Historia del Dispensario-Servicio de Oftalmología del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo desde 1879 hasta 1991

Dr. J. Má. Nadal Abella
Hospital de San Pablo. Barcelona.
Sant Antoni M. Claret 167
08025 Barcelona


Al describir históricamente un tema tan amplio, no sería justo silenciar grandes personalidades oftalmológicas que fueron directores del Dispensario-Servicio de Oftalmología del Hospital de la Santa Cruz y San Pablo desde su fundación, ya fallecidas y poco conocidas por nosotros. Por ello, haremos un resumen desde su fundador, el Dr. José Ignacio Barraquer, hasta el Dr. Francisco Bordás Salellas, a quien jubilaban cuando el autor del artículo llegaba a San Pablo, en octubre-noviembre de 1954, insistiendo más en la etapa del Dr. Rubió. Los servicios de los Dres. Burch y Duch todavía no forman parte de nuestra historia oftalmológica.

El primer director fue el Dr. José Antonio Barraquer y Roviralta (Figura 1), nacido en 1852 y fallecido en Barcelona en 1924. En 1879 fue nombrado primer director de oftalmología del Hospital de la Santa Cruz y lo dirigió hasta 1910, en que pidió una excedencia. Presidió la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y fue nombrado catedrático de la Facultad de Medicina de Barcelona. Gran anatómico, histólogo y con amplios conocimientos de música, fundó el Boletín de la clínica oftalmológica del Hospital de la Santa Cruz e ingresó en la Real Academia con el discurso "Anatomía de la órbita y del seno cavernoso por medio de cortes seriados" (1894).

El Dr. J. A. Barraquer no fue un autor muy prolijo, pero veamos algunas de sus publicaciones: "La histeria"; "La conjuntivitis flictenular"; "Cómo pierden la vista las personas de edad"; "Casos clínicos comentados"; "Diagnóstico y tratamiento de algunas enfermedades externas del aparato visual"; "Antes de dar un consejo"; "Lagrimeo"; "Signos oculares y salvarsan"; "Oftalmia simpática"; "Tumores gomosos subcutáneos de la cara"; "Iritis tuberculosa"; "Tratamiento del tracoma". Y también sus grandes artículos sobre la cirugía de la catarata: "Un procédé d'extreure douceur pour l'extraction in toto de la caracte" (La Clinique Ophtalmologique); "Quelques indicatives de la phacoérisis" (La Clinique Ophtalmologique); "La extracción ideal de la catarata" (Siglo Médico, 1917); "Sobre facoerisis" (Revue Générale d'Ophtalmologie. Enero, 1923).

Parece ser que todas estas publicaciones fueron la semilla de su hijo Ignacio, como más adelante estudiaremos, para describir magistralmente la operación de catarata.

La historia dice que era una persona muy culta, estudiosa y un gran músico. En conjunto, José Barraquer fue un maestro prodigioso, poseía el don de la sencillez y de la claridad al exponer.

Figura 1. El Dr. José Antonio Barraquer Roviralta.

Figura 2. El Laboratorio de Histología
en el número 6 de la calle Portaferrissa.


Según "Pere Pons", tan conocido para muchos lectores actuales, en sus lecciones clínicas resumía con cuatro detalles lo principal de un proceso morboso, no se iba por las ramas y llegaba recto y rápido como una flecha al objetivo diagnóstico. Pensamos que este juicio tiene que ser muy exacto, pues procede de un contemporáneo.

En la cirugía ocular se conoce con el nombre de Operación Barraquer el trasplante de tejido graso de la pantorrilla al lugar que ocupaba el ojo cuando había sido sacado de la órbita (enucleación). Esta intervención se hace a fin de formar un muñón que permita el movimiento del ojo protésico.

Creo que, por tratarse de un estudio para Annals d'Oftalmologia, hay que insistir mucho en que el Dr. José A. Barraquer fue uno de los fundadores de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares. Ésta nació de la fusión con El Laboratorio, fundado por cinco estudiantes de medicina, dos de los cuales, Cardenal y el historiado, habrían de ser dos de las más ilustres figuras de la medicina catalana, y que abrió sus puertas el 15 de enero de 1872 en el número 12 de la Riera Baixa, calle del casco antiguo de Barcelona

La finalidad de El Laboratorio era hacer vivisecciones y experimentos de fisiología y terapéutica, para conocer experimentalmente aquello que leían en obras de medicina extranjeras -principalmente, Claude Bernard- y que en la Facultad de Medicina sólo eran nombradas. El número de socios no podía pasar de veinte.

Dos hechos muy remarcados que parecen señalar su trascendencia ocurrían con el nacimiento de El Laboratorio. Uno de ellos es que este gesto creador y revolucionario fue iniciado por unos estudiantes de los primeros cursos de Medicina como seria protesta ante la vacuidad de la enseñanza oficial y se convirtió de entrada en un acto constructivo. Se añade el otro hecho importante al cabo de poco tiempo, y es que se sumaron a este grupo de estudiantes las más fuertes personalidades médicas de aquel momento: Giné y Partagás, catedrático de Anatomía, y Bartomeu Robert, catedrático de Patología y uno de los médicos más brillantes de Barcelona en aquellos tiempos. El Dr. J. A. Barraquer dirigió la sección de Histología. En ello se constata su gran afición por las asignaturas básicas (Anatomía, Histología y Anatomía Patológica) (Figura 3).

Figura 3. El Dr. J. A. Barraquer explicando
la anatomía del ojo (en catalán en la pizarra)
en el Laboratorio.

La Academia de Ciencias Médicas fue el segundo germen de la actual Academia. Entre los 71 socios fundadores había nombres ilustres: Pi i Sunyer, Bonet i Amigó, Agustí Prio (pionero de la radiología).

El 5 de abril de 1878 consta la fusión entre El Laboratorio y la Academia de Ciencias Médicas. La fundación de la Academia pone a los grandes médicos del momento en contacto con sus colegas, los humaniza y establece entre unos y otros una corriente de estímulo y una atmósfera de emulación. En pocas palabras, se crea una escuela, y el Dr. Barraquer nunca estuvo ausente de este fenómeno. Fue trasladada a la calle Portaferrissa, 6 en el año 1892. La proximidad del Hospital de la Santa Cruz hacía más fácil el acceso de médicos y estudiantes a la nueva sede.

Del Dr. José Presas Parellada, bisabuelo y abuelo de la actual dinastía de Dres. Presas, sabemos que fue médico auxiliar de la Clínica-Dispensario de la Santa Cruz con el Dr. J. l. Barraquer, y director del Servicio de 1910 a 1924 (en el viejo Hospital de la Santa Cruz). Por lo que respecta a su faceta de autor, hemos encontrado en Anales de Ciencias Médicas de 1894 un artículo sobre "Cauterización de la esclerótica en el desprendimiento de la retina", artículo digno de ser estudiado a fondo, pues ya se vislumbraba el tratamiento del desprendimiento de retina, si tenías la suerte de que el desgarro estuviera en la zona de cauterización.

Su hijo, el Dr. R. Presas Xirinachs, trabajó con Don Ignacio como médico ayudante de su equipo durante muchos años (junto con los Dres. Bordás, Rubió, Lloberas Camino y Arnalot Sansa). Su tesis doctoral se tituló "Determinación de la refracción ocular por medio de la skiascopia". Dominaba la refracción, al igual que todos los oculistas de aquel tiempo -y disponían de mejores refractámetros que los actualmente en el mercado, ¡ en pleno auge de la computerización!

El Dr. Ignacio Barraquer i Barraquer (Figura 4) ya trabajó en el actual San Pablo y su jefatura discurrió de 1928 a 1942. Su figura oftalmológico-humana es tan conocida que no necesita más comentario. Remitimos al lector al libro del Dr. Moreno y a nuestro trabajo, accésit al premio "Jordi Casas", en colaboración con el Dr. Rafael García Menacho. Mostramos en las fotografías su faceta humana y sus ideas originales sobre el erisifaco y el quirófano expresamente diseñado por él, donde trabajó quirúrgicamente en San Pablo.

El Dr. Francisco Bordás Salellas (Figura 5) ocupó la dirección en dos fechas separadas, sin que yo conozca el motivo de ello. Su jefatura abarcó de 1924 a 1953. Lo conocí cuando fue jubilado de su cargo de director del Servicio en 1953-1954.

Figura 4. El Dr. Ignacio Barraquer Barraquer
con el cardenal Vidal Barraquer.

Figura 5. Dr. Francisco Bordás Salellas.


El Dr. Francisco Bordás nació en la Plaça del Vi de Gerona el 16 de septiembre de 1883. Fue doctorado en Madrid con su "Estudio del desarrollo de la miopía escolar en 1906" e ingresó en la Real Academia de Medicina con el discurso "Estampas de la oftalmología barcelonesa en los primeros años del siglo XX (1900-1905)", que explicaba magistralmente la oftalmología de aquel tiempo. Presidió la Academia Catalana de Oftalmología (1951).

Mantuvo una gran amistad con el Dr. Foroni de Génova, quien le enseñó sus técnicas de glaucoma, que eran discutidas por el Dr. Bordás. Fue un gran viajero, muy aficionado a la industria del automóvil y al excursionismo y amante de la montaña (se desplazaba a Espot cada verano). Le gustaba la música de Wagner y era médico oficial del Liceo. Yendo hacia su trabajo tuvo un "tropiezo tonto" y murió en Barcelona de una hemorragia cerebral tardía subaracno¡dea traumática. Durante toda su vida profesional tuvo una consulta privada muy acreditada. Dejó dos sobrinos en la vida oftalmológica: los Dres. E. Mateu Bordás y F. Duch Bordás. Hay que destacar que muchos médicos que trabajaron con él continuaron con el Dr. Juan Rub¡ó. Dirigió también el consultorio de Santa Madrona con gran éxito profesional.

El Dr. Juan Rubió Sans (Figura 6), "Don Juan", como le llamaba todo el mundo en el Servicio, fue discípulo predilecto de D. Ignacio Barraquer, y en sus conversaciones se reflejaba siempre gran admiración y cariño po rél. Don Juan era un gran catalanista y del Barça rabioso. Muy trabajador, atendía el Servicio con un equipo de gente adulta y tres o cuatro médicos jóvenes que empezaban la especialidad (Dres. Rubió Carlos, Alvaro Vilaplana, J. Camins Ribera, Enrique Mateu Bordás, Boixadera, que pasó a la Medicina Interna, y el autor del trabajo). Entonces los hospitales no eran como ahora, no tan tecnificados ni superespecializados, ni tampoco tenían la clientela de ahora (a pesar de que nunca faltó trabajo ni enfermos), ni se permitía a los jóvenes trabajar como lo hacen actualmente (concretamente, operar y seguir un programa de oftalmología).

Figura 6. Dr. Juan Rubió Sans.

Figura 7. El célebre erisifaco del
Dr. Ignacio Barraquer.

Figura 8 .Año 1892, el Dr. A. Esquerdo
habla a la Académia en sus inicios


Don Juan Rubió era de los pocos a los que D. Ignacio Barraquer había dejado operar "algo" y hacía perfectamente lo que él había visto en su juventud. Operaba los jueves el polo anterior (cataratas y glaucoma) y los martes y sábados en el otro quirófano de las afecciones externas de la especialidad. Era ambidextro, cosa que hoy en día es "historia oftalmológica". Dominaba la ventosa muy hábilmente, la anestesia, la mayoría de las veces, se la hacía él mismo personalmente, cosa que había hecho en infinidad de ocasiones con su antiguo jefe. Por cierto que la paternidad de la anestesia retroocular y aquinesia del orbicular se atribuía a Don Juan.

Los lunes, miércoles y viernes hacía la visita externa. De las 30-35 visitas que había (sin niguna cita previa) todas pasaban por sus manos haciendo un poco de historia clínica, hablando siempre en catalán aunque fuese contestado en castellano, y eran enviadas a los diferentes médicos adultos del Servicio, que por aquel entonces no tenían ni secciones ni departamentos, aunque ya se vislumbraban los diferentes compartimentos. El Dr. Juan se apoyaba en cuatro médicos muy competentes: el Dr. Ignacio Arnalot Sansa, el Dr. Juan Lloberas Camino, el Dr. Manuel de Burch Barraquer (que después de unos años ganó la jefatura) y el Dr. J. Dalmau Jover (los dos últimos felizmente entre nosotros). Éstos llevaron el peso durante la jefatura del Dr. Rubió Sans, ayudados por una serie de médicos jóvenes que ya hemos citado anteriormente.

Fue miembro de la junta consultiva del Instituto Barraquer y colaboró en Medicina Ibérica y Anales del Hospital, donde publicó un artículo muy interesante sobre el electroimán, que producía muchos accidentes laborales.

El Dr. Rubió celebró cada año, durante todo el tiempo de su jefatura, la fiesta de Santa Lucía, que servía de relax y de convivencia para todos los miembros del Servicio. Era un hombre de corazón, y aunque a veces lanzaba algún que otro exabrupto siempre predominaba su gran bondad. Recuerdo que el pueblo de Almacellas (Segrià) le dedicó una calle por el servicio prestado a sus habitantes con una fiesta exultante de simpatía.

Durante una temporada de su vida hospitalaria, con el dermatólogo Dr. Poblet y el articulista, iba al antiguo y desaparecido Hospital de Sant Llàtzer (actualmente Clínica Stauros). Allí, tratamos muchos leprosos. Esto le sirvió para presentar, junto con el profesor J. Casanovas y el cronista de este artículo, una comunicación que fue publicada en los Anales de la Sociedad Hispanoamericana: "Aspectos clínicos de la lepra ocular' (Congreso de Canarias en 1965).

El Dr. J. Rubió fue jubilado en junio de 1965 y falleció el 17 de junio 1969, de un accidente vascular agudo, en el Colegio de Médicos de Barcelona.

Dedicamos ahora unas palabras y un recuerdo emotivo a los médicos que ayudaban al Dr. Rubio: el Dr. l. Arnalot, hijo de Cal Tort, nació en Alós de Isil. Era un enamorado de todo lo montañero y ex-seminarista (porque el pequeño de la casa siempre debía hacerse sacerdote). El Dr. Arnalot era un solterón empedernido. Operaba muy correctamente la catarata, aunque no quería ser nunca fiscalizado con tiempo y horario. Sabía moverse muy bien y tenía mucha relación con toda la familia oftalmológica de aquel tiempo. A todos los jóvenes nos daba algún trabajo para hacer (La Equitativa, La Alianza, SOE). Guió en sus primeros pasos a muchos oftalmólogos y, especialmente, al Dr. J. A. Bové Ribas, que trabajó con nosotros durante años en San Pablo.

El Dr. Lloberas Camino, que también fue discípulo predilecto de Don Ignacio y trabajó algún tiempo con el Dr. Juan Rubió Sans, era meticuloso y limpio con todo, desde hacer la campimetría manual hasta el vestirse para ir al quirófano, así como en cuidarse de su coche BMW, que no era desgraciadamente tan normal como ahora. Ya se veía que el Dr. Lloberas, con su preparación oftalmo-neurológica, iría por otro rumbo, y cambió y ganó la plaza de jefe de Servicio de Oftalmología del Instituto Neurológico, pasando a ser el consultor de este centro (donde trabajaban grandes especialistas afines a la oftalmología: el Dr. E. Tolosa Colomer, como neurocirujano, y el Dr. Azoy, como otólogo). Fue sustituido por su hijo, el Dr. J. Lloberas Ferré, primer subdirector de San Pablo que conozco con nombramiento oficial y que trabajó muchos años en el Servicio con gran provecho. Fue un gran oftalmoscopista e introdujo la retinografía en el Servicio (Khran).

Recuerdo también al Dr. Gerardo Giménez Andreu, que ya fue alumno interno durante la jefatura de Don Ignacio Barraquer. Venía poco porque siempre tuvo la necesidad imperiosa de trabajar, pero demostraba una gran talla en la operación de cataratas con extracción intra y erisifaco, que vio practicar al Dr. Ignacio cuando era casi una criatura y del cual aprendió.

No quiero tampoco silenciar de ninguna manera la obra del Dr. Manuel de Cala Romeu, todo un caballero dentro y fuera del Hospital, que atendía su dispensario muy correctamente tres días a la semana y operaba alguna catarata en el Hospital y la Residencia Francisco Franco, como jefe del equipo de aquel tiempo. Era gran persona y educado al límite, muy limpio con la cirugía y también en el trato que tenía con los jóvenes que iban por allí.

Durante el tiempo que tuvo la jefatura del Servicio el Dr. J. Rubió le dio un aspecto más científico, reñido con el antiguo estilo de San Pablo (grandes especialistas en la práctica diaria de la "labor asistencial" pero sin demasiada "ciencia") y organizó unos cursos de formación oftalmológica por los que pasó gente muy preparada en aquellos momentos en la especialidad o especialidades afines (endocrinología, oncología, cirugía plástica etc.; Dr. Vilaclara, Prof. Guilera, Dr. Gabarró). Conocí en su servicio al abuelo Presas, Dr. Presas Xirinachs, ya estudiado anteriormente, y al gran y activo Dr. A. Vilacoro, que tanto trabajaba con las lecciones de anatomía, que él dominaba, o explicando la cirugía, que practicaba magistralmente. También vinieron a dichos cursos los dos grandes "reyes del traumatismo ocular", Dres. Sellas y Parrizas. El primero, con su gran consultorio de la Ronda de San Pedro, con su "gorro quirúrgico", paseando por su pasillo, viendo a multitud de enfermos, todos traumáticos. En las conferencias que nos dictaba nunca había una lección magistral, sino que empezaba con "En el caso que vi hace tiempo..." y terminaba explicando la simulación "del otro enfermo" que a veces le costaba horas descubrir. Era un trabajador nato, fundador de varias Juntas de la conocida Mutual Médica y uno de los iniciadores del Sindicato Médico de Cataluña, pionero del sindicalismo médico que yo no conocí. Con el segundo, el Dr. M. Parrizas, trabajé algunos años en su consultorio privado. Con su ceceo característico y ameno nos explicaba la lección sobre la simulación del "por el síntoma de la lesión, sus localizaciones y causas" o el test de Thiboude. Conocí su obra como secretario de la Junta del Colegio de Médicos de Barcelona (en los años extraordinariamente difíciles de la postguerra española). Iba para catedrático de anatomía y murió en Barcelona.

Recuerdo también al gran y querido Dr. Gabriel Pérez Bufill, vicepresidente de la Sociedad Catalana en 1965, que lo mismo nos obsequiaba con una charla sobre blastoestimulina como nos recitaba el Tenorio mucho mejor que Alejandro Ulloa.

Muerto el Dr. Rubió, ganó la plaza el Dr. Manuel Burch Barraquer, que ya había trabajado en el Servicio del Dr. Bordás y el Dr. Rubió, y la ganó sin discusión (entonces en San Pablo todos los médicos elegían mediante voto secreto al posible director). Llegó a la presidencia de la Sociedad Catalana en 1965 y fue profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Solamente añadiré un comentario sobre personas ya fallecidas que trabajaron en el Servicio:

El Dr. García Gonzalo, que fue interno durante el tiempo de servicio de D. Ignacio Barraquer y dejó la oftalmología por la medicina interna. Hacía todas las exploraciones previas generales de los enfermos que iban al quirófano con pulcritud y puede que con menos pruebas que las que hoy se piden sistemáticamente. Siempre sabía indicar la necesidad o no de operación.

Médico de confianza "de antes de la guerra", el Dr. Eugenio de Legorburu Callizo, muerto prematuramente a los 40 años, era aplicado y muy meticuloso cuando hacía refracciones. Introdujo la cámara fotográfica y la máquina de filmación en el Servicio (prácticamente toda la biblioteca de cine la había hecho él). Fue amigo de todos y yo, personalmente, sentí mucho su muerte.

El Dr. Burch continuó en el Servicio explicando siempre su tema preferido: el ojo lloroso y la manera de solucionarse. Al empezar el cambio hospitalario y al querer apretar a la gente con horarios, el Dr. Burch pidió su cese y ganó la plaza por concurso libre y público el Dr. Duch Bordás (julio de 1977).

El Servicio del Dr. Francisco Duch Bordás es actual y aún no es historia, pero me creo en la obligación de hacer unos pequeños comentarios. Cuatro hechos los considero fundamentales: la reestructuración total del Servicio, con la división en diferentes secciones de una manera definitiva (Departamento Básico, Córnea, Glaucoma, Estrabismo, Fluor y Láser, y Retina); la entrada de la mujer en la labor asistencial médico-quirúrgica; la llegada de "savia joven" al Servicio, médicos asistentes de la comunidad y del extranjero y médicos del programa MIR, que han venido a estudiar y a progresar en su formación oftalmológica; todo ello ligado a la obtención por el Dr. Duch de la titularidad en la Universidad Autónoma de Barcelona.

Pero siempre hay notas tristes, a pesar de ver estos horizontes alegres en el Servicio actual. Hubo una gran pérdida y una gran tristeza en 1990: se nos fue la Dra. Gabriela Marieges Jubany, Gabi, de gran estirpe oftalmológica. Vino al Servicio en plena juventud para hacerse una "buena oculista". No logró su cúspide oftalmológica, pero sí dejó un recuerdo imborrable de su tesón, trabajo y bondad. Dice Torras i Bages que "morir joven es privilegio doloroso de los electos". Gabi dejó huella en el Servicio.


Bibliografía

1. Menacho R., Nadal, J.M. "Les quatre pedres angulars de l'oftalmologia contemporània barcelonina" Accésit-premio "Jordi Casas" de la Fundación Vives Casajuana. 1976
2. Dosset, Nubiola. Hospital de la Santa Cruz y San Pablo. El Servicio de Oftalmología del profesor I. Barraquer. Facoerisis. Libro homenajea¡ Prof. Barraquer. Barcelona. 1952
3. "Cursos de formación oftalmológica" Ecos oftalmológicos. 1955-1957
4. Nadal Abella,J. Vivencias personales desde 1954-1991 (no publicado).
5. Fernández Victorio, F. El Dispensario Oftalmológico del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona. 1905

 

 

 



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