Parámetros biométricos que condicionan el incremento agudo de la
PlO tras la trabeculoplastía con láser de argón


Lic. J. Sánchez Martín, Dr. M.A. Teus, Lic. M.A. Castejón y Lic. A. Marcos
Hospital Universitario Príncipe de Asturias
Ctra. Alcalá -Meco, s/n
Alcalá de Henares

 

Resumen

Objetivos: Analizar las características oculares, incluyendo los parámetros biométricos que puedan condicionar la magnitud del incremento tensional agudo tras trabeculoplastia con láser de argón (TLA).
Métodos: Estudio prospectivo de 70 pacientes sometidos a TLA, cuyas medidas oculares se recogen mediante biometría ultrasónica. El nivel del incremento de PlO se tomó a la hora de la TLA. Resultados: El incremento de la PlO una hora después de la realización de la TLA se correlaciona significativamente con el grosor cristaliniano (p=0,04; r=0,27), con el coeficiente cristaliniano (p=0,03; r=0,28) y con la edad del paciente (p=0,0008; r=-0,39). Conclusiones: El incremento tensional precoz tras TLA, cuando es parcialmente inhibido por el pretratamiento con clonidina, es en parte predecible por el grosor y el coeficiente cristaliniano, así como por la edad del paciente.


Introducción

Hay un acuerdo general en que el incremento tensional precoz es la complicación más importante que puede producir la aplicación de la TLA (1-3), pudiendo incluso obligar a realizar cirugía de emergencia en los casos de subida de PIO importantes.
La incidencia del incremento de la PIO tras TLA es variable, mayor en los casos tratados 360º en una sola sesión, y puede llegar a ser superior a 10 mmHg (1). El Glaucoma Laser Trial Research Group (4) informa de una incidencia del incremento tensional superior a 5 mmHg en el 14% de los ojos sometidos a TLA sobre 180º y superior a 10 mmHg en el 7% de los pacientes de la misma serie. En nuestro medio, Honrubia encuentra una incidencia del incremento de PIO superior a 10 mmHg en el 24,44% y superior a 5 mmHg en el 40% de los ojos sometidos a TLA (5).
El incremento de la PIO se presenta poco después de la TLA -es evidente en el 80% de los casos estudiados una hora después del procedimiento (6)-. Por eso, en la literatura reciente se valora la PlO a la hora de realizada la TLA como indicativo del incremento tensional post-láser.
Se han estudiado diversas características de los pacientes sometidos a TLA, en busca de alguna que permitiera predecir la aparición del incremento de la PlO tras el láser. Así, se ha observado que, a pesar de que la edad es un factor importante en la predicción del efecto hipotensorde Ia TLA a largo plazo, no tendría efecto alguno sobre el incremento tensional precoz (7).
Según algunos estudios, la incidencia de esta complicación es menor en los ojos con una PlO previa al láser inferior a 17 mmHg y mayor en los ojos con una PlO de más de 20 mmHg, cámara anterior estrecha y glaucoma seudoexfoliativo (8,9).
El Glaucoma Laser Trial (4) afirma que sólo el grado de pigmentación trabecular medido a las XII horas del ángulo se relaciona de forma significativa con esta complicación. Por el contrario, otros autores no encuentran influencia del grado de pigmentación y sí de la potencia utilizada (10).
Keightley et al. (11) estudiaron la relación entre el coeficiente tonográfico de facilidad de salida de humor acuoso (C) calculado mediante neumotonografía y el incremento de la PIO tras TLA y encontraron que a menor C, mayor incremento tensional postláser, factor que explicaría el 35% de la variación de la PlO tras el láser. A mayor deterioro de la función trabecular, es de esperar un mayor aumento de la PlO cuando se compromete de forma transitoria el funcionalismo de la misma.
Podemos concluir, por tanto, con Robin et al. (12), que hoy por hoy es nula la posibilidad de prever con antelación y mediante métodos clínicos sencillos y objetivos los sujetos con riesgo elevado de padecer incrementos importantes de la PIO tras la TLA.
Nosotros pretendemos estudiar el comportamiento de la PlO a corto y medio plazo tras la aplicación de la TLA, averiguando el grado de predictibilidad que características clínicas objetivas, como las características biométricas de los ojos, puedan tener en la magnitud de los incrementos tensionales generados por el láser.


Material y método

El estudio agrupó 70 ojos, 28 de los cuales (40%) correspondían a varones y 42 (60%) a mujeres.
Se realizó la historia clínica detallada de todos los pacientes, prestando especial atención a la exploración del segmento anterior, a fin de descubrir signos que sugiriesen trastornos oculares previos, o bien alteraciones que ayudaran a tipificar el glaucoma (presencia de material de seudoexfoliación, dispersión pigmentaria, etc.). Asimismo se practicó una cuidadosa gonioscopia.
Sólo se aceptaron pacientes cuya exploración fuera normal. Se admitieron pacientes con diverso grado de amplitud angular, siempre y cuando carecieran de signos de cierre angular previo y fueran considerados como "no ocluibles" por el explorador.
Se midió la PIO siempre mediante tonometría de aplanación (Goldmann). Se recogió el nivel de la PlO sin tratamiento alguno de los pacientes (en el momento del diagnóstico) denominándose a esta presión "PIO sin tratamiento".
Posteriormente se midió la PlO que presentaba el paciente, con su tratamiento médico habitual, una hora antes de la realización de la TLA -"PIO con tratamiento" o "PIO previa"-. Una hora después del láser se volvió a tomar la PlO.
Se realizó un estudio biométrico del ojo en cuestión, recogiendo mediante un ecógrafo Echoscan VS 3000 (NIDEK), la medida de la longitud axial, la profundidad de la cámara anterior, el grosor anteroposterior del cristalino y la profundidad de la cámara vítrea.
Se colocó el ecógrafo en posición de stop automático y se realizaron ocho medidas de cada ojo, considerándose el valor de la media de los datos obtenidos como representativo. Todas las medidas fueron realizadas estando el paciente sometido a su tratamiento médico habitual y después de serle realizada la TLA.
En todos los casos se calculó el denominado lens factor o factor cristaliniano de Markowitz, consistente en la relación entre el grosor del cristalino y la longitud axial, multiplicando el resultado por diez. Según sus autores, éste es un índice fiable y útil para la predicción de la amplitud del segmento anterior (13).
Una hora antes del láser se administró una gota de clonidina al 0,125% (lsoglaucon, Boehringer-Ingelheim) en el ojo a tratar.
La TLA se aplicó con un Láser de argón de Aesculap, (Meditec, CLU07), azul-verde, empleando un tamaño de impacto de 50 micras y un tiempo de exposición de 100 mseg. Las potencias aplicadas fueron variables para cada caso. La TLA se administró primero tan sólo a medio ángulo (180º), sobre la parte más anterior de la malla trabecular, procurando que el efecto del mismo fuera el mínimo visible, blanqueamiento o formación de burbuja pequeña, evitando la burbuja múltiple.
La analítica descriptiva comprendió el cálculo de la media, el error estándar, la desviación estándar (DS) y el intervalo. Los valores de la media se expresan seguidos del valor del error estándar de la misma, salvo que se indique lo contrario.
Para la estadística comparativa se empleó la t de Student, optándose por la variante de "dos colas".
Para el estudio de la correlación entre factores se emplearon modelos de regresión lineal simple, múltiple y en etapas progresiva. Se consideró significativa una probabilidad de error alfa inferior a 0,05, citándose la p obtenida siempre por su valor exacto.


Resultados

La edad media era de 73,101±1,114 años (intervalo: 34-91).
La PlO sin tratamiento en la población estudiada era de 27,817+0,763 mmHg. La moda de la PlO se situaba entre 28 y 31 mmHg.
La PIO previa al láser (PlO con tratamiento médico) era de 21,186±0,604. Destaca el hecho de que un 58,5% de los pacientes tuvieran antes de la TLA una PIO inferior a 22 mmHg.
El número de medicamentos que tenía cada paciente era de 1,843±0,09 (intervalo: 1-4). 35 casos (50%) seguían tratamiento con pilocarpina, 67 casos (95,7%) utilizaban betabloqueantes, 22 casos (31,4%) dipivalilepinefrina y 6 casos (8,5%) acetazolamida p.o., a dosis variables (entre 375 mg y 1 g al día) (TabIa 1).
La duración media del tratamiento médico fue de 20,97±3,203 meses, (intervalo: 1-204 meses). El 97% de los pacientes recibieron el tratamiento láser durante los primeros 2,5 años de su evolución.
La agudeza visual mejor corregida que presentaban era de 0,44+0,042, con una refracción media esférica de -1+0,38 dioptrías (intervalo: -13 a +8,5), de manera que 47 casos (63,23%) tenían una refracción no superior a ±2 dioptrías de ametropía esférica, 19 casos (27,93%) tenían una miopía superiora -2 dioptrías y 6 casos (8,8% del total) tenían una hipermetropía superior a +2 dioptrías.
En cuanto al estudio de las características biométricas de los ojos, la longitud axial media era de 22,79±0,13 mm (intervalo: 20,8-26,25), con una distribución claramente sesgada hacia las longitudes más largas (Figura 1), imitando así la distribución de la refracción en la población estudiada.
La profundidad de la cámara anterior se pudo medir con fiabilidad en 56 casos. El valor medio de la misma fue de 2,76±0,041 mm (intervalo: 2,36-3,53), con una distribución de las medidas también claramente sesgada hacia las cámaras anteriores más profundas.
El grosor anteroposterior del cristalino fue de 3,9±5,53 mm (intervalo: 2,25-5,53; DS=0,7 mm) en los 56 casos en que este parámetro se pudo medir con fiabilidad (Figura 2). La longitud de la cámara vítrea (definida como la distancia del polo posterior del cristalino a la fóvea) era, en los 56 ojos en los que se consideró fiablemente medida, de 16,05±0,25 mm (intervalo: 14,27-19,92; DS=1,19 mm).
No existió correlación significativa entre la longitud de la cámara vítrea y la profundidad de la cámara anterior (p=0,83) pero sí entre la cámara vítrea y la longitud axial ocular (p=0,0001, r=0,83) y el grosor anteroposterior del cristalino (p=0,0004, r=0,45).
El valor del factor cristaliniano fue de 1,721±0,04 (intervalo: 1,02-2,45). No encontramos correlación significativa entre dicho coeficiente cristaliniano y la edad de los pacientes (p=0,99), aunque sí alcanzaba significación con la refracción subjetiva de los mismos (p=0,02, r=0,31), de manera que los ojos más hipermétropes tenían un valor más alto.
En 11 casos (15,71%) se realizó gonioplastia (10 casos) o iridotomía (1 caso) al objeto de aumentar la visibilidad de las estructuras angulares.

Tabla 1. Distribución de los pacientes
que contaban o no con cada uno
de los fármacos mencionados.

Figura 1. Representación gráfica
de la distribución de la longitud axial
(medida ecográficamente y expresada en mm)
en la población estudiada.


Figura 2. Distribución del grosor cristaliniano
(medido ecográficamente en el eje axial
y expresado en mm) de la población estudiada.


El grado de lesión campimétrica (valorado por el valor del defecto medio (MD) era de -15,19±1,4 dB, (intervalo: -30 a -1,08) con una desviación estándar de 9,12 dB. El valor de la desviación estándar corregida del patrón era de 6,14±0,55 dB, (intervalo: 0-15,28) y la desviación estándar de 3,5 dB.
Encontramos que existía una regresión significativa entre la edad y el incremento de la PIO a la hora de la TLA, tanto expresada como porcentaje de la PIO previa al láser (p=0,0008; r=0,39) (Figura 3), como en valores absolutos (p=0,0013; r=0,38).
No hubo, sin embargo, correlación significativa entre la PlO sin tratamiento y la PIO previa al láser con el incremento precoz tras el mismo (p=0,25; p=0,07). Tampoco hubo correlación entre el porcentaje de descenso tensional que se hubiera obtenido con el tratamiento médico antes de la TLA y el incremento tensional postláser (p=0,23).
No se encontró correlación significativa entre la refracción subjetiva y el incremento tensional precoz, ni tampoco entre la longitud axial, la longitud de la cámara vítrea y la profundidad de la cámara anterior con dicho incremento tensional (p=0,41; p= 0,14; p=0,26, respectivamente). Sin embargo, sí se encontró correlación significativa entre el grosor cristaliniano y el incremento tensional post TLA (p= 0,04; r=0,27) (Figura 4), así como entre el denominado lens factor, o coeficiente cristaliniano, y dicho incremento de la PlO (p=0,03; r=0,28).
No encontramos correlación significativa entre los índices campimétricos MD y DECP y el incremento tensional tras Ia TLA (p= 0,94 y p=0,91, respectivamente).
Realizamos una regresión múltiple entre la edad y el factor cristaliniano como variables independientes y el incremento tensional como dependiente, y obtuvimos que ésta era significativa, de manera que a mayor edad y menor coeficiente cristaliniano, menor incremento tensional tras Ia TLA (p=0,01; r=0,38). La regresión por etapas progresiva arroja unos valores de F de 4,44 para el coeficiente cristaliniano y de 3,59 para la edad, siendo el valor mínimo significativo de F (con un intervalo de confianza del 95%) de 3,23. El valor del coeficiente de correlación mejora en 0,1 con respecto al obtenido entre el factor cristaliniano y el incremento tensional, al incluir la edad en el modelo.


Discusión

El primer hallazgo que queremos resaltar aquí es la relación significativa entre la edad de los pacientes y el incremento tensional tras la TLA. Aunque la significación es buena (p=0,0008 para el incremento porcentual de la PIO) el coeficiente de correlación es solamente moderado (r= -0,39). Esto quiere decir que el porcentaje del incremento tensional explicado por la edad es pequeño, pero que dicha relación existe (14).

Figura 3. Representación gráfica
de la recta de regresión lineal
existente entre la edad de los pacientes
(en años) y el incremento tensional
(expresado en porcentaje), una hora
después de realizar la TLA
.

Figura 4. Representación gráfica
de la recta de regresión lineal
existente entre el grosor cristaliniano,
medido ecográficamente en el eje axial
y expresado en mm (Lens), y
el incremento tensional (mmHg),
una hora después de la TLA,
en la población estudiada.



En cuanto al mecanismo por el que la edad pueda afectar a este incremento tensional, sólo cabe especular. Si aceptamos que la parte del incremento tensional que persiste a pesar del pretratamiento con clonidina sea debida fundamentalmente a la acción del láser en la malla trabecular, cabe pensar que el trabeculum de las personas mayores se comporta de manera distinta al de las personas mas jóvenes, siendo menos sensible al efecto del láser, en el sentido de ser menos capaz de producir incrementos transitorios de la PlO. Hay datos en la literatura que avalan el hecho de que existen cambios objetivables en la malla trabecular de los pacientes glaucomatosos que se incrementan con la edad (15), aun cuando achacar a éstos y no a otros factores el efecto protector de la edad sobre el incremento tensional tras la TLA sería una mera especulación.
Por otra parte, destaca la correlación significativa encontrada entre el coeficiente cristaliniano y el incremento tensional precoz (p=0,03; r=0,28), hecho éste, como el anterior, no descrito anteriormente.
En la literatura no se encuentra ningún estudio que haga hincapié en la influencia de las características biométricas de los ojos estudiados en los cambios tensionales precoces ocasionados por la TLA. El Glaucoma Laser Trial compara el defecto de refracción que presentaban los pacientes que tuvieron incrementos de PlO intensos, moderados y leves, y no encuentra diferencia alguna (4), aunque, como ya ha sido comentado, no se emplea ningún agente adrenérgico como pretratamiento de estos ojos, por lo que el incremento tensional es "inespecífico".
Especial comentario merece el trabajo de Leung et al. (9), que aunque encuentra relación entre la profundidad de la cámara anterior y el incremento precoz de la PlO tras la TLA (a menor profundidad de cámara anterior, mayor frecuencia de incremento tensional significativo), no aporta estudio estadístico alguno que apoye dicha afirmación y considera a los pacientes en sólo dos grupos, según tengan una cámara anterior más o menos profunda de 2,2 mm. Nosotros no encontramos tampoco correlación alguna entre la refracción del sujeto y el incremento tensional precoz (p=0,41), aunque el coeficiente cristaliniano y la refracción del sujeto están relacionados (p=0,02; r=0,31).
La explicación a esta aparente discrepancia probablemente sea que, aún cuando la refracción está relacionada con las características biométricas del ojo, existe una gran variabilidad en cuanto a los distintos parámetros de cada ojo en particular (16) o, dicho de otra manera, es la combinación de la potencia refractivocorneal, la longitud axial y el grosor cristaliniano lo que define la refracción del ojo normal, siendo frecuente que en un ojo pueda coexistir un cristalino "de miope" con una longitud axial de "hipermétrope" y que la combinación de estos factores resulte en un ojo "emétrope". Por tanto, no debe sorprendernos que el coeficiente cristaliniano (y el grosor del mismo) estén relacionados con el incremento tensional precoz tras Ia TLA y, en cambio, la refracción no lo esté.
En cuanto al mecanismo íntimo responsable de esta relación, es conocido el hecho de que los ojos hipermétropes (sin cierre angular) presentan niveles de PIO más bajos, en general, que los miopes (17) y son más sensibles al desarrollo de NOG que los miopes con igual nivel de PIO (18,19), por lo que no es extraño que características biométricas que condicionan en parte el estado tensional ocular del sujeto y la sensibilidad del ojo a la PIO tengan trascendencia en la respuesta de la malla trabecular al láser.
Tampoco encontramos en esta serie relación entre la PIO sin tratamiento, la PlO previa al láser, o el descenso tensional producido por la terapia médica, con el incremento tensional precoz postTLA(p=0,25; p=0,07).
Estos hallazgos pueden parecer a primera vista sorprendentes, habida cuenta de la relación entre el coeficiente tonográfico C y el pico tensional tras la TLA (11).
Lo que sucede es que, a nuestro juicio, este trabajo arroja significaciones estadísticas erróneas, pues en el modelo lineal que en él se realiza se incluyen en algunos casos los incrementos tensionales obtenidos en la primera TLA (180º) y en la segunda, siendo así que la independencia entre las medidas es un requisito para la validez del modelo (20). Por esto, creemos que, aunque es probable que exista relación significativa entre el coeficiente tonográfico C y el pico tensional tras la TLA, ésta no es tan clara como los autores mencionados encuentran, siendo perfectamente posible por tanto, que la PlO del paciente carezca de trascendencia práctica a estos efectos.


Conclusiones

El incremento tensional precoz tras TLA, cuando es parcialmente inhibido por el pretratamiento con clonidina, es parcialmente predecible por la edad y el grosor cristaliniano del paciente.



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