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Al
describir históricamente un tema tan amplio, no sería
justo silenciar grandes personalidades oftalmológicas que fueron
directores del Dispensario-Servicio de Oftalmología del Hospital
de la Santa Cruz y San Pablo desde su fundación, ya fallecidas
y poco conocidas por nosotros. Por ello, haremos un resumen desde
su fundador, el Dr. José Ignacio Barraquer, hasta el Dr. Francisco
Bordás Salellas, a quien jubilaban cuando el autor del artículo
llegaba a San Pablo, en octubre-noviembre de 1954, insistiendo más
en la etapa del Dr. Rubió. Los servicios de los Dres. Burch
y Duch todavía no forman parte de nuestra historia oftalmológica.
El primer director fue el Dr. José Antonio Barraquer y Roviralta
(Figura 1), nacido en 1852 y fallecido en Barcelona en 1924.
En 1879 fue nombrado primer director de oftalmología del Hospital
de la Santa Cruz y lo dirigió hasta 1910, en que pidió
una excedencia. Presidió la Academia de Ciencias Médicas
de Cataluña y fue nombrado catedrático de la Facultad
de Medicina de Barcelona. Gran anatómico, histólogo
y con amplios conocimientos de música, fundó el Boletín
de la clínica oftalmológica del Hospital de la Santa
Cruz e ingresó en la Real Academia con el discurso "Anatomía
de la órbita y del seno cavernoso por medio de cortes seriados"
(1894).
El Dr. J. A. Barraquer no fue un autor muy prolijo, pero veamos algunas
de sus publicaciones: "La histeria"; "La conjuntivitis
flictenular"; "Cómo pierden la vista las personas
de edad"; "Casos clínicos comentados"; "Diagnóstico
y tratamiento de algunas enfermedades externas del aparato visual";
"Antes de dar un consejo"; "Lagrimeo"; "Signos
oculares y salvarsan"; "Oftalmia simpática";
"Tumores gomosos subcutáneos de la cara"; "Iritis
tuberculosa"; "Tratamiento del tracoma". Y también
sus grandes artículos sobre la cirugía de la catarata:
"Un procédé d'extreure douceur pour l'extraction
in toto de la caracte" (La Clinique Ophtalmologique);
"Quelques indicatives de la phacoérisis" (La Clinique
Ophtalmologique); "La extracción ideal de la catarata"
(Siglo Médico, 1917); "Sobre facoerisis" (Revue
Générale d'Ophtalmologie. Enero, 1923).
Parece ser que todas estas publicaciones fueron la semilla de su hijo
Ignacio, como más adelante estudiaremos, para describir magistralmente
la operación de catarata.
La historia dice que era una persona muy culta, estudiosa y un gran
músico. En conjunto, José Barraquer fue un maestro prodigioso,
poseía el don de la sencillez y de la claridad al exponer.
Figura
1. El Dr. José Antonio Barraquer Roviralta.

Figura
2. El Laboratorio de Histología
en el número 6 de la calle Portaferrissa.

Según "Pere Pons", tan conocido para muchos lectores
actuales, en sus lecciones clínicas resumía con cuatro
detalles lo principal de un proceso morboso, no se iba por las ramas
y llegaba recto y rápido como una flecha al objetivo diagnóstico.
Pensamos que este juicio tiene que ser muy exacto, pues procede de
un contemporáneo.
En la cirugía ocular se conoce con el nombre de Operación
Barraquer el trasplante de tejido graso de la pantorrilla al lugar
que ocupaba el ojo cuando había sido sacado de la órbita
(enucleación). Esta intervención se hace a fin de formar
un muñón que permita el movimiento del ojo protésico.
Creo que, por tratarse de un estudio para Annals d'Oftalmologia,
hay que insistir mucho en que el Dr. José A. Barraquer fue
uno de los fundadores de la Academia de Ciencias Médicas de
Cataluña y Baleares. Ésta nació de la fusión
con El Laboratorio, fundado por cinco estudiantes de medicina, dos
de los cuales, Cardenal y el historiado, habrían de ser dos
de las más ilustres figuras de la medicina catalana, y que
abrió sus puertas el 15 de enero de 1872 en el número
12 de la Riera Baixa, calle del casco antiguo de Barcelona
La finalidad de El Laboratorio era hacer vivisecciones y experimentos
de fisiología y terapéutica, para conocer experimentalmente
aquello que leían en obras de medicina extranjeras -principalmente,
Claude Bernard- y que en la Facultad de Medicina sólo eran
nombradas. El número de socios no podía pasar de veinte.
Dos hechos muy remarcados que parecen señalar su trascendencia
ocurrían con el nacimiento de El Laboratorio. Uno de ellos
es que este gesto creador y revolucionario fue iniciado por unos estudiantes
de los primeros cursos de Medicina como seria protesta ante la vacuidad
de la enseñanza oficial y se convirtió de entrada en
un acto constructivo. Se añade el otro hecho importante al
cabo de poco tiempo, y es que se sumaron a este grupo de estudiantes
las más fuertes personalidades médicas de aquel momento:
Giné y Partagás, catedrático de Anatomía,
y Bartomeu Robert, catedrático de Patología y uno de
los médicos más brillantes de Barcelona en aquellos
tiempos. El Dr. J. A. Barraquer dirigió la sección de
Histología. En ello se constata su gran afición por
las asignaturas básicas (Anatomía, Histología
y Anatomía Patológica) (Figura 3).
Figura
3. El Dr. J. A. Barraquer explicando
la anatomía del ojo (en catalán en la pizarra)
en el Laboratorio.

La
Academia de Ciencias Médicas fue el segundo germen de la actual
Academia. Entre los 71 socios fundadores había nombres ilustres:
Pi i Sunyer, Bonet i Amigó, Agustí Prio (pionero de
la radiología).
El 5 de abril de 1878 consta la fusión entre El Laboratorio
y la Academia de Ciencias Médicas. La fundación de la
Academia pone a los grandes médicos del momento en contacto
con sus colegas, los humaniza y establece entre unos y otros una corriente
de estímulo y una atmósfera de emulación. En
pocas palabras, se crea una escuela, y el Dr. Barraquer nunca estuvo
ausente de este fenómeno. Fue trasladada a la calle Portaferrissa,
6 en el año 1892. La proximidad del Hospital de la Santa Cruz
hacía más fácil el acceso de médicos y
estudiantes a la nueva sede.
Del Dr. José Presas Parellada, bisabuelo y abuelo de la actual
dinastía de Dres. Presas, sabemos que fue médico auxiliar
de la Clínica-Dispensario de la Santa Cruz con el Dr. J. l.
Barraquer, y director del Servicio de 1910 a 1924 (en el viejo Hospital
de la Santa Cruz). Por lo que respecta a su faceta de autor, hemos
encontrado en Anales de Ciencias Médicas de 1894 un
artículo sobre "Cauterización de la esclerótica
en el desprendimiento de la retina", artículo digno de
ser estudiado a fondo, pues ya se vislumbraba el tratamiento del desprendimiento
de retina, si tenías la suerte de que el desgarro estuviera
en la zona de cauterización.
Su hijo, el Dr. R. Presas Xirinachs, trabajó con Don Ignacio
como médico ayudante de su equipo durante muchos años
(junto con los Dres. Bordás, Rubió, Lloberas Camino
y Arnalot Sansa). Su tesis doctoral se tituló "Determinación
de la refracción ocular por medio de la skiascopia". Dominaba
la refracción, al igual que todos los oculistas de aquel tiempo
-y disponían de mejores refractámetros que los actualmente
en el mercado, ¡ en pleno auge de la computerización!
El Dr. Ignacio Barraquer i Barraquer (Figura 4) ya trabajó
en el actual San Pablo y su jefatura discurrió de 1928 a 1942.
Su figura oftalmológico-humana es tan conocida que no necesita
más comentario. Remitimos al lector al libro del Dr. Moreno
y a nuestro trabajo, accésit al premio "Jordi Casas",
en colaboración con el Dr. Rafael García Menacho. Mostramos
en las fotografías su faceta humana y sus ideas originales
sobre el erisifaco y el quirófano expresamente diseñado
por él, donde trabajó quirúrgicamente en San
Pablo.
El Dr. Francisco Bordás Salellas (Figura 5) ocupó
la dirección en dos fechas separadas, sin que yo conozca el
motivo de ello. Su jefatura abarcó de 1924 a 1953. Lo conocí
cuando fue jubilado de su cargo de director del Servicio en 1953-1954.
Figura
4. El Dr. Ignacio Barraquer Barraquer
con el cardenal Vidal Barraquer.

Figura
5. Dr. Francisco Bordás Salellas.

El Dr. Francisco Bordás nació en la Plaça del
Vi de Gerona el 16 de septiembre de 1883. Fue doctorado en Madrid
con su "Estudio del desarrollo de la miopía escolar en
1906" e ingresó en la Real Academia de Medicina con el
discurso "Estampas de la oftalmología barcelonesa en los
primeros años del siglo XX (1900-1905)", que explicaba
magistralmente la oftalmología de aquel tiempo. Presidió
la Academia Catalana de Oftalmología (1951).
Mantuvo una gran amistad con el Dr. Foroni de Génova, quien
le enseñó sus técnicas de glaucoma, que eran
discutidas por el Dr. Bordás. Fue un gran viajero, muy aficionado
a la industria del automóvil y al excursionismo y amante de
la montaña (se desplazaba a Espot cada verano). Le gustaba
la música de Wagner y era médico oficial del Liceo.
Yendo hacia su trabajo tuvo un "tropiezo tonto" y murió
en Barcelona de una hemorragia cerebral tardía subaracno¡dea
traumática. Durante toda su vida profesional tuvo una consulta
privada muy acreditada. Dejó dos sobrinos en la vida oftalmológica:
los Dres. E. Mateu Bordás y F. Duch Bordás. Hay que
destacar que muchos médicos que trabajaron con él continuaron
con el Dr. Juan Rub¡ó. Dirigió también
el consultorio de Santa Madrona con gran éxito profesional.
El Dr. Juan Rubió Sans (Figura 6), "Don Juan",
como le llamaba todo el mundo en el Servicio, fue discípulo
predilecto de D. Ignacio Barraquer, y en sus conversaciones se reflejaba
siempre gran admiración y cariño po rél. Don
Juan era un gran catalanista y del Barça rabioso. Muy trabajador,
atendía el Servicio con un equipo de gente adulta y tres o
cuatro médicos jóvenes que empezaban la especialidad
(Dres. Rubió Carlos, Alvaro Vilaplana, J. Camins Ribera, Enrique
Mateu Bordás, Boixadera, que pasó a la Medicina Interna,
y el autor del trabajo). Entonces los hospitales no eran como ahora,
no tan tecnificados ni superespecializados, ni tampoco tenían
la clientela de ahora (a pesar de que nunca faltó trabajo ni
enfermos), ni se permitía a los jóvenes trabajar como
lo hacen actualmente (concretamente, operar y seguir un programa de
oftalmología).
Figura
6. Dr. Juan Rubió Sans.

Figura
7. El célebre erisifaco del
Dr. Ignacio Barraquer.

Figura
8 .Año 1892, el Dr. A. Esquerdo
habla a la Académia en sus inicios

Don Juan Rubió era de los pocos a los que D. Ignacio Barraquer
había dejado operar "algo" y hacía perfectamente
lo que él había visto en su juventud. Operaba los jueves
el polo anterior (cataratas y glaucoma) y los martes y sábados
en el otro quirófano de las afecciones externas de la especialidad.
Era ambidextro, cosa que hoy en día es "historia oftalmológica".
Dominaba la ventosa muy hábilmente, la anestesia, la mayoría
de las veces, se la hacía él mismo personalmente, cosa
que había hecho en infinidad de ocasiones con su antiguo jefe.
Por cierto que la paternidad de la anestesia retroocular y aquinesia
del orbicular se atribuía a Don Juan.
Los lunes, miércoles y viernes hacía la visita externa.
De las 30-35 visitas que había (sin niguna cita previa) todas
pasaban por sus manos haciendo un poco de historia clínica,
hablando siempre en catalán aunque fuese contestado en castellano,
y eran enviadas a los diferentes médicos adultos del Servicio,
que por aquel entonces no tenían ni secciones ni departamentos,
aunque ya se vislumbraban los diferentes compartimentos. El Dr. Juan
se apoyaba en cuatro médicos muy competentes: el Dr. Ignacio
Arnalot Sansa, el Dr. Juan Lloberas Camino, el Dr. Manuel de Burch
Barraquer (que después de unos años ganó la jefatura)
y el Dr. J. Dalmau Jover (los dos últimos felizmente entre
nosotros). Éstos llevaron el peso durante la jefatura del Dr.
Rubió Sans, ayudados por una serie de médicos jóvenes
que ya hemos citado anteriormente.
Fue miembro de la junta consultiva del Instituto Barraquer y colaboró
en Medicina Ibérica y Anales del Hospital, donde publicó
un artículo muy interesante sobre el electroimán, que
producía muchos accidentes laborales.
El Dr. Rubió celebró cada año, durante todo el
tiempo de su jefatura, la fiesta de Santa Lucía, que servía
de relax y de convivencia para todos los miembros del Servicio. Era
un hombre de corazón, y aunque a veces lanzaba algún
que otro exabrupto siempre predominaba su gran bondad. Recuerdo que
el pueblo de Almacellas (Segrià) le dedicó una calle
por el servicio prestado a sus habitantes con una fiesta exultante
de simpatía.
Durante una temporada de su vida hospitalaria, con el dermatólogo
Dr. Poblet y el articulista, iba al antiguo y desaparecido Hospital
de Sant Llàtzer (actualmente Clínica Stauros). Allí,
tratamos muchos leprosos. Esto le sirvió para presentar, junto
con el profesor J. Casanovas y el cronista de este artículo,
una comunicación que fue publicada en los Anales de la Sociedad
Hispanoamericana: "Aspectos clínicos de la lepra ocular'
(Congreso de Canarias en 1965).
El Dr. J. Rubió fue jubilado en junio de 1965 y falleció
el 17 de junio 1969, de un accidente vascular agudo, en el Colegio
de Médicos de Barcelona.
Dedicamos ahora unas palabras y un recuerdo emotivo a los médicos
que ayudaban al Dr. Rubio: el Dr. l. Arnalot, hijo de Cal Tort, nació
en Alós de Isil. Era un enamorado de todo lo montañero
y ex-seminarista (porque el pequeño de la casa siempre debía
hacerse sacerdote). El Dr. Arnalot era un solterón empedernido.
Operaba muy correctamente la catarata, aunque no quería ser
nunca fiscalizado con tiempo y horario. Sabía moverse muy bien
y tenía mucha relación con toda la familia oftalmológica
de aquel tiempo. A todos los jóvenes nos daba algún
trabajo para hacer (La Equitativa, La Alianza, SOE). Guió en
sus primeros pasos a muchos oftalmólogos y, especialmente,
al Dr. J. A. Bové Ribas, que trabajó con nosotros durante
años en San Pablo.
El Dr. Lloberas Camino, que también fue discípulo predilecto
de Don Ignacio y trabajó algún tiempo con el Dr. Juan
Rubió Sans, era meticuloso y limpio con todo, desde hacer la
campimetría manual hasta el vestirse para ir al quirófano,
así como en cuidarse de su coche BMW, que no era desgraciadamente
tan normal como ahora. Ya se veía que el Dr. Lloberas, con
su preparación oftalmo-neurológica, iría por
otro rumbo, y cambió y ganó la plaza de jefe de Servicio
de Oftalmología del Instituto Neurológico, pasando a
ser el consultor de este centro (donde trabajaban grandes especialistas
afines a la oftalmología: el Dr. E. Tolosa Colomer, como neurocirujano,
y el Dr. Azoy, como otólogo). Fue sustituido por su hijo, el
Dr. J. Lloberas Ferré, primer subdirector de San Pablo que
conozco con nombramiento oficial y que trabajó muchos años
en el Servicio con gran provecho. Fue un gran oftalmoscopista e introdujo
la retinografía en el Servicio (Khran).
Recuerdo también al Dr. Gerardo Giménez Andreu, que
ya fue alumno interno durante la jefatura de Don Ignacio Barraquer.
Venía poco porque siempre tuvo la necesidad imperiosa de trabajar,
pero demostraba una gran talla en la operación de cataratas
con extracción intra y erisifaco, que vio practicar al Dr.
Ignacio cuando era casi una criatura y del cual aprendió.
No quiero tampoco silenciar de ninguna manera la obra del Dr. Manuel
de Cala Romeu, todo un caballero dentro y fuera del Hospital, que
atendía su dispensario muy correctamente tres días a
la semana y operaba alguna catarata en el Hospital y la Residencia
Francisco Franco, como jefe del equipo de aquel tiempo. Era gran persona
y educado al límite, muy limpio con la cirugía y también
en el trato que tenía con los jóvenes que iban por allí.
Durante el tiempo que tuvo la jefatura del Servicio el Dr. J. Rubió
le dio un aspecto más científico, reñido con
el antiguo estilo de San Pablo (grandes especialistas en la práctica
diaria de la "labor asistencial" pero sin demasiada "ciencia")
y organizó unos cursos de formación oftalmológica
por los que pasó gente muy preparada en aquellos momentos en
la especialidad o especialidades afines (endocrinología, oncología,
cirugía plástica etc.; Dr. Vilaclara, Prof. Guilera,
Dr. Gabarró). Conocí en su servicio al abuelo Presas,
Dr. Presas Xirinachs, ya estudiado anteriormente, y al gran y activo
Dr. A. Vilacoro, que tanto trabajaba con las lecciones de anatomía,
que él dominaba, o explicando la cirugía, que practicaba
magistralmente. También vinieron a dichos cursos los dos grandes
"reyes del traumatismo ocular", Dres. Sellas y Parrizas.
El primero, con su gran consultorio de la Ronda de San Pedro, con
su "gorro quirúrgico", paseando por su pasillo, viendo
a multitud de enfermos, todos traumáticos. En las conferencias
que nos dictaba nunca había una lección magistral, sino
que empezaba con "En el caso que vi hace tiempo..." y terminaba
explicando la simulación "del otro enfermo" que a
veces le costaba horas descubrir. Era un trabajador nato, fundador
de varias Juntas de la conocida Mutual Médica y uno de los
iniciadores del Sindicato Médico de Cataluña, pionero
del sindicalismo médico que yo no conocí. Con el segundo,
el Dr. M. Parrizas, trabajé algunos años en su consultorio
privado. Con su ceceo característico y ameno nos explicaba
la lección sobre la simulación del "por el síntoma
de la lesión, sus localizaciones y causas" o el test de
Thiboude. Conocí su obra como secretario de la Junta del Colegio
de Médicos de Barcelona (en los años extraordinariamente
difíciles de la postguerra española). Iba para catedrático
de anatomía y murió en Barcelona.
Recuerdo también al gran y querido Dr. Gabriel Pérez
Bufill, vicepresidente de la Sociedad Catalana en 1965, que lo mismo
nos obsequiaba con una charla sobre blastoestimulina como nos recitaba
el Tenorio mucho mejor que Alejandro Ulloa.
Muerto el Dr. Rubió, ganó la plaza el Dr. Manuel Burch
Barraquer, que ya había trabajado en el Servicio del Dr. Bordás
y el Dr. Rubió, y la ganó sin discusión (entonces
en San Pablo todos los médicos elegían mediante voto
secreto al posible director). Llegó a la presidencia de la
Sociedad Catalana en 1965 y fue profesor de la Universidad Autónoma
de Barcelona.
Solamente añadiré un comentario sobre personas ya fallecidas
que trabajaron en el Servicio:
El Dr. García Gonzalo, que fue interno durante el tiempo de
servicio de D. Ignacio Barraquer y dejó la oftalmología
por la medicina interna. Hacía todas las exploraciones previas
generales de los enfermos que iban al quirófano con pulcritud
y puede que con menos pruebas que las que hoy se piden sistemáticamente.
Siempre sabía indicar la necesidad o no de operación.
Médico de confianza "de antes de la guerra", el Dr.
Eugenio de Legorburu Callizo, muerto prematuramente a los 40 años,
era aplicado y muy meticuloso cuando hacía refracciones. Introdujo
la cámara fotográfica y la máquina de filmación
en el Servicio (prácticamente toda la biblioteca de cine la
había hecho él). Fue amigo de todos y yo, personalmente,
sentí mucho su muerte.
El Dr. Burch continuó en el Servicio explicando siempre su
tema preferido: el ojo lloroso y la manera de solucionarse. Al empezar
el cambio hospitalario y al querer apretar a la gente con horarios,
el Dr. Burch pidió su cese y ganó la plaza por concurso
libre y público el Dr. Duch Bordás (julio de 1977).
El Servicio del Dr. Francisco Duch Bordás es actual y aún
no es historia, pero me creo en la obligación de hacer unos
pequeños comentarios. Cuatro hechos los considero fundamentales:
la reestructuración total del Servicio, con la división
en diferentes secciones de una manera definitiva (Departamento Básico,
Córnea, Glaucoma, Estrabismo, Fluor y Láser, y Retina);
la entrada de la mujer en la labor asistencial médico-quirúrgica;
la llegada de "savia joven" al Servicio, médicos
asistentes de la comunidad y del extranjero y médicos del programa
MIR, que han venido a estudiar y a progresar en su formación
oftalmológica; todo ello ligado a la obtención por el
Dr. Duch de la titularidad en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Pero siempre hay notas tristes, a pesar de ver estos horizontes alegres
en el Servicio actual. Hubo una gran pérdida y una gran tristeza
en 1990: se nos fue la Dra. Gabriela Marieges Jubany, Gabi, de gran
estirpe oftalmológica. Vino al Servicio en plena juventud para
hacerse una "buena oculista". No logró su cúspide
oftalmológica, pero sí dejó un recuerdo imborrable
de su tesón, trabajo y bondad. Dice Torras i Bages que "morir
joven es privilegio doloroso de los electos". Gabi dejó
huella en el Servicio.
Bibliografía

1.
Menacho R., Nadal, J.M. "Les quatre pedres angulars de l'oftalmologia
contemporània barcelonina" Accésit-premio "Jordi
Casas" de la Fundación Vives Casajuana. 1976
2. Dosset, Nubiola. Hospital de la Santa Cruz y San Pablo. El Servicio
de Oftalmología del profesor I. Barraquer. Facoerisis. Libro
homenajea¡ Prof. Barraquer. Barcelona. 1952
3. "Cursos de formación oftalmológica" Ecos
oftalmológicos. 1955-1957
4. Nadal Abella,J. Vivencias personales desde 1954-1991 (no publicado).
5. Fernández Victorio, F. El Dispensario Oftalmológico
del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona. 1905
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