José Antonio Barraquer Roviralta: fundador de una célebre dinastía de oftalmólogos
Una escuela sin continuidad no es trascendente;
como el atleta de las Olimpiadas, cada generación ha
de mantener encendida la antorcha del saber y pasarla a la venidera...

Dres. J. ElizaIde, C. Ceriol, A. Nava
Centro de Oftalmología Barraquer
Muntaner, 318
08021 Barcelona

José Antonio Barraquer Roviralta (1852-1924), iniciador de la mundialmente famosa dinastía Barraquer, fue el gran pionero de la moderna especialidad de la oftalmología en España. José Antonio fue un hombre de una sólida y amplia formación académica, con una innata capacidad para la investigación y una extraordinaria destreza en las técnicas quirúrgicas. Desde joven tuvo unas dotes muy especiales para la docencia y un exquisito trato con los pacientes, rasgos que supo transmitir a su hijo Ignacio Barraquer Barraquer y que se han ido perpetuando, de generación en generación, en todos y cada uno de los representantes de la prestigiosa saga de oftalmólogos.
José Antonio Barraquer, tercer hijo varón de una ilustre familia de ocho hijos, nació en Barcelona el 28 de agosto de 1852, en un decisivo periodo de la historia de la medicina. Su trayectoria humana y profesional es un claro exponente del proceso de transformación que experimentó la ciencia médica a partir de mediados del siglo XIX y que, influida por el pensamiento filosófico de la época, adoptaría una nueva mentalidad, caracterizada por el empirismo metodológico. Es el momento en que la práctica de la medicina empieza a centrar su atención en el conocimiento de la patología específica de cada órgano, introduciendo nuevos métodos de exploración, gracias al desarrollo científico y tecnológico que se experimenta a lo largo del siglo. Como consecuencia de esta evolución, aparecen las modernas especialidades médico-quirúrgicas y, entre ellas, la de la oftalmología, con José Antonio Barraquer como uno de sus más destacados representantes.
En 1868 inició José Antonio Barraquer sus estudios de Medicina en la Universidad de Barcelona, de los que se Iicenció en 1877. Posteriormente, obtuvo el doctorado en Madrid. Su precoz interés
por los aspectos anatómicos e histológicos del ojo se pusieron ya de manifiesto durante su periodo de formación. Fue el primer gran amigo que tuvo Santiago Ramón y Cajal cuando éste fue destinado como catedrático a Barcelona (1887). Trabajando al lado de Cajal, se especializó en técnicas micrográficas y preparación de fórmulas de histoquimia. Fue así como José A. Barraquer inició en España los trabajos de histología referentes al aparato visual, influyendo de manera decisiva en los descubrimientos que Cajal realizó en sus investigaciones sobre la retina. Quienes le conocieron, cuentan que el joven José Antonio consiguió que en la sala de disección de la Facultad le reservaran el mayor número posible de cadáveres para hacer la enucleación de los globos oculares y así poder adiestrarse en el estudio de sus diferentes capas, a la vez que se capacitaba en la cirugía de sus delicadas estructuras. Llevado por una clara voluntad de profundizar sobre los aspectos fisiológicos de la refracción, asistió a clases de Física Experimental y cursó las asignaturas de la carrera de Ciencias que abordaban las materias de Catóptrica y Dióptrica.
Después de seguir el curso de Anatomía Descriptiva y Topográfica del prestigioso Dr. Letamendi y tras un período de colaboración con el profesor Cardenal, considerado como el introductor de la asepsia en España, José Antonio Barraquer decidió, en 1878, trasladarse a París para completar su formación como oftalmólogo. En la capital francesa adquirió una sólida preparación en histopatología al lado de los célebres Charles Robin y Louis Ranvier y mantuvo un estrecho contacto con los doctores Landolt, Pannas, Wecker y Galezowski, eminentes especialistas franceses en patología ocular. Muy pronto demostró una singular habilidad en la cirugía del globo ocular, que lo situaba, ya al principio de su carrera, a la altura de los mejores cirujanos de la época. Wecker, que intuyó el genio de Barraquer, le propuso incorporarse a su escuela parisina, con el fin de añadir a la mentalidad francesa la gloria que seguramente conquistaría aquel aprovechado joven. Pero José Antonio decidió rehusar la atractiva oferta y regresó a España. Con ello empezó para nuestra oftalmología una nueva y próspera era.
José Antonio Barraquer, a partir de este momento, mostró ya su doble vertiente científica: hacia la Oftalmología y hacia las Ciencias Morfológicas. Se especializó en el estudio de la Anatomía, materia que llegó a dominar en grado eminente, conjuntamente con la Histología y la Fisiología. Su interés por todas las ramas de la Medicina obedecía a su íntimo y fundamental convencimiento de que el ojo forma parte del organismo y que, para dominar la especialidad, los conocimientos no deben quedar limitados a ella. De vuelta a España, consiguió difundir entre la clase médica la práctica del examen de los elementos formes de la sangre, poco conocida en nuestro país.
De nuevo en Barcelona, inauguró su consultorio de enfermedades de los ojos, en la Ronda de San Pedro, donde atendió las crecientes demandas de atención médica especializada de la nueva burguesía. Sin embargo, factores sociales y económicos derivados del proceso de industrialización de finales del siglo XIX favorecieron la creación de los primeros dispensarios y hospitales de beneficencia, que en esa época hicieron las veces de centros de investigación, enseñanza e intercambio de experiencias. Así, José Antonio compaginó su labor en el ámbito privado con su trabajo como primer director del Dispensario Oftalmológico del Hospital de la Santa Cruz, cargo que desempeñó desde 1879 hasta 1910, fecha en que se creó la Clínica de Enfermedades de los Ojos en el nuevo Hospital Clínico, donde permaneció como titular hasta su jubilación.
Cuando en 1912 se introdujo la especialidad de Oftalmología como asignatura obligatoria en la licenciatura, José Antonio Barraquer Roviralta fue nombrado, por méritos propios y por unanimidad, titular numerario de la primera Cátedra de Oftalmología de la Facultad de Medicina de Barcelona, plaza que ocupó hasta 1922. Sin embargo, el Profesor Barraquer se vio obligado a impartir las clases en el propio dispensario del Hospital de la Santa Cruz hasta 1907. La originalidad y perfección de su enseñanza se hicieron famosas entre sus compañeros y alumnos por la sencillez y claridad de sus exposiciones. Fiel al principio de la experimentación como método, José A. Barraquer impartía unas lecciones eminentemente prácticas, basadas en el examen de pacientes, en la presentación de casos clínicos y en el análisis microscópico de preparaciones de histopatología que él mismo había ido recopilando. Según palabras del Dr. Bordàs Salellas, "el Dr. Barraquer era un sembrador de excelentes ideas y conceptos. Sus explicaciones concisas, diáfanas, sin gongorismos, eran el reflejo de la realidad purísima. Dadas en pleno dispensario, delante de los mismos enfermos, sus lecciones tenían una elocuencia clínica concisa y práctica como no habíamos visto en ninguna otra cátedra". Fue, sin lugar a dudas, un hombre altamente considerado, respetado y querido por sus pacientes, alumnos y colegas. Su amplia sabiduría se ponía una vez más de manifiesto en los tribunales de licenciatura en los que José Antonio preguntaba a los que se examinaban sobre todas las materias de la carrera, y quizás mucho más sobre las fases de la cirrosis hepática que sobre el glaucoma o la patología inflamatoria de la conjuntiva.
Llegó a reunir una amplísima colección de piezas anatómicas, entre las que abundan preparaciones macroscópicas de la órbita, del sistema nervioso central y periférico, y una vastísima muestra de especímenes de histopatología macro y microscópica, con piezas que ilustran casos de miopía magna, desprendimiento de la retina, estafilomas, osteomas de la órbita y otras tumoraciones. En un artículo publicado en 1913 ("Estudio del seno cavernoso por medio de cortes frontales"), José A. Barraquer describe detalladamente la técnica utilizada en la preparación de las piezas de anatomía y patología ocular. Esta amplia y valiosa colección, considerada con orgullo como Museo de Oftalmología por la propia Facultad de Medicina, ha sido conservada por las sucesivas generaciones y actualmente se puede admirar en el Centro de Oftalmología Barraquer de Barcelona.
Al igual que su hermano Luis (1853-1928), fundador de la primera Escuela Española de Neurología, José Antonio Barraquer fue un apasionado de la fotografía, entonces recién introducida. Ilustraba sus lecciones y conferencias prodigiosas con dibujos, esquemas y fotografías, adelantándose al estilo pedagógico de la época. Su interés por las nuevas tecnologías se combinaba con su gran afición por la música y con una profunda inclinación hacia el campo -demostró una gran pasión por los árboles frutales, de los que reunió ejemplares de todo el mundo en la finca que la familia todavía posee en Santa Cristina d'Aro (Girona), cuna de todos los Barraquer-.
Su vocación divulgativa se había puesto ya de manifiesto cuando en 1886 fundó la Revista Oftalmológica, orientada hacia la higiene y la terapéutica oculares, y más tarde el Boletín de la Clínica Oftalmológica del Hospital de la Santa Cruz. En 1908, creó la nueva revista Oftalmología -que se publicó hasta 1913- de carácter eminentemente práctico y cuyo propósito era el de difundir los conocimientos oftalmológicos entre los médicos no especialistas y los estudiantes. Es precisamente en la revista Oftalmología, así como en los Archivos de Oftalmología Hispanoamericanos, donde José A. Barraquer publicó la gran mayoría de sus trabajos. Sin embargo, por su carácter práctico y escueto, José Antonio no se caracterizó por ser un autor excesivamente prolífico.
Su trabajo sobre "Anatomía de la órbita y del seno cavernoso por medio de cortes seriados", expuesto con motivo de su discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina de Barcelona (1894), consiguió un gran éxito y fue considerado como el mejor trabajo existente sobre la materia. Dos años más tarde, en la Sociedad Francesa de Oftalmología, presentó como continuación del mismo trabajo una no menos célebre comunicación titulada "Demostración de la anatomía del seno cavernoso, del conducto óptico y del fondo de la órbita".
En colaboración con los médicos más prestigiosos del momento (Cardenal, Molist y Vilar, Riba, Viura y Suñé), y siguiendo la tendencia de la época de crear las primeras asociaciones médicas, José Antonio Barraquer fundó El Laboratorio, que más tarde se uniría a Ia Academia de Ciencias Médicas, donde se formaron la mayoría de nuestros investigadores contemporáneos. En el discurso de ingreso en dicha institución (18 de noviembre de 1899), titulado "Manipulaciones de óptica fisiológica", el propio José Antonio declaró que el motivo que le impulsó a participar en la creación de El Laboratorio fue el deseo de manipular y experimentar con la Fisiología igual que lo había hecho con la Anatomía. En 1903, José Antonio Barraquer fundó la Sociedad Oftalmológica de Barcelona y, de 1904 a 1906, fue presidente de la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares.
El primero de los nombres de ¡a dinastía Barraquer, que ya como joven estudiante había demostrado una singular habilidad en el dominio de las técnicas quirúrgicas, protagonizó también como cirujano importantes aportaciones a la especialidad oftalmológica. José Antonio Barraquer fue uno de los primeros en reconocer las ventajas de la sutura en la operación de la catarata: ya desde 1880 empleaba un punto de sutura conjuntival para cerrar la herida operatoria, recomendando la incisión conjuntivo-esclerocorneal.


Figura 1. El Profesor José Antonio Barraquer
instruyendo a su hijo Ignacio con
el microscopio que le obsequiara
su amigo Santiago Ramón y Cajal


Entre las técnicas quirúrgicas por él mismo desarrolladas, destaca la del trasplante de tejido adiposo del muslo para obtener un muñón mayor en los casos de enucleación ("operación de Barraquer"), descrita en un trabajo publicado en 1901 en los Archivos de Oftalmología Hispanoamericana. Dos años más tarde, a tenor de los resultados obtenidos, modificó la técnica con la incorporación de la dilatación de los sacos conjuntivales en los casos que habían rechazado la prótesis.
Fruto de su matrimonio con su sobrina Concepción Barraquer Garrigosa, nacieron tres hijos: Ignacio, Rita y Josefina. Durante estos años del principio de siglo, marcados por el estallido de la Primera Guerra Mundial, creció y se formó a su lado su único hijo varón, Ignacio Barraquer Barraquer (1884-1965), un muchacho con una especial habilidad manual, aficionado a toda clase de actividades artesanas, y al que desde muy pequeño su padre supo transmitir su propia pasión por la oftalmología.
Los trabajos que desde principios de siglo realizaron conjuntamente culminarían en 1907 con el desarrollo de la técnica de la extracción in toto de la catarata (facoéresis), que dieron a conocer a través del ensayo La extracción ideal de la catarata. Posteriormente, en su trabajo Sobre la operación de la catarata, analiza las imperfecciones que, a su juicio, of recen los diferentes procedimientos quirúrgicos alternativos, demostrando las ventajas de la facoéresis.
Se debe también al ingenio de José Antonio Barraquer la invención y el diseño de diversos instrumentos quirúrgicos, como la sonda para la dacniocistorrinostomía, el esclerótomo, aparatos para demostrar las diferentes variedades de astigmatismo e hipermetropía y para estudiar el mecanismo de la diplopía. En 1902, introduce y recomienda el empleo del fotóforo y de las telelupas para la cirugía ocular y periocular.
La mayoría de sus trabajos publicados tienen un carácter eminentemente docente y práctico, lo cual se hace evidente en los propios títulos de sus obras, algunas de ellas destinadas a médicos no especialistas o a estudiantes de Medicina. Entre sus artículos, además de los ya mencionados, cabe señalar: "La tuberculosis del ojo" (1892), "Manipulaciones de óptica fisiológica" (1899), "Técnica de la anestesia por medio de las inyecciones de cocaína" y "Enucleación con injerto de tejido adiposo en la cápsula de Tenon", ambos de 1901, "Mixoma quístico del nervio óptico, de la papila y retina derecha y de la cavidad craneal y órbita izquierda",
"La asepsia de colirios" y "Un buen irrigador", todos ellos publicados en 1902, además de los artículos "Anatomía del fondo de la órbita y de la hendidura esfenoidal" y "Sobre el injerto adiposo", del año 1903.
A partir de 1907, José Antonio Barraquer Roviralta trabajó en estrecha colaboración con su brillante sucesor, Ignacio Barraquer Barraquer, junto al cual preparó los siguientes trabajos: "Cómo pierden la vista las personas de edad" (1908), "Tratamiento de la conjuntivitis flictenular", "Reconocimiento de la metamorfopsia", "Diagnóstico y tratamiento de algunas enfermedades externas del aparato visual", "Exploración de un ojo que llora", publicados, entre otros, en la revista Oftalmología a lo largo de 1909, "Tumores gomosos subcutáneos de la cara" (1910), "Sobre oftalmía simpática" (1911) y "Sobre glaucoma" (1912).
Poco antes de su muerte, destruyó diversos estudios en los que estaba trabajando, tres de los cuales probablemente hubieran merecido fama y gloria universales: Anatomía patológica de la miopía, un catálogo de su reconocido Museo y el Tratado completo de oftalmología. Sus últimos artículos publicados datan de 1913: "Estudio del seno cavernoso por medio de cortes frontales", "Colirio de dionina", "Iritis variolosa", "Sobre la operación de Elliot" y "Sobre los abscesos miliares del iris".
José Antonio Barraquer falleció en Barcelona el 27 de abril de 1924, dejando un recuerdo imperecedero como hombre culto, austero, estudioso y ejemplar maestro. Su importante y decisivo legado a la especialidad oftalmológica, supera, sin embargo, el de sus inestimables aportaciones científicas.
Su mayor gloria y motivo de orgullo fue el haber sabido transmitir a su hijo, el Dr. Ignacio Barraquer, su fervor científico, su maestría clínica, su destreza quirúrgica y su bondad en el trato con los pacientes.
Inspiradas en el ejemplo de José Anfonio Barraquer Roviralta, las posteriores generaciones de oftalmólogos de la saga Barraquer han sabido perpetuar una innata vocación por la oftalmología y han seguido haciendo honor al prestigio de un apellido de fama internacional.


 

 



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