotivación del anciano, desmotivación facilitada por el renuncio a elegir18, el fracaso en los actos de la vida cotidiana, las fobias de implicaciones, la pérdida de confianza en sí mismo relacionada con la desaferentación sensorial o relacional...
Contener la represión implica tomar en cuenta las representaciones que el anciano se hace de él mismo y de sus funciones sociales20. Depende de que el anciano sea o no percibido por su entorno como creíble en lo que él hace y dentro de lo que él puede dar de si mismo, y depende de que él sea considerado o no como una persona digna y capaz, para que se sienta invitado o no a la comunión familiar. Las dificultades de compartir las mismas referencias temporales, conducen al anciano y a la familia a vivir la división relacional sobre puertas diferentes17 (Figura 1). El paciente no puede ya seguir el ritmo de la vida de su familia.
Perder el prestigio delante de sus personas más queridas, del médico, es vivir, además de la enfermedad, una invitación a la regresión. Desorientado a veces, confundido frecuentemente, no le queda más que la esperanza de ver que el entorno le restituye ciertos ritmos coherentes, a falta de darle de nuevo el uso de las palabras8. El es el prisionero del sentido que la familia inconscientemente atribuye a la enfermedad.
Se olvida demasiado rápido la función de organización de la emoción que asume el lenguaje y la del sostenimiento de la identidad que asume el contacto cotidiano, dentro de la esfera corporal e individual y de la esfera conyugal o familiar. Responsabilidad de los terapeutas de sentir las emociones problemáticas de la persona demente, sin proyectarse con el fin de quedar disponibles para ayudar a la familia y al anciano8. Responsabilidad también de ayudar a la familia a no funcionar sobre la escarpa estrecha del todo o nada- yo me ensaño, yo abandono.

¿Cómo se comportan los pacientes que sufren la enfermedad de alzheimer con respecto a su enfermedad?

La dependencia afectiva
En la etapas iniciales de la enfermedad, los pacientes que sufren de Alzheimer son incapaces de dominar o incluso de comprender su enfermedad. Mientras que el anciano depresivo se queja de sus pérdidas de memoria, de sus miedos de perder sus facultades mentales, los pacientes que sufren la enfermedad de Alzheimer no hablan de ella. Rápidamente, son incapaces de compartir su desamparo, su angustia frena a la incapacidad de orientar su propia vida y entorno. Voluntariamente delegan en otro el peso de su sufrimeinto y son también voluntariamente alienados por aquéllos que cubren sus necesidades físicas y afectivas. La búsqueda de apoyos en los otros es la fuente de una dependencia afectiva, y cuando el anciano se encuentra con estafadores de abuso de endeblez21.
De esta manera, las personas mayores se convierten frecuentemente en cómplices de una pérdida del rol social y al final, pierden toda autoridad sobre la familia. Inexorablemente, se someten a una inversión humillante de la dependencia niño-padres, como para comprar el derecho de aprovecharse del refugio que su entorno familiar les ofrece. La relación con la familia sufre la dicha confusión de "edades" y la pareja permanece incluso cuando uno de los ancianos tiene una demencia13.

La negación
Abrumados, angustiados frente a la hemorragia de su coherencia y de su identidad12, los dementes no se valen ya de ese pasado que ya han perdido, que estructuraba su personalidad histórica. Una de nuestros pacientes nos decía sobre su vida marcada de "circunstancias oscuras": "Existen recuerdos que quiero olvidar". De este modo los pacientes "Alzheimer" no desean rendirse a la cabecera de uno de sus padres muerto, dando una imagen chocante de indiferencia, para esconder finalmente un sufrimiento que no pueden ya elaborar. De la misma manera, la incontinencia, su suciedad corporal, no parece crearles problemas. Renuncian a luchar por su historia íntima, pero tratan de conservar cierta "fachada" honorable. Frente a ciertas incapacidades, ellos niegan, se alejan del juego de la realidad, seleccionando los sectores donde no fracasan y no son rechazados1.
Es necesario señalar que cuanto más nivel socio-cultural poseen, mas tarde se podría realizar el diagnóstico de demencia de tipo Alzheimer10. Ello podría ser un sesgo en diferentes trabajos que muestran una correlación negativa entre el nivel cultural y la edad de inicio de la enfermedad de Alzheimer. Una buena inserción familiar, un alto nivel de motivación, una buena prevención de la depresión, evitan la pérdida de autonomía adquirida y aprendida; la multiplicación de los roles sociales previene la pérdida de identidad.

La vergüenza
El anciano demente tiene frecuentemente miedo a perder el prestigio y expresa un sentimiento de pérdida de dominio sobre el mundo que le rodea. Ello es una fuente de agresividad, en particular cuando se da cuenta que ya no es capaz de comprender o hacerse comprender por su interlocutor. Por tanto, fabula para camuflar su vergüenza. Evita los sectores de la vida en los que fracasa y ello desgraciadamente es una fuente de desaprendizaje y así de regresión. Renuncia a lo que desea antes que mostrar su impotencia. La desmotivación nace de la represión de sus anhelos y de la no-realización de sus deseos. Es un mecanismo activo de elección de inmovilismo.
El malestar asociado a esta pérdida de dominio de sí mismo es una vivencia de vergüenza, de no-existencia que conduce a una búsqueda de indiferencia relacional cada vez mas importante: desde la autonomía a la dependencia afectiva niño/padres, más tarde a la fusión y finalmente la regresión dentro de un estado en el que el yo y el no-yo son indistintos6, en el que la dependencia es absoluta, pero donde el demente perderá su fuente de angustia. Ello nos lleva a preguntarnos: ¿Hay una angustia en la enfermedad de Alzheimer en el último estadio de la regresión? ¿No hay más bien una huida de la regresión para evaluar la angustia de la decadencia como si el anciano deteriorado rellenase las fisuras de su personalidad con el cimiento del olvido?. Por medio de la vergüenza, se aleja del camino de la pérdida de la identidad, de la relación fusional, puesto que paradójicamente, el efecto vergonzoso, preserva el riesgo de una servidumbre total hacia el otro"22. Igualmente, el paciente vive siempre con la amenaza del rechazo de la comunidad. Dicha traba profunda para la relación en lo que mina el contexto de referencia del anciano y ello pide el máximo de esfuerzo e invención terapeútica al equipo de terapia sistémica. El demente se vive como un extraño en su propio entorno.

La desmotivación y la inactividad corporal

Cuando el equipo de terapia sistémica otorga el suficiente tiempo a una familia que duda de ella misma para consolidar sus competencias, el paciente recupera una coherencia interna. El enlentecimiento del tempo-familiar permite al paciente expresar su sufrimiento, aceptar sus déficits, acondicionar los gestos de la vida cotidiana en un entorno de vida adaptado al ritmo y a la dimensión de sus capacidades residuales. La educación de la familia para gestionar esos ritmos del anciano, favorece la reversibilidad de las dependencias sociales acentuadas16.
En el dominio geriátrico, la valoración del cuerpo y de su imagen por el ergoterapeuta, el fisioterapeuta, el psico-terapeuta, la relajación, los cuidados estéticos, la musicoterapia, los talleres del gusto-olor.., es esencial para restaurar las interacciones del pensamiento y del "sentir". Motivando a los ancianos que poseen déficits para aceptar el mundo, el presente, se puede liberar el espíritu de representaciones parásitas, de ideas negras que asfixian el movimiento del espíritu y permitir así un retorno de la confianza en si mismo. Fiarse de sus sentidos permite la emergencia de una verdadera memoria corporal.
Más allá de un cierto límite, las capacidades de adaptación a la dependencia son superadas. A no ser que una evolución más psicosomática se presente, la persona se desliza hacia un estado de Dependencia Regresiva Agravada19,20 (Figura 2 ).
En dicho estado, la desmotivación conduce a renunciar a ser y predispone a la sumisión, sobre todo si la persona está sometida ya en sus comportamientos sociales y en su pareja3. La noción de á recorta nada capacidad a extraerse de estímulos no siginificativos o de un contexto relacional desvitalizante o de un comportamiento no-autónomo o de un rechazo a sentirse responsable de su futuro.

Los traumas vividos durante la enfermedad de Alzheimer

Las vivencias familiares de la enfermedad de Alzheimer contienen frecuentemente eventos traumáticos, a veces muy notables y antiguos: pérdida afectiva o del estatuto social, problemas de salud, deterioro de la auto-imagen. Los traumas son a veces el origen de la revelación de la enfermedad de Alzheimer. Frente a un trauma, diversos comportamientos son posibles, desde el más elaborado al más regresivo: elaboración del trauma, delirio, negación, comportamiento motor esteriotipado15.
La elaboración de un trauma implica que no hay un problema cognoscitivo. Es necesario reseñar que cuando hay un trauma inagural, la enfermedad de Alzheimer es presentada a veces por la familia como una escapatoria catastrófica que esconde la idea de la causalidad del evento es ahora la decadencia del primogénito que se encuentra en primer plano del sufrimiento familiar.
Nos podríamos preguntar si el trauma no es simplemente el revelador de la enfermedad de Alzheimer. De hecho, cuando se interroga a las familias, los primeros síntomas (pérdida de memoria, incapacidad de una vida social normal después de un despido, desinterés por los hijos, conyugopatías, etc) se remontan años antes de que el diagnóstico se haga. El trauma no es entonces simplemente el revelador de una situación inhabitual que sobrepasa al anciano, delante de la cual no puede librarse. Las disfunciones anteriores de personalidad, las dificultades relacionales antiguas se acentúan porque los problemas cognoscitivos no le permiten encontrar sus puntos de referencia relacionales.
La elaboración de un trauma implica también la posibilidad de una re-integración, es decir de un "luto" bien hecho. Ello nos permite preguntarnos: ¿El anciano puede discutir la función que le es atribuida dentro de la sociedad?.
Para elaborar un trauma, es necesario además poder proseguir, poder construir un nuevo proyecto, para reemprender sobre nuevas bases, mas consumadas, menos dolorosas Es deseable también que la historia de las separaciones en particular durante la infancia2, se lo permita y que el trauma en sí mismo sea realizable. Siempre no es el caso, por ejemplo cuando los errores del anciano durante su historia familiar son juzgados como imperdonables por la ley de la familia o cuando el anciano afronta la muerte de su propio hijo o cuando él ha rechazado otros ancianos incapacitados, dementes o cuando el mismo, se encuentra deteriorado y la sociedad o la familia no le deja más que un rol de coste inútil.

Los miedos

Los miedos del paciente
Los ancianos dementes en estadios no muy avanzados tienen "miedos", miedo de perder la persona "objeto" que le proporciona los cuidados o "el objeto afectivo" confundido con el precedente. Dicho hecho está en primer plano si la relación de dependencia es amenazada. Frecuentemente, observamos un mantenimiento de la dependencia en la relación entre el anciano y los cuidadores, que puede a veces invertirse cuando el anciano es remotivado por ejemplo con un viaje o cuando se le deja de nuevo establecer sus capacidades para elegir. Existe una relación entre la capacidad de elección del anciano y la incontinencia urinaria.

Los miedos conducen también a una búsqueda afectiva, infantilizante (funcionamiento anaclictico) y a la formación de parejas simbióticas familiares o extrafamiliares cuidador/cuidado. La complejidad de la situación explica que el regulador no es el cuidador, que es manipulado, incluso si está paradojicamente en una posición dominante.
El anciano busca particularmente una familiaridad, una intimidad para evaluar ese miedo de perder sus limites de identidad, buscando cueste lo que cueste una cualificación por el otro. Los ancianos dementes, preocupados por la pérdida de su relación de dependencia al entorno, tienen celos frecuentemente cuando los cuidadores prestan atención a otras personas, incluso a sus propios hijos. La represión se inicia si la calificación relacional no es ya posible.

Los miedos de la familia.. y de los médicos
Uno de los miedos más complejos es sin duda el del anuncio del diagnóstico. Para unos es necesario decir la verdad puesto que el enfermo tiene derecho a la información, su futuro va a transtornarse totalmente por el proceso patológico. La participación en el hacerse cargo socio-terapeúticamente o en un ensayo terapeútico es cada vez más creíble por el conocimiento del diagnóstico. Para otros, se trata de subrayar que las dificultades cognoscitivas conllevan a que la "operación-verdad" sea delicada ya que exista una frecuencia de diagnóstico incierto inicialmente. Además, el anuncio diagnóstico es frecuentemente vivido por muchos especialistas como un gesto agresivo frente al enfermo. Ciertas familias encuentran ventajoso la irreversibilidad supuesta del estado de sus padres o están aliviados por no tener que llevar ya un saco físico y moral y rechazan por ejemplo, acogerle de nuevo en el domicilio después de un síndrome confusional: "Usted se da cuenta, Doctor, que ha perdido la cabeza; no puedo ya acogerle en ese estado".
Desde el punto de vista sistémico, es importante, en ese tipo de situación, respetar las lealtades familiares e impedir que la irreversibilidad de la enfermedad no se conviertan en la razón de un abandono terapeútico. Las familias se movilizan durante años por el mantenimiento a domicilio de su familiar. En cierta manera, no podemos movilizar a una familia sobre las ruinas proclamadas de sus esfuerzos pasados. A la incurabilidad del paciente no debe responder-se con la incuria del doctor o de su familia.
El anuncio puede y debería ser idealmente la puerta abierta a una recalificación familiar y no ser la ocasión de una herida suplementaria causada por una curiosidad satisfecha. Incluso si este anuncio genera un sufrimiento depresivo, nos parece menos patógeno que una puesta entre paréntesis de la libertad del anciano, prisionero entre las dudas y los no- dichos familiares. Sin embargo, es demasiado insistir sobre el diagnóstico, su irreversibilidad, los riesgos de degradación bajo el pretexto de una buena comunicación familiar, vendría a vanalizar la relación afectiva que impregna y hace vivir las familias. La familia puede expresar sus propios miedos,-" ¿Es hereditario, Doctor?" o miedos sobre las consecuencias de ¡a información por su pariente. Entre el diagnóstico guardado en secreto al enfermo y la verdad pura y dura, hay un lugar para un mínimo de dulzura, tacto. Elaborar con la familia las palabras que van a ser utilizadas por todos, permite un hacerse cargo del enfermo sin "no-dichos". Así hay familias para las cuales hablar de enfermedad de la memoria les es suficiente para preparar el terreno con el fin de iniciar el trabajo de estimulación psico-cognoscitiva. En todo caso, el apoyo familiar permite a todos construir la ecología familiar (Tabla 1) y no encerrarse en los funcionamientos del pensamiento único, como el de la irreversibilidad de la enfermedad, la comunicación casi imposible o la pérdida irremediable de los roles anteriores....

La comunicación en la enfermedad de Alzheimer

¿Cuáles son actualmente las cargas que pesan sobre las familias en la enfermedad de Alzheimer? Conciernen la vivencia de ¡as familias y su capacidad a mantener el paciente a domicilio.

Alteración temporal
El primer modelo que evoca la interferencia de una imagen anacrónica del otro en la comunicación viene de Ploton17. Cuando dos personas están presentes, lo están en un tiempo real y en un espacio dado. En la enfermedad de Alzheimer, son sus homólogos pasados que están virtualmente presentes, la persona que sufre de Alzheimer que vive con una imagen de ella misma del pasado y que mira la persona que tiene en frente como un personaje de su propio pasado(Figura 1). Ello produce una confusión temporal, una inseguridad relacional tanto del paciente como de la otra persona con la que se relaciona.

Exigencias del anciano
Otros factores pesan sobre las familias: La exigencia del anciano demente, en particular, para la satisfacción inmediata de sus necesidades, la carga física y psicológica, esta última estando afectada por el paso de las relaciones anteriores. Numerosos conflictos pasados son el pretexto de arreglos de cuentas intra-familiares o con el anciano, cuando la dependencia y el coste financiero aparecen en el horizonte. Existe naturalmente dificultades de comunicación asociadas a la habitual incomprensión inter-generacional, pero las pérdidas cognitivas y la hipersensibilidad de los pacientes Alzheimer entorpecen considerablemente la relación. Desde este punto de vista, en la enfermedad de Alzheimer las representaciones de palabras están alteradas, mientras que las representaciones de cosas se encuentran exacerbadas; lo no-verbal toma el lugar de lo verbal, incluso en la integración de las palabras'5. Por ejemplo, las palabras son comprendidas no por su significante, sino por la manera de decirlas, por su tonalidad, por su acompañamiento no- verbal... Asistimos a una inversión semiótica, el significado se convierte en lo primero en relación al significante. Por ejemplo, un paciente, "Alzheimer" que había sido dejado cerca de una chimenea de cartón por un equipo de cuidadores-terapeutas dijo: "¿Podría retirarme? Tengo demasiado calor."

La comunicación "fractal" (catastrófica)

El sufrimiento se propaga en la familia como una enfermedad contagiosa (Figura 3 ). La demencia de uno de los padres es a veces la primera ocasión de toparse con la angustia de su propia degradación. Cada miembro de la familia comunica a sus allegados su propio dolor. El dolor de los hijos, sus dificultades a enfrentarse a ello son a veces más difíciles a soportar para los nietos que su propio sufrimiento frente a los enfermos. Cada uno lleva, además de su propio sufrimiento, de su propia cruz una parte del sufrimiento del otro, de la cruz del otro.

La ambivalencia
Las relaciones entre el anciano y su familia y sus cuidadores están dominados por la ambivalencia y el desplazamiento sobre un tercero de la hostilidad vivida por los descendientes para con el anciano. Este último vive de hecho una relación a tres, estando en relación con su familia y sus cuidadores. Del lado de su familia, él Vive una relación de abandono, y del lado de los cuidadores, una relación de rechazo. Por otra parte, la familia vive con el anciano una relación de culpabilidad y los cuidadores, una relación de autoridad, asociada a la carga de trabajo que tienen que efectuar y porque no poseen un pasado afectivo de la familia. Familias y cuidadores viven una situación de competencia recíproca. La familia está cada vez más sometida a una doble obligación: desear cuidar y guardar hasta el final por un lado y estar obligado abandonar los cuidados tanto físicos como psicológicos. Las familias reaccionan de varias formas: comportamiento de huida bajo múltiples pretextos, agresividad o por el contrario, elogios de las familias a los cuidadores. Los conflictos de lealtad son a veces5 catalizados por la enfermedad de Alzheimer: una parte de la familia tiene un proyecto- por ejemplo guardar al anciano en el domicilio- que se opone a la otra parte de la familia, que desea la institucionalización. El resultado de todo ello es la designación de una tercera persona para arreglar la tensión familiar, ya sea el anciano que no se somete al proyecto de una parte de la familia, ya sea un cuidador o bien el médico: "Es usted Doctor, el que debería decírselo". Y si la tercera persona no está de acuerdo con la familia y apoya al paciente, es descalificado: "De todas formas, ya no es capaz de nada; usted se da cuenta bien de ello, Doctor. El interés de la tercera persona es que permita la reconciliación de la familia con su desventaja... En dichas situaciones, el reconocimiento de impotencia a solucionar ese tipo de dificultades es una buena salvaguardia para el médico que devuelve a la familia su propia responsabilidad. No es mas que a ese precio que el triángulo o medicación relacional es eficaz.

La complejidad de la relación
La humanidad teórica nos lleva a pensar que la teoría más rica es siempre más pobre que la complejidad de la relación. La complejidad representa el tercer infinito al lado de lo infinitamente pequeño y de lo infinitamente grande. El análisis de lo que vive el anciano, la influencia sobre su entorno están cada vez más limitadas. El anciano es poco a poco privado de una visión holística, se expone a errores en sus decisiones e interpretaciones, y por tanto se expone a fracasos. Busca una vida cada vez mas regulada, pautada, sin sorpresas, una vida con rituales cada vez más simplificados, para vivir en una rutina taciturna.
La complejidad no comprende solamente 'las cantidades de unidades de interacciones que desafían nuestras posibilidades de cálculos; comprende también incertitudes, indeterminaciones de fenómenos aleatorios' nos dice Edgard Morin. Lo inesperado es indispensable en una vida normal, pero supone una capacidad de adaptación y de gestión de la angustia frente a aquello que no se domina o se planifica. Sin lugar a la complejidad, el paciente "Alzheimer" vive una visión reducida del mundo que conlleva al pensamiento único- por ejemplo, sobrevivir materialmente-, organizador de un futuro sin sorpresas controlado por la autoridad de una persona rígida, amedrentada, centrada sobre la eficacia ante todo y sobre todo. Poco a poco, donde hay una retorna, un nuevo inicio hacia un día diferente, una repetición estéril aparece fuera de la cual todo lo que encarne lo diferente va a chocarle y desestabilizarle . La costumbre, la rutina, el aburrimiento sustituyen la vida en si y la realización de deseos.

¿Qué observaciones prácticas podemos señalar para hacernos cargo de la
enfermedad de Alzheimer?

Nos parece indispensable respetar la coherencia emocional del enfermo, a falta de aceptar la incoherencia cognoscitiva. Es necesario conservar a todo precio su propia trama referencial e intentar descubrir la época, el lugar o la situación que vive, más que de reinsentarlo cruelmente en nuestra realidad7. Se trata de aceptar al paciente en la frontera entre lo real y lo imaginario. A lo largo de la psicoterapia familiar, se propone un acompañamiento continuo antes, durante y después de la enfermedad. Es constructivo adaptar los entornos de vida de los pacientes utilizando su propio déficit, para canalizar los miedos de agresividad, para otorgar un contexto de vida donde el renunciar al peligro es posible, sin por consecuencia, tropezar con obstáculos. Los juegos de luces, decoraciones, forma arquitectónica, talleres de estimulación psico-cognoscitiva permiten solucionar bien ciertas dificultades. Aquí el ritual, los horarios fijos dan seguridad al anciano. Los no-rituales, haciendo fiestas o animaciones inhabituales desorientan la vida del enfermo.
Es importante calificar el paciente en sus capacidades residuales y evitar todo aquello que podría ser vivido como descalificador. Por tanto, es necesario evitar o al menos, respetar sus fracasos. Es particularmente importante estar bien sincronizado en el tiempo con el enfermo y ser coherente consigo mismo, puesto que el anciano demente descifra mejor que nadie el comportamiento no-verbal del cuidador. Comprender y respetar la agresividad en la enfermedad de Alzheimer, acompañar a la familia sin perder la solidaridad con ella cuando la regresión cognoscitiva se presenta, son esenciales. La psicoterapia sistémica tiene en cuenta las diferentes opciones terapeúticas, preservando la libertad relacional.

Bibliografía

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