Opsoclonus, alteración neuroftalmológica en un síndrome paraneoplásico

Dres. R. Bilbao*, E. López Valdés**, J. Porta**
*Servicio de Oftalmología
Hospital Universitario Ramón y Cajal
Ctra. Colmenar Viejo, Km. 9,100
28034 Madrid
**Servicio de Neurología
Hospital Universitario 12 de Octubre
Ctra. Andalucía, Km 5,400
28041 Madrid


Introducción

El opsoclonus es una rara alteración de la motilidad ocular consistente en una serie de movimientos sacádicos conjugados de gran amplitud, involuntarios, arrítmicos y multidireccionales. Pueden aparecer aislados o acompañados de mioclonías o de otros síntomas neurológicos, fundamentalmente cerebelosos. Discutimos la etiopatogenia, el diagnóstico diferencial, las presentaciones clínicas y las implicaciones pronósticas de este trastorno neuroftalmológico a partir de un caso clínico.


Caso clínico

Un hombre de 59 años, muy fumador y sin otros antecedentes personales (contacto con tóxicos o fármacos) ni familiares de interés, acudió a consulta de urgencias por un cuadro progresivo de vértigo de una semana de evolución y reciente inestabilidad, que le impedían la deambulación. Manifestó su dificultad para enfocar objetos con la vista. En la exploración oftalmológica, su agudeza visual corregida era de 0,9 en ambos ojos, las pupilas eran isocóricas y normorreactivas y no presentaba limitación alguna en sus ducciones. El nistagmo optocinético era normal y conseguía realizar breves movimientos lentos de seguimiento. El segmento anterior, la presión intraocular y el segmento posterior de ambos ojos eran normales. Destacaba la existencia de unos movimientos casi continuos de los ojos, consistentes en sacudidas conjugadas, en todas las direcciones, arrítmicas, que persistían con los ojos cerrados y que fueron definidos como opsoclonus. En la exploración neurológica presentaba una importante ataxia con dismetría bilateral. Ya ingresado, su analítica sólo presentaba una pleocitosis de predominio mononuclear en el líquido cefalorraquídeo (LCR); las serologías para sífilis, borrelia, brucella, herpes y virus neurotropos resultaron negativas, y la RM craneal y la placa de tórax, sin hallazgos patológicos. Ante la sospecha de una encefalitis vírica como primera posibilidad etiológica subyacente, se instauró un tratamiento con aciclovir intravenoso (800 mg/8 horas) durante 10 días. El paciente evolucionó con un deterioro progresivo y la aparición de náuseas, vómitos y disminución del nivel de consciencia.
Se instauró un tratamiento empírico con 1 g de metilprednisolona i.v. cada 24 horas durante 3 días, sin que se presentara mejoría. Finalmente, el paciente ingresó en la UCI, donde falleció diez días más tarde. En la necropsia se detectó un adenocarcinoma gástrico localizado y una infiltración linfocitaria inespecífica y difusa en el cerebelo y el tronco del encéfalo.


Discusión

El opsoclonus es una oscilación ocuIomotora espectacular caracterizada por unos movimientos oculares sacádicos, rápidos, involuntarios, arrítmicos, de gran amplitud y multidireccionales. Estas sacudidas son prácticamente continuas, incluso durante el sueño, y sólo en los casos leves se presentan períodos de intercrisis con fijación estable (1). La alteración neuroftalmológica responsable de este raro trastorno supranuclear podría residir primariamente en una disfunción de la protuberancia, con una participación secundaria de algún trastorno cerebeloso (2). El área más importante en el control de los movimientos sacádicos es la formación reticular paramedial pontina (FRPP). En el opsoclonus parece existir una disfunción de probable etiología autoinmune en las vías que inhiben la actividad de la FRPP, que desencadenaría una actividad desmesurada, responsable de los movimientos oculares sacádicos incontrolados y continuos de esta alteración.
El opsoclonus puede presentarse en distintas situaciones clínicas (Tabla 1). La forma idiopática es la más frecuente -cerca de un 50% de los casos en los adultos-. Muchas de dichas situaciones serían probablemente cuadros de encefalitis víricas en las que no se consigue determinar exactamente el agente causante, constituyéndose en una entidad clínica conocida como "síndrome postinfeccioso". La mayoría de estos pacientes son menores de 40 años y su pronóstico es excelente: prácticamente todos recuperan la normalidad al cabo de varias semanas. En un 10%-15% de los casos llega a determinarse el agente infeccioso responsable del cuadro y, con tratamiento específico, tienen un curso y un pronóstico igualmente satisfactorios (3). Ésta fue la sospecha inicial en el caso de nuestro paciente por el curso agudo y las alteraciones inespecíficas del LCR y la analítica. Sin embargo, la ausencia de respuesta al tratamiento y su curso de deterioro progresivo la descartó posteriormente. Un 10%-15% de los casos estarían producidos por una miscelánea de entidades clínicas (fármacos, tóxicos, lesiones orgánicas, enfermedades desmielinizantes), en las cuales la evolución del opsoclonus seguirá el curso evolutivo del proceso subyacente. En nuestro caso, tanto la historia clínica como las técnicas de imagen descartaron esta posibilidad (4). El opsoclonus también puede presentarse como parte de un síndrome paraneoplásico, a menudo acompañado de otras alteraciones neurológicas, especialmente de disfunción cerebelosa (mioclonus, ataxia, temblor, etc.). En la infancia, la existencia de un neuroblastoma explicaría más del 50% de los casos de opsoclonus. En adultos, los síndromes paraneoplásicos constituyen la segunda causa más frecuente de opsoclonus (20% aproximadamente). Todos los pacientes son mayores de 40 años y, aunque se han descrito con tumores primarios de origen diverso, el "oat cell" pulmonar es el más frecuentemente asociado. A menudo, este cuadro neuroftalmológico aparece antes del descubrimiento del tumor primario. El tratamiento antineoplásico sólo consigue mejorar los síntomas oculares en muy pocos pacientes.


Tabla 1. Etiología del opsoclonus

El reconocimiento y el diagnóstico tempranos de un opsoclonus resultan cruciales para intentar identificar una etiología subyacente, determinar su pronóstico y valorar la posibilidad de alguna medida terapéutica. Todos los pacientes precisarían una determinación de títulos serológicos antivirales en la fase aguda y en la de convalecencia. Debe descartarse la posibilidad de trastornos metabólicos o tóxicos. Las técnicas de neuroimagen y la punción de LCR son pruebas complementarias que pueden resultar útiles. En todos los pacientes, pero sobre todo en los mayores de 40 años, es imperativa la búsqueda, aun con técnicas diagnósticas agresivas, de una neoplasia oculta. Finalmente, el tratamiento del proceso subyacente es necesario para intentar mejorar la clínica ocular, ya que el tratamiento sintomático con clonacepam, reserpina, clometiazol o tiamina e incluso esferoides suele ser poco efectivo (5).

Bibliografía
1. Leigh RJ, Zee DS. The neurology of eye movements. Filadelfia: FA Davis, 1983.
2. Zee DS, Robinson DD. A hypothetical explanation of saccadic oscilations. Ann Neurol 1979;5:405-14.
3. Digne KB. Opsoclonus in adults. Arch Neurol 1986;43:1165-75.
4. Caviness JN, Forsyth RA, Layton DD, et al. The movement disorder of adult opsoclonus. Movement disorders. 1995;1:22-7.
5. Dropcho E, Payne R. Paraneoplasic opsoclonus-myoclonus. Arch Neurol 1983;5:205-9.

 

 



PRINCIPIO