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Evaluación
de las actividades instrumentales de la vida diaria. Análisis
de algunas variables que influyen en su medición
Gutiérrez
Rodríguez J, Galeano Arboleya R, Solano Jaurrieta Ji.
Servicio
de Geriatría. Hospital Monte Naranco (Oviedo)
Correspondencia:
Juan José Solano Jaurrieta
Servicio de Geriatría
Hospital Monte Naranco
C/Vazquez de MeIIa, final
Oviedo, 33012
Tfno: (98) 5106900 (Ext 4544)
Resumen
Fundamentos: Las escalas que evalúan las actividades instrumentales
(AIVD) son más sensibles a pequeños cambios clínicos
que las que evalúan las actividades básicas (ABVD)y
por ello, podrían sernos de utilidad para detectar de forma
más precoz las situaciones de riesgo de deterioro funcional.
Desafortunadamente, están influenciadas por otras esferas del
individuo (circunstancias socioculturales o mentales). El objetivo
del presente estudio ha sido detectar el posible efecto que pudiera
tener la variable sexo sobre la incapacidad funcional en AIVO. Método:
Se realizó un estudio transversal sobre 199 pacientes hospitalizados
en nuestra unidad geriátrica de agudos. Variables: incapacidad
funcional en AIVD (mediante Índice de Lawton), sexo, edad,
nivel de estudios, antecedentes médicos, situación cognitiva
(mediante el Test del Informador) y afectiva (mediante la Escala de
Depresión Geriátrica). Resultados: La incapacidad funcional
en una o más de las AIVD consideradas, es frecuente (89% de
los sujetos incluidos). Las actividades con más prevalencia
de incapacidad son las relacionadas con la realización de las
compras, preparación de la comida y lavado de la ropa. Con
respecto a la variable sexo, los hombres muestran mayor incapacidad
en las actividades relacionadas con las labores del hogar. La situación
cognitiva se asocia con la incapacidad para la utilización
de transportes, manejo de la medicación y de los asuntos económicos.
Conclusiones: Podemos diferenciar dos perfiles de incapacidad en relación
con el sexo, uno asociado con posibles factores socioculturales y
otro con el ciclo enfermedad-deterioro funcional-incapacidad.
Palabras
clave: Deteriero funcional. Incapacidad funcional. Actividades Instrumentales
de la vida diaria. Anciano.
Summary
Background:
Instrumental activities of daily living scales (IADL) are more sensitive
te little changes in the patient's clinical status the basic activities
scales (AOL), then they should be used te screen and detecting initial
risk of functional decline, However, AOL performance is associated
with otherfactors (social, educational and mental status). The pourpouse
of thís study sto determined the independent etfect of sex
en the likelihood of functional disabilities in IADL.
Method: We cenducted a trnsversal study from 199 patients hospitalized
ix our acote geriatric unit. Measurements: performance in AOL (Lawton
mdcx), sex, age, educational status, medical conditions, cognitive
performance (S-IQCOOE) and depressive status (Geriatric Depression
Scale).
Resuits: Functional disability is present in ene or more AOL ix 89%
of cases. AOL with higher prevalence of disability were ability te
shopping, food preparation and laundry. Mex weremore handicaped ix
activities related with house works. Cognitive pertormance correlated
with the impairment ix trasnportation, responsability te eme medication
and ability te handle finances.
Conclusions: We could detecting two patterns of impairment conditioned
by seo, ene associted with cultural factors and the other with the
cycle illnes - functional decline -functional impairment.
Key Words:
Functional decline. Functional impairment. Instrumental activities
of daily living. Elderly.
Introducción
A pesar
de la frecuencia con la que llevamos a cabo el diagnóstico
de incapacidad, probablemente somos poco conscientes de algunos problemas
metodológicos que el mismo puede conllevar. Las "fuentes
de confusión" se derivan de una inadecuada comprensión
de las características de los instrumentos utilizados, y de
los factores de dependencia de los resultados obtenidos mediante su
administración, de los que en definitiva dependerá la
definición de incapacidad que vamos a utilizar para llevar
a cabo la descripción de los problemas, el inicio de los procesos
diagnósticos y la selección de las estartegias terapéuticas1-6.
más adecuadas en cada caso.
Estos problemas se agravan debido a la rápida evolución
de los conceptos relativos a las posibles relaciones entre envejecimiento,
incapacidad y enfermedad, que ha puesto de manifiesto el beneficio
de un enfoque cada vez más precoz de esta relación,
mediante el uso de instrumentos diagnósticos de mayor sensibilidad,
pero a su vez más sometido a7-11 influencias
culturales que pueden inducir a error.
Tradicionalmente, los instrumentos más utilizados para el diagnóstico
de deterioro funcional en el paciente anciano han sido aquellos que
permiten la evaluación de la situación de incapacidad
para el desarrollo de las llamadas actividades básicas de la
vida diaria (ABVD) (Indices de Katz y Barthel, escala funcional de
Cruz Roja)12-16. Su aplicación nos permite
alcanzar un elevado índice de sospecha de enfermedad cuando
se ponen de manifiesto alteraciones en dichas actividades, que pueden
considerarse prácticamente universales, y poco sometidas por
lo tanto a los mencionados factores socioculturales (elevada especificidad)7,13,15.
Sin embargo, la detección de una pérdida de capacidad
para su realización suele implicar que se ha realizado el diagnóstico
en un período tardío del continuo enfermedad-incapacidad
(baja sensibilidad), limitando las posibilidades de intervención17
Para afinar nuestra capacidad diagnóstica, llevando a cabo
una detección más precoz de las situaciones de deterioro
funcional, podemos utilizar instrumentos más sensibles al cambio,
que incorporan actividades de mayor complejidad, las llamadas actividades
instrumentales de la vida diaria (AIVD) (Indice de Lawton)'820. A
cambio del aumento de sensibilidad que indudablemente proporciona
este tipo de tecnología, debemos asumir una disminución
de su especifidad, relacionada con las mayores influencias socioculturales
que pueden condicionar la realización de este tipo de actividades,
menos universal que en el caso anterior1,27,21,22.
En definitiva, la no realización de una de estas actividades
no necesariamente debe estar en relación con enfermedad en
un determinado paciente, sino que puede estarlo con determinismos
educacionales, muchas veces locales.
A pesar de ello, en nuestro país, existen pocos estudios que
evalúen la posible influencia que tienen estas variables sobre
la utilización de las escalas de valoración de incapacidad
en AIVD23. Por ello, a través del presente estudio nos planteamos
determinar en una cohorte de ancianos la influencia que pudieran tener
las variables sexo, edad, nivel de estudios, situación cognitiva
y afectiva y algunos factores clínicos sobre el grado y perfil
de su incapacidad para las AIVD.
Material
y método
Este
estudio forma parte de un proyecto más amplio cuyo objetivo
principal es la evaluación de las consecuencias funcionales
de la hospitalización en el anciano, y cuyos principales resultados
han sido previamente publicados20. En su metodología incluía
la realización de un corte transversal al ingreso, relativo
a la situación basal de los ancianos hospitalizados por enfermedad
aguda o crónica reagudizada en la Unidad de Agudos del Servicio
de Geriatría del Hospital Monte Naranco.
Como criterios para la inclusión sistemática que se
llevó a cabo se establecieron los siguientes: 1) Pacientes
de edad igual o superior a 65 años; 2) Previamente independientes
para la deambulación y con puntuaciones en el índice
de Barthel basal o previo al ingreso en rango de independencia total
o dependencia leve (puntuación mayor o igual a 60); 3) Sin
enfermedad aguda directamente incapacitante como motivo de ingreso
(accidente cerebrovascular agudo o fractura de cadera); 4) Que no
se encontraran en situación de necesidad de oxigenoterapia
domiciliaria, estuvieran previamente institucionalizados, o se encontraran
en situación terminal (expectativa de vida inferior a 6 meses
tras la evaluación clínica).
En el protocolo de estudio de la situación previa al desarrollo
de la enfermedad que motivá la hospitalización se incluyeron
los siguientes "datos históricos': a) clínicos
(número de diagnósticos y de fármacos, diagnósticos
clasificados por sistemas y utilización de fármacos
por grupos terapéuticos); b) sociodemográficos (edad,
sexo y nivel de estudios); e) funcionales (incapacidad funcional en
AIVD evaluada mediante el índice de Lawton18);
d) mentales (situación cognitiva, evaluada mediante el Test
de Informador24, y situación afectiva,
evaluada a su vez mediante la versión de 15 items de la Escala
de Depresión Geriátrica de Yesavage25,26).
Para la variable "nivel de estudios" se contemplaron las
siguientes posibilidades: a) analfabeto; b) ningún ciclo de
estudios completo; e) estudios primarios; d) estudios secundarios;
e) estudios universitarios. Sin embargo, dada la escasa frecuencia
con la que aparecieron alguno de estos grupos en la población
de estudio, se decidió recodificar esta variable como "sin
ningún ciclo de estudios completo" o "con algún
ciclo de estudios completo".
El Índice de Lawton (Anexol), también llamado "Philadelphia
Geria tríe Center-lnstrumental Activities of Daily Living"
(PGC-IADL), fue publicado en 1969 y se utiliza para evaluar el grado
de capacidad funcional en las AIVD. Consta de 8 items (capacidad para
utilizar el teléfono, hacer compras, preparar la comida, cuidar
de la casa, lavar la ropa, utilizar transportes y manejar la medicación
y los asuntos económicos) que se puntúan con valores
de 0 6 1 según el grado de incapacidad, de forma que la puntuación
total varía entre 8 (máxima independencia) y O (dependencia
total). Tiene una aceptable fiabilidad ínter-observador (coeficiente
de Pearson de 0,85)18, es una de las escalas más recomendadas
para evaluar las AIVD9'0 y en nuestro país ha sido utilizada
para describir la situación funcional de los ancianos27. En
nuestro estudio, fue aplicado al propio paciente mediante interrogatorio
acerca de su capacidad para la realización de las distintas
AIVD en el mes anterior al desarrollo de la enfermedad que motivó
su hospitalización, registrándose la puntuación
global como variable cuantitativa continua y el grado de dependencia
funcional para cada una de las ocho actividades incluidas como variable
dicotómica, según el paciente fuera independiente o
presentara algún grado de dependencia.
El Test del Informador es una adaptación a nuestro medio24
del "lnformant Questionnaire on Cognitive Decline in the Elderly'l
publicada en 1989 por Jorm y Korten28. Es un cuestionario que se aplica
al cuidador principal o a una persona estrechamente relacionada con
el paciente, intentando abordar evolutivamente los cambios observados
en aspectos relacionados con la memoria y la inteligencia a lo largo
de los últimos 10 años. Consta de 26 preguntas que pueden
puntuarse entre 1 y 5, dependiendo de si ha mejorado mucho (1 punto),
ha mejorado algo (2 puntos), sigue igual (3 puntos), ha empeorado
algo (4 puntos) o ha empeorado mucho (5 puntos). Siendo su puntuación
máxima de 130, se ha establecido un punto de corte en 84/85
que muestra elevada sensibilidad y especificidad en el diagnóstico
de demencia29. La decisión de incluir este instrumento para
la valoración cognitiva se justifica por la necesidad de acercarnos
a la situación cognitiva previa al desarrollo de la enfermedad
en cada paciente, momento en el cual se están evaluando igualmente
las restantes variables.
El análisis de los datos se realizó mediante los programas
informáticos Epi-lnfo 5.01 y SPSSPC para Windows, utilizando
los test estadísticos chi-cuadrado y corrección de Yates
para las variables cualitativas, y T-student y test de Wilcoxon para
las variables cuantitativas. lnicialmente, y a fin de aislar la importancia
de la variable objeto de estudio se llevó a cabo un análisis
bivariante de la asociación existente entre todas las variables
independientes consideradas y la situación de incapacidad para
las IAVD. Posteriormente, se realizó un análisis de
Regresión Logística con el fin de evaluar el comportamiento
de cada una de las 8 actividades instrumentales incluidas en el Indice
de Lawton (variables dependientes), en función de las variables
que habían presentado asociación estadística
en dicho análisis bivariante (variables independientes).
Resultados
Descripción
de la muestra
Un total de 199 sujetos cumplieron los criterios de inclusión.
La edad media fue de 81,21 años y el 30,7% tenían 85
o más años, con un 54,8% de mujeres (Tabla
1).
El número medio de diagnósticos previos fué de
3,8 por paciente y el consumo medio de fármacos por paciente
de 3,1 (igualmente en la situación previa a su ingreso).
Las
características de la muestra en lo que se refiere a sus puntuaciones
en el índice de Lawton, en el test del Informador y en la escala
de depresión geriátrica de Yesavage se reflejan en la
Tabla 1.
Prevalencia
de la incapacidad funcional para las AIVD
La situación de dependencia para actividades instrumentales
(en lo que se refiere a la proporción de pacientes con un determinado
número de actividades afectas) se describe en la Figura
1.
Considerando cada una de las actividades individualmente, la prevalencia
de incapacidad funcional resulta mayor en las actividades relativas
a la realización de compras, preparación de la comida
y lavado de la ropa (Tabla 2).
Factores
asociados a la incapacidad funcional en AIVD
Influencia de la edad
Globalmente, no es posible detectar relación entre la puntuación
media en el Índice de Lawton y la edad. Así, para los
menores de 75 años la puntuación fue de 4 91 + 2,0,
entre 75 y 84 de 4,68 ± 2,2 y en los mayores de 84 años
de 4,05 ± 2,1 (p>0,05).
Sin embargo, si consideramos cada una de las AIVD incluidas en el
índice de forma independiente, es posible detectar asociación
entre edad y capacidad para la utilización de transportes (82,4±6,4
años para los sujetos con incapacidad y 80,5±6,8 para
los sujetos sin incapacidad; p<0,05) y manejo de la propia medicación
(83,5±6,1 y 80,2±6,7 respectivamente; p<0,O1), pero
no para las restantes actividades incluidas en el índice.
Influencia
del sexo
Nuevamente, no es posible establecer relaciones entre esta variable
y las puntuaciones en el índice de Lawton, considerado
este de modo global (4,35 + 184 en varones vs. 4 67 + 2,34 en mujeres,
p>0,05).
Sin embargo, nuestros resultados reflejan que el perfil de incapacidad
para cada una de las actividades incluidas en dicho instrumento, no
es homogéneo en ambos sexos, mostrándose las diferencias
halladas en la Tabla 3, que pone de manifiesto una mayor afectación
en los varones de las actividades relacionadas con los cuidados domésticos
y en las mujeres de las relativas a la utilización de transportes
y manejo de los asuntos económicos.
Influencia
del nivel de estudios
Tampoco en este caso fué posible poner de manifiesto una relación
global (los sujetos que no habían completado ningún
ciclo de estudios obtuvieron una puntuación media de 4,45 +
223 mientras que en los que si lo habían hecho la puntuación
fué de 4 69 + 1 91, p>0,05), aunque sí se apreció
relación entre el nivel de estudios y la capacidad para el
manejo de la propia medicación y de asuntos económicos
(Tabla 3).
Influencia
de la situación cognitiva
En este caso es posible establecer relaciones tanto desde una perspectiva
global como en el perfil de deterioro funcional en cada uno de los
grupos. Así, mientras que los sujetos que presentaban puntuaciones
en el Test del Informador en rango de deterioro cognitivo obtenían
una puntuación media en el Índice de Lawton de 402 +
224, aquellos que se situaban en rango de normalidad presentaban una
puntuación de 5 26 ÷ 1,98 (p<0,001). Igualmente,
al analizar de forma independiente cada una de las actividades consideradas,
es posible poner de manifiesto una asociación entre deterioro
coginitivo e incapacidad para la utilización de transportes,
manejo de la propia medicación y de asuntos económicos
(Tabla 3).
Influencia
de la situación afectiva
No hemos detectado asociación estadística entre la situación
efectiva y la incapacidad en AIVD, ni al analizar de forma global
la puntuación, ni al desglosar el análisis para cada
una de las actividades.
Influencia
de las variables clínicas
Globalmente, no es posible poner de manifiesto relaciones entre las
puntuaciones en el índice de Lawton y las variables clínicas
consideradas.
Sin embargo, si se lleva a cabo el análisis de cada una de
las actividades de forma independiente, sí se aprecia asociación
estadística entre la incapacidad para la realización
de compras y la existencia de antecedentes de patología osteomuscular,
de modo que los pacientes que presentan este antecedente muestran
una mayor dependencia para esta actividad (28,66% vs. 7,13%, p<O.O5).
Análisis de Regresión Logística
Como hemos visto, las actividades relacionadas con el cuidado doméstico
sólo mostraron asociación estadística con una
variable, el sexo.
Para las restantes actividades, que en el análisis bivariante
se asociaron con más de un factor (utilización de transportes,
manejo de la medicación y los asuntos económicos), se
procedió a la construcción de un modelo de regresión
logística. Tras realizar el ajuste y excluir de los modelos
aquellas variables que no añadían información,
permanecieron como variales independientes: 1) Para la utilización
de transportes los factores sexo y puntuación en el TIN (se
excluyó del modelo la edad). 2) Para el manejo de la medicación
las variables edad, puntuación en el uN y nivel de estudios
y 3) Para el manejo de asuntos económicos permanecieron como
variables independientes los factores sexo y puntuación en
el TIN (se excluyó el nivel de estudios) (Tabla
4).
Discusión
En primer
lugar, hemos de señalar la limitación más importante
de nuestro estudio, su diseño transversal. A consecuencia de
ello, y a pesar de haber detectado asociaciones entre incapacidad
funcional y determinadas variables socio-demográficas o clínicas,
no podemos afirmar que las mismas impliquen relación de causalidad,
incluso aunque hayan sido descritas previamente en la literatura1,2,7,
sirviéndonos tan sólo para establecer hipótesis
que deberán ser confirmadas posteriormente mediante estudios
longitudinales.
Aún así, y dado que en la mayor parte de los casos,
y al menos a nivel hospitalario, este tipo de instrumentos va a ser
aplicado de modo transversal, nuestro estudio pone de manifiesto algunas
circunstancias a tener en cuenta cuando se aplican este tipo de instrumentos.
El índice de Lawton incluye diversas actividades que implican
actitudes, aptitudes y niveles de complejidad diferentes. Por ello,
la situación de dependencia para una determinada actividad
puede tener diferente significado funcional y distinta importancia
en el pronóstico o en la determinación de las necesidades
de cuidados de un paciente concreto. Esta información puede
permanecer oculta si la transmisión de resultados se realiza
mediante puntuaciones globales. De hecho, excepto en lo que se refiere
a la situación cognitiva (hecho suficientemente conocido a
través de estudios previos)30,31, no
hemos encontrado asociación entre la puntuación global
en el Indice de Lawton y las distintas variables consideradas, asociación
que sin embargo sí se ha detectado al analizar de forma independiente
cada una de las AIVD, lo que parece implicar que los factores a tener
en cuenta al analizar cada "perfil funcional" pueden variar
en cada caso.
En este sentido, y a pesar de las múltiples variables consideradas
en nuestro análisis de regresión, es posible describir,
como nos planteábamos inicialmente, dos perfiles diferenciales
en la situación de dependencia para AIVD en función
del sexo, probablemente relacionados con factores culturales constantes
para el tipo de población anciana que manejamos en la actualidad,
y sin embargo no relacionados con el desarrollo de enfermedad, cuya
detección constituiría el objetivo último de
nuestro proceso diagnóstico.
Así, en nuestro caso, los varones se muestran más dependientes
en la realización de las tareas domésticas (preparación
de la comida, cuidado de la casa y lavado de la ropa) mientras que,
por el contrario, las mujeres se muestran más incapacitadas
para la utilización de transportes o el manejo de asuntos económicos
(aunque en este último caso tambien se incluye como factor
independiente en el modelo de regresión la situación
cognitiva).
Si en función de nuestros resultados, la influencia de algunos
factores sociales no modificables se pone claramente de manifiesto,
¿podríamos disponer de algún medio que nos permitiera
diferenciar las situaciones de dependencia debidas a las circunstancias
culturales y las realmente secundarias a enfermedad o factores sociales
modificables, que requirirían un estudio más profundo?
Probablemente, la respuesta se encuentre en la metodología
de aplicación del instrumento. Desde nuestro punto de vista,
existirían tres posibilidades de utilización del mismo,
matizadas por el modo en que se lleva a cabo la formulación
del cuestionario:
1. La investigación de la capacidad teórica, estimada
por el propio paciente. Las preguntas se inician con la fórmula
¿se considera usted capaz de...?. Conduce, en general, a una
sobre-estimación de la capacidad funcional del individuo, pero
es un buen estimador de la necesidad de cuidados percibida por el
propio individuo.
2. La investigación de la realización real de tareas,
mediante preguntas del tipo ¿habitualmente usted realiza...?.
Se trata de una estimación más objetiva que la anterior,
pero se encuentra más parasitada por las influencias culturales
que hemos discutido hasta el momento, de modo que resulta de especial
importancia la consideración de los que hemos denominado "perfiles
de capacidad diferenciales" para extraer nuestras conclusiones.
Sin embargo, y dado que estos no pueden considerarse absolutamente
universales, pueden conducirnos a conclusiones erróneas en
algunos casos, en los que atribuiríamos a condicionantes sociales
no modificables una pérdida de capacidad real.
3. La investigación evolutiva. En este caso el ámbito
de estudio se refiere a la posible pérdida de capacidad para
la realización de aquellas tareas incluidas en el índice
que el sujeto realizaba habitualmente. Las preguntas se plantearían
mediante la fórmula ¿ha dejado usted de...?. De este
modo, al menos teóricamente, aislaríamos los factores
culturales de confusión no modificables para centrarnos en
la investigación de las causas de deterioro realmente susceptibles
de intervención.
Evidentemente, nosotros abogamos por la utilización de esta
última sistemática en el campo de la investigación
clínica. Sin embargo, se trata tan sólo de una hipótesis
que deberá ser confirmada.
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