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Introducción

El
edema macular diabético es la causa más importante de
pérdida de agudeza visual (AV) en la retinopatía diabética
(RD). La prevalencia del edema macular clínicamente significativo
(EMCS) está directamente relacionada con la duración
de la diabetes. Se ha demostrado que el tratamiento focal del edema
clínicamente significativo mediante fotocoagulación
reduce el riesgo de pérdida de agudeza visual en estos pacientes.
Sin embargo, estos tratamientos no están exentos de complicaciones
yatrogénicas.
Todos los cambios que aparecen en el fondo de ojo de un paciente diabético
son debidos a la oclusión vascular y, en fases tardías,
a la proliferación fibrovascular. Clasifico la retinopatía
diabética asociada al edema macular según la versión
modificada de la Airlie House CIassification (1). La oclusión
vascular causa isquemia y ésta aumento de la permeabilidad
retiniana. Histopatológicamente observamos una pérdida
de pericitos y un aumento de las células endoteliales y de
la membrana basal.
La pérdida de pericitos y el engrosamiento de la membrana basal
son los cambios precoces de la patología vascular de la diabetes.
Los capilares retinianos no están regulados por el sistema
nervioso (SN) autónomo y poseen una especial autorregulación:
cuando hay una falta de perfusión constante se crean unas condiciones
hipóxicas y los vasos retinianos se dilatan para compensar
este fenómeno. Por esto en ojos diabéticos vemos dilataciones
microvasculares junto con obliteraciones capilares y formación
de microaneurismas. Todos los pacientes diabéticos son explorados
valorando su agudeza visual, tonometría, oftalmoscopia con
lente de 78 D y oftalmoscopia indirecta. Entre los hallazgos oftalmoscópicos
retinianos que podemos encontrar tenemos los siguientes: microaneurismas,
hemorragias retinianas, exudados duros, exudados algodonosos, cicatrices
pigmentadas, edema macular, alteraciones del calibre venoso y neovasos.
Definiciones

Edema
macular (EM). Es la causa más frecuente de disminución
de la AV en pacientes con retinopatía diabética no proliferante
(RDNP). Es producto de una disfunción de la barrera hematorretiniana
interna (2). El edema macular se define clínicamente cuando
el engrosamiento retiniano es evidente en la biomicroscopia durante
el examen clínico, ya sea con lente de contacto o hand held
Iens (3). El diagnóstico no es angiográfico sino clínico.
Puede ser edema macular focal o difuso.
El Diabetic Retinopathy Study Group (4) definió el edema macular
como engrosamiento retiniano a menos de un diámetro de distancia
papilar del centro de la mácula. En 1985 el Early Treatment
Diabetic Retinopathy Study (ETDRS) (5) introdujo la definición
específica de edema macular clínicamente significativo
(EMCS) cuando aparecía algunas de las siguientes condiciones:
1. Engrosamiento de la retina a una distancia menor o igual a 500
µ del centro de la mácula.
2. Exudados duros con engrosamiento de la retina adyacente localizados
a una distancia menor o igual a 500 µ del centro de la mácula.
3. Una o varias zonas de engrosamiento retiniano de un diámetro
de disco (DD) o mayor, localizada a una distancia menor o igual a
1 DD del centro de la mácula.
El engrosamiento retiniano, los exudados duros, el escape de fluoresceína
en la angiografía fluoresceínica (AGF) y el engrosamiento
retiniano son los signos clínicos de acúmulo de fluido
considerados por el ETDRS (6).
La AGF muestra que la permeabilidad anormal es la causa del EM en
los diabéticos. El escape de fluoresceína procede de
los microaneurismas, neovasos y segmentos de capilares dilatados.
El EM se observa en Ia AGF como hiperfluorescencia tardía en
el área macular, que puede estar localizada en focos, en cuyo
caso recibe el nombre de edema focal (EF). Si está localizado
de forma difusa lo llamamos edema difuso (ED). En casos de EM de larga
evolución el escape de colorante puede localizarse en forma
de estrella, siguiendo la orientación oblicua de la plexiforme
externa, y entonces se llama edema cistoide o quístico (EMQ).
El EM puede ser compatible con una buena visión central. Cualquier
acción terapéutica, para ser eficaz, debe ser pronta,
antes de que se produzca un daño anatómico permanente
en la mácula.
lsquemia macular. La isquemia macular es una de las complicaciones
de peor pronóstico en la RD. La AGF es el método más
preciso para su diagnóstico. Siempre conlleva una mala agudeza
visual irrecuperable.
Según Bresnick (8) la valoración de la circulación
macular en estos casos se puede hacer en tres grados:
- Grado 1 o ausencia capilar focal. Es la forma más leve de
isquemia. La mácula aparece oftalmoscópicamente normal.
La AGF muestra áreas de no perfusión capilar rodeadas
de capilares dilatados. La AV no suele estar afectada.
- Grado 2 o aumento de la zona avascular central (FAZ). El diámetro
de la FAZ supera las 50 µ habituales y tiene bordes irregulares.
Oftalmoscópicamente es normal. La AV es impredecible.
- Grado 3 u oclusión arteriolar. Es la forma más grave.
Se observa oclusión de arteriolas precapilares o retinianas.
La oftalmoscopia revela edema, exudados algodonosos y arteriolas filiformes.
Se da un importante descenso de Ia AV y escotoma central.
Material y método

Estudiamos
un total de 120 ojos pertenecientes a 67 pacientes, de los que un
54% eran mujeres y un 46% hombres. Todos los pacientes presentaban
EMCS o EMD, es decir, engrosamiento retiniano de 20 más áreas
de disco que afecta a alguna porción de la FAZ. Los criterios
de definición de EMCS fueron los del ETDRS.
Se registró el tipo de retinopatía diabética
que presentaban, la edad y los años de evolución de
la diabetes. Se les realizó un examen oftalmológico
completo que comprendía: AV, examen con lámpara de hendidura,
con lente de 90 o 78 D, oftalmoscopia directa e indirecta, angiografía
fluoresceínica y agudeza visual a los seis meses del último
tratamiento fotocoagulador. Todos los edemas maculares fueron confirmados
angiográficamente.
Los criterios de exclusión oftalmológicos fueron los
siguientes:
1. Pacientes en los que fue difícil valorar el estado macular.
2. Hemorragias vítreas.
3. Desprendimiento de retina.
4. Retinosquisis.
5. Extracción de catarata con implante de LlO en el año
anterior al inicio del estudio.
La retinopatía diabética de base fue tratada siguiendo
nuestro protocolo, es decir: practicamos una panfotocoagulación
retiniana total en ojos con RDP; en ojos con retinopatía diabética
proliferativa (RDP) de alto riesgo, la panfotocoagulación se
hacía con cerca de 6000 impactos, y en algunos casos con retinopatía
diabética no proliferativa (RDNP) más grave también
realizamos panfotocoagulación retiniana media.
Tratamiento del EMCS

El
tratamiento de la RDP y del EMCS es la fotocoagulación. El
EM tiene progresión lenta, el riesgo del tratamiento aumenta
con la cercanía a la mácula y es más eficaz en
la prevención de la pérdida visual que en la recuperación
de la visión. Debe tenerse en cuenta el cumplimiento por parte
del paciente de los controles pautados.
Para el tratamiento del EM utilizamos la lente de Area Centralis de
Volk. Utilizamos láser de argón verde (Visulas Argon
II Zeiss). El tipo de fuga observado en la AGF nos indicó el
método de fotocoagulación más adecuado. Siempre
respetamos las 500 µ foveales y 500 µ alrededor del disco
óptico. Utilizamos un diámetro de impacto de 100 µ
y una energía suficiente para blanquear la retina con una duración
de 0,1 a 0,2 segundos. Con cada tratamiento, no superamos el 20% del
área macular total. Evitamos también fotocoagular la
red perifoveal capilar, ya que la destrucción de ésta
puede producir edema microquístico agudo irreversible (9,10).
Hemos realizado varios tipos de fotocoagulación macular, según
la disposición del EMCS:
1. Fotocoagulación en rejilla. Utilizamos un diámetro
de impacto de 100 µ con un patrón no confluente y espaciado
100 µ. Utilizamos este tipo de fotocoaguación en patrones
difusos de EM. Si el edema persiste, repetimos el tratamiento.
2. Fotocoagulación focal. El objetivo es tratar puntos
de escape y áreas localizadas de no perfusión en Ia
AGF. Tratamos microaneurismas, dilataciones capilares, IRMAS. Los
pequeños focos de edema en el área perifoveal de la
mácula pueden tratarse directamente mediante fotocoagulación
local si las fugas pueden localizarse aisladamente con AGF y la malla
capilar perifoveal no se encuentra gravemente alterada.
3. Técnica combinada de Blankenship [3] Realizamos fotocoagulación
focal directa de puntos de fuga y fotocoagulación asociada
en rejilla espaciada 100 µ alrededor de las fugas locales.
4. Técnica combinada de ETRDS [5] Realizamos fotocoagulación
focal directa de los puntos de fuga local y la fotocoagulación
en rejilla en áreas de retina engrosadas.
5. Técnica confluente en herradura. Se utiliza en casos
de EM difuso con fugas múltiples y gran alteración de
la anatomía macular con edema quístico, isquemia y depósitos
de exudados lipídicos.
Una vez realizada la fotocoagulación, esperamos tres meses
para valorar la evolución del EM y decidir, en función
de la AGF, una nueva sesión de tratamiento.
En
la Tabla 1 presentamos la pauta de valoración y tratamiento
de los EM, según el tipo de retinopatía diabética
que los acompaña, que utilizamos en nuestro hospital.
El edema macular se trató al mismo tiempo que la retinopatía
diabética en los casos en que ésta era necesaria. Todo
el tratamiento se realizó en tres sesiones de la siguiente
manera:
1er. en día. Tratamiento macular y PAN retiniana inferior.
2º día. 180º superiores.
3er día. Extrema periferia retiniana.
Se trataron de forma focal directa los puntos de difusión macular.
Se realizó grid normal o grid modificado dependiendo de la
extensión del edema macular. El tratamiento fotocoagulador
se realizó en nuestro hospital y otros centros.
Tabla
1. Tratamiento y
seguimiento de la maculopatía
diabética en el Hospital de Viladecans.

Resultados

Un
61% presentaba una agudeza visual inicial ³0,2; el 39% restante
presentaba ya al inicio del estudio una mala agudeza visual.
El EMCS fue determinado previamente mediante angiografía fluoresceínica
y blomicroscopia. Todos recibieron tratamiento mediante láser
de argón verde, ya sea localmente en puntos de difusión,
ya en gridmodificado o gridnormal. Se utilizó un spot de 100
µ y una intensidad suficiente para blanquear la retina.
El 30%, es decir, 37 pacientes, recibieron tratamiento suplementario
a los cinco meses del primer tratamiento. Un 10% recibió más
de dos tratamientos suplementarios.
Se registró la agudeza visual de los pacientes antes de proceder
al tratamiento de su EM y después de haber transcurrido seis
meses desde el último tratamiento con láser en la mácula
en un período de seguimiento medio de tres años.
El 49%, 58 pacientes, recibieron tratamiento con laserterapia periférica
debido a su retinopatía diabética de base.
El 55% de los pacientes estaba sometido a tratamiento con insulina.
El tipo de retinopatía diabética inicial que presentaban
estos pacientes era como sigue: un 43%, RDNP media o moderada; un
47%, RDNP grave, y un 10%, RDP. Es decir, que casi un 60% presentaban
una retinopatía diabética grave o proliferante.
A los seis meses del último tratamiento con láser, el
resultado era el siguiente: el 37% (45 pacientes) presentaba la misma
agudeza visual, el 31% (37 pacientes) presentaba una mejor agudeza
visual que la registrada antes del tratamiento y un 32% (38 pacientes)
tenía una AV peor que la registrada al inicio del estudio.
Casos de mala evolución y yatrogenia

La
incidencia de HTA en los casos de mala evolución fue del 63%,
mientras que la incidencia de HTA general fue del 47%. En los casos
en que ha empeorado la agudeza visual y presentaron edema macular
bilateral, la incidencia de HTA mal controlada fue del 80%.
Los casos que evolucionaron mal, es decir, cuya agudeza visual ha
disminuido, presentaron:
- el 15,7% (6 pacientes), un aumento de la cicatriz retiniana que
invadió la fóvea o quemadura directa (5% del total);
- el 10,5% (4 pacientes), depósito irreversible de lípidos
en la foveola (4% del total);
- el 7,8% (3 pacientes), agujero macular (3% del total);
- el 31,5% (12 pacientes), persistencia del edema macular, y
- el 13% (5 pacientes), isquemia macular.
Conclusiones y discusión

Arnall
Patz estableció la efectividad de la fotocoagulación
con láser de argón para reducir o estabilizar el edema
macular (11). Posteriormente, el ETDRS confirmó la efectividad
de este tratamiento en los casos de edema macular clínicamente
significativo (EMCS), definido como:
engrosamiento retiniano que afecta al centro de la mácula,
o bien exudados duros a menos de 500 µ del centro de la mácula,
si se asocia a engrosamiento retiniano, o bien área de edema
macular mayor de un disco de área y a menos de un disco de
diámetro del centro de la mácula.
El tratamiento aplicado en nuestro estudio consiste en tratar todos
los microaneurismas que exudan a más de 500 µ del centro
de la mácula y practicar fotocoagulación en grid de
100-200 µ en áreas de exudación difusa (12). En
un primer tiempo no hemos tratado áreas con ausencia de perfusión.
Este tratamiento ha demostrado su efectividad a los tres años
de seguimiento (13,14), pero hay muchas variables que influyen en
esta evolución y es ahí donde nuestro estudio se ha
centrado para avanzar en las indicaciones de tratamiento y controles
del EMCS.
La hipótesis de que la hiperglucemia es el factor más
importante y determinante de la retinopatía diabética
y del edema macular ha sido confirmada en diferentes trabajos (15).
Sin embargo, en el caso de la diabetes de tipo II, su inicio y duración
es difícil de precisar.
La prevalencia del edema macular es similar tanto en la diabetes de
tipo I como en la de tipo II y está en función de la
duración de la diabetes (16). Pero si nos fijamos en el tipo
de retinopatía que presentan los diabéticos con edema
macular, nos encontramos que en el tipo I aparece una alta frecuencia
de proliferación neovascular retiniana (17). En este estudio
demostramos que esto no es así en los diabéticos de
tipo II (18).
La respuesta al tratamiento es particularmente pobre cuando hay áreas
de no perfusión capilar perifoveolar, edema macular cistoideo
grave o degeneración crónica cistoidea. Con una red
perifoveal intacta en la AGF, las posibilidades de conservar o mejorar
la visión son mucho mayores que si la red perifoveal ha sido
parcial o totalmente destruida por el edema y los cambios hemodinámicos.
Si la perfusión macular es buena, la respuesta al tratamiento
será más favorable.
El EMCS con una buena AV tiene un mejor pronóstico después
del tratamiento con laserterapia.
Un tercio de los pacientes con EMCS tratados con láser empeorará
su AV a los tres años de seguimiento.
Si existe HTA debe ajustarse al máximo el control de la tensión
arterial. El EM responde siempre bien a la mejoría de las condiciones
sistémicas e incluso puede resolverse (2).
Parece claro que la hipertensión se relaciona directamente
con la progresión de la retinopatía diabética
(2,19,20). Se intuía también esta relación en
el EM, pero es en este estudio donde hemos podido constatar su peso,
tanto en la progresión del EM como en su resistencia al tratamiento.
En ausencia de clínica y EMCS con AV conservada aconsejamos
controlar al paciente durante cuatro meses.
El mal control de la glucemia en los pacientes diabéticos y
especialmente en los pacientes con EMCS provoca una ausencia de la
autorregulación arterial, debido posiblemente a la pérdida
y al mal funcionamiento de los pericitos capilares (20), que originaría
un encharcamiento de las máculas y zonas de infarto retiniano.
En algunos casos, los exudados lipídicos derivados del escape
plasmático se depositan debajo de la retina y se asocian a
una degeneración de los fotorreceptores. Cuando esto ocurre
en la foveola (4% de los casos en nuestro estudio), produce una profunda
e irreversible pérdida visual. En esto el comportamiento del
EMCS de la DM II es distinto al de la DM I. Se han descrito placas
fibrosas subretinianas debidas a metaplasia fibrosa posiblemente estimulada
por la exudación lipídica (21).
En los casos de edema e isquemia macular, tratamos directamente los
puntos de fuga y prescindimos de fotocoagular las áreas de
engrosamiento retiniano con pérdida de capilares perifoveales
(grid).
Los casos de mala evolución alcanzan el 32%, un tercio de los
cuales se deben a la persistencia del edema macular.
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