Examen macroscópico del globo ocular enucleado

Dres. Juan Lillo*, David Andreu**
y Manuel Quintana*
Hospital de Bellvitge "Prínceps d'Espanya".
Hospitalet de Llobregat. Barcelona.
*Hospital de Badalona "Germans Trias ¡Pujol". Barcelona.



Introducción

El examen macroscópico del globo ocular es un paso imprescindible para efectuar un adecuado estudio histopatológico de dicho órgano. La importancia de este examen no radica sólo en la interpretación de los signos morfológicos apreciables sin la ayuda de instrumentos de gran ampliación óptica, sino que la orientación del globo y su sección deben ser realizados con precisión y delicadeza, con el objeto de no distorsionarlas estructuras íntraoculares. Con frecuencia, el patólogo no está familiarizado con este procedimiento, de modo que en el análisis de la pieza puede que no sean contemplados algunos detalles que complementarían el informe anatomopatológico final.

Lo anteriormente expuesto hace conveniente describir la técnica del examen macroscópico. Esta incluye todas las valoraciones y manipulaciones realizadas desde la enucleación del globo hasta su envío al laboratorio de Anatomía Patológica para efectuar los cortes y las tinciones necesarias. Todo ello facilita el trabajo del patólogo y le orienta al máximo sobre el objeto del examen y las estructuras oculares cuyo estudio debe realizarse con mayor detalle. Es fundamental conocer todos los datos clínicos y exploratorios de la historia previos a la enucleación.


Examen macroscópico previo al corte

Desde la enucleación hasta la sección del globo ocular se determinan una serie de pasos que enumeramos seguidamente:

1. Eliminación de los restos hemáticos
coagulados que puedan encontrarse en la superficie de la pieza.
De este modo, identificaremos con facilidad todos los músculos oculares extrínsecos para posteriormente efectuar una adecuada orientación del globo.

2. Inmersión inmediata del globo en una solución de formaldehído,
donde debe permanecer un tiempo mínimo de 24 horas antes de ser seccionado. El volumen de formaldehído debe ser al menos 10 veces superior al de la pieza a fijar.

3. Lavado de la pieza bajo agua corriente
previo a su examen macroscópico. Este debe prolongarse al menos durante una hora, con el objeto de eliminar la mayor parte del formaldehído. Una vez lavado, el globo se deposita en una cápsula de Petri con un nivel de agua, para realizar en este recipiente el resto del procedimiento.

4. Determinación de la lateralidad del globo ocular
que estamos examinando. Inicialmente se identifican los músculos oblicuo superior y oblicuo inferior. La inserción ocular del oblicuo superiores mucho más tendinosa y algo más alejada del nervio óptico que la del inferior. Sujetando la pieza de modo que la observemos desde su polo posterior, rotaremos el ojo para que la inserción del músculo oblicuo superior quede en la parte superior (Figura 1). Si tenemos en cuenta ambos oblicuos se dirigen desde el globo hacia la pared medial de la órbita, podremos determinar si el ojo estudiado es derecho o izquierdo. Tras esta primera manipulación anotaremos también su consistencia.


Figura 1. Imagen del polo posterior
del globo ocular sostenido con la
mano izquierda. La disposición de
los dos músculos oblicuos nos informa
de su lateralidad derecha. Nótese
también la salida de cuatro venas
vorticosas y la entrada de los nervios
y los vasos ciliares largos. Estos últimos
siguen los meridianos horizontales,
en su camino hacia el polo anterior.

Figura 2. Medición de los diámetros
oculares y corneales.

Figura 3. Transiluminación transcorneal.
A la izquierda se observa la luz emergiendo
a través del nervio óptico.


5. Localización del meridiano vertical superior y los dos meridianos horizontales. Para ello, valiéndonos igualmente de la posición de los músculos oblicuos, marcaremos con un rotulador indeleble sobre el limbo corneoescleral el meridiano de las 12 horas y los meridianos horizontales (3 y 9 horas). Estos dos últimos coinciden con el paso de los nervios y los vasos ciliares largos que discurren de modo visible en el espesor de la esclerótica.

6. Medición de los diámetros vertical, horizontal y anteroposterior
del globo ocular, utilizando preferentemente un pie de rey. Con ello se habrá determinado si sus dimensiones son o no normales. También se debe medir la longitud de la porción de nervio óptico que ha sido enucleada así como los diámetros vertical y horizontal de la córnea (Figura 2).

7. Exploración minuciosa de la superficie externa del globo
. En el informe deberán constar las características de la esclerótica. Hemos de determinar si ésta tiene una apariencia normal o si, por el contrario, observamos en ella áreas pigmentadas o estafilomatosas. En caso de que el motivo de la enucleación fuese la existencia de un tumor intraocular, intentaremos identificar las venas vorticosas para descartar una infiltración macroscópica. Toda esta observación se realiza con la ayuda de un microscopio de disección con un ocular de 7 aumentos.

8. Identificación de la procedencia del globo ocular,
determinada por la porción de conjuntiva presente en el ojo enucleado. En el caso de proceder de un cadáver, la conjuntiva será abundante. Cuando se trate de un ojo extraído de un paciente vivo, y con el objeto de asegurar una adecuada fijación y cobertura de la prótesis, el cirujano habrá efectuado una cuidada peritomía en los 360° (Figura 2).

9. Transiluminación del globo
(Figura 3), llevada a cabo a través de la córnea si el cristalino no está totalmente opacif¡cado, o a través de la esclerótica. Se rota el globo manteniendo la fuente de luz como eje y, si se observan zonas que no transiluminan, se marcan en la esclerótica con un rotulador. Hay que anotar las dimensiones de ese área oscura, midiendo sus diámetros mayor y menor.

10. Examen del segmento anterior
observando la presencia de incisiones de intervenciones quirúrgicas previas, el grado de opacificación corneal, las anomalías del iris así como la presencia o no de cristalino.

11.
Finalmente, sección de la porción de nervio óptico incluida en la pieza, sobre todo en ojos que hayan sido enucleados debido a la existencia de una tumoración intraocular. El patólogo realizará cortes seriados del nervio con el fin de descartar la extensión de la tumoración a través de dicha estructura.


Figura 4. Imagen de la primera sección
del globo desde el nervio óptico hacia la córnea.

Figura 5. Imagen de la segunda sección,
paralela a la anterior.

Figura 6. Representación del disco central
seccionado y los dos casquetes oculares restantes.

Figura 7. Imagen macroscópica de un globo ocular
seccionado conteniendo un tumor coroideo pigmentado
indicativo de melanoma de coroides. En el centro,
uno de los casquetes. A la izquierda, el disco central
que se incluirá en parafina para su estudio microscópico.



Corte y examen de la pieza

El globo ocular, sostenido con la mano izquierda, se secciona con una cuchilla de afeitar. Para ello, se orienta de tal manera que la córnea mire hacia abajo y se procede a realizar un corte vertical con la cuchilla dirigida por la mano derecha. Se realizan movimientos de vaivén hasta que se alcanza el extremo inferior, en contacto con la superficie de soporte (Figura 4). Mediante un segundo corte paralelo al primero, se obtiene un disco central de unos 8 mm de grosor. La colocación del globo plano sobre la superficie de corte permite que esta segunda sección sea más precisa (Figura 5).

Los planos de sección habitual se dirigen desde los márgenes del nervio óptico hasta la porción periférica de la córnea. Los cortes serán horizontales, aprovechando para ello las marcas realizadas sobre los meridianos de las 3 y las 9 horas. Así, en un mismo plano se podrán observar el disco óptico, la mácula, el resto de la retina y coroides, la pupila, y todas las estructuras del segmento anterior (Figura 6). Si ha sido detectada una lesión en uno de los pasos previos, deberá adecuarse la orientación del plano de tal manera que la lesión quede incluida en el disco seccionado. Por ejemplo en el caso de un ojo sometido a una intervención de cataratas la sección será vertical con el objeto de estudiar la incisión a nivel de las 12 horas. Si se trata de un tumor intraocular el disco será habitualmente oblicuo (Figura 7).

Frecuentemente, la consistencia dura del cristalino fijado con formaldehído hace que éste se desprenda al realizar el corte, de modo que no quedará incluido.

Seguidamente exploraremos el segmento anterior, detallando el grosor de la córnea, la existencia y profundidad de la cámara anterior, la configuración del ángulo camerular y las características macroscópicas del iris, el cuerpo ciliar y el cristalino.

En el segmento posterior del globo se observarán la coroides, el cuerpo vítreo, el disco óptico (coloración y grado de excavación), y la retina, que podrá estar aplicada o desprendida.

La presencia de una tumoración obliga a la descripción de su localización, tamaño, coloración, límites, consistencia, estructuras oculares invadidas, presencia de hemorragias o necrosis y posible extensión a través del nervio óptico o las venas vorticosas.

Finalmente, volveremos a depositar todos los cortes que hayamos realizado en la solución de formaldehído. En principio, el disco central y la porción de nervio óptico serán remitidos al patólogo para su inclusión en parafina y posterior estudio microscópico. Las restantes piezas se conservarán en formaldehído.

Todos los procedimientos y observaciones realizadas en este examen serán reflejadas en un informe que deberá acompañar a las piezas en su camino al laboratorio de Anatomía Patológica.



Bibliografía

1. Rosai, J.: Ackerman's surgical Patology. 7á edición. 11: 1886-1887.
2. Hogan, M.; Zimmerman, L.: Ophtalmic Pathology. An Atlas and Textbook. W.B. Saunders Company.

 

 



PRINCIPIO