Pauta diagnóstica en la uveítis

Dres. O. García, J. Torras, M. Rubio
Ciutat Sanitàría i Universitària de Bellvitge
Hospital Prínceps d'Espanya
C/Feixa Llarga, s/n
08907 L'Hospitalet de Llobregat


Introducción

La uveítis es objeto de una subespecialidad de la Oftalmología que, gracias a los recientes progresos en el campo de la lnmunología y las nuevas técnicas diagnósticas y terapéuticas, está suscitando un interés cada vez mayor.
Es, por otra parte, una subespecialidad relativamente nueva. Si revisamos las monografías publicadas a raíz del Centenario de la Academia Americana de Oftalmología, en las que se hablaba de la historia de las distintas subespecialidades, no se mencionaba nada referente a la uveítis.
El diagnóstico de las uveítis es fundamentalmente clínico, aunque es básica una anamnesis sistémica y unas exploraciones complementarias determinadas.
Por lo tanto, la uveítis requiere por parte del oftalmólogo no sólo ser un buen clínico y cirujano, sino tener además una buena base de Medicina Interna.
Para llegar al diagnóstico de la uveítis, el primer paso es hacer una exploración oftalmológica completa, que nos permitirá hacer un diagnóstico topográfico. Éste nos orientará a la hora de hacer una anamnesis sistémica dirigida y pedir unas pruebas de laboratorio determinadas (1).


Recuerdo inmunológico

De los cuatro tipos de reacciones de hipersensibilidad, representan un papel determinante los tres siguientes:

- Tipo II ocitotóxica: productora de autoanticuerpos.
- Tipo III o por inmunocomplejos (por ejemplo, en la toxoplasmosis, el lupus eritematoso sistémico o la vascuIitis).
- Tipo IV, celular o retardada (como, por ejemplo, en la enfermedad de Behçet, la sarcoidosis, etc.)

La reacción que tiene un papel más importante es la de tipo IV, que es también la más destructora. En ella se produce una activación exagerada de los linfocitos T CD4, con la consiguiente liberación de citoquinas (2).
Son de todos conocidos los hechos que hacen del ojo un privilegiado inmunológicamente hablando: la falta de drenaje linfático interno; la existencia de las barreras hematoacuosa y hematorretiniana; la presencia de inmunomoduladores en el humor acuoso, y el fenómeno ACAID o "desviación inmune asociada a la cámara anterior". Todo ello hace que, en condiciones normales, los antígenos no lleguen al interior del globo ocular y, si lo hacen, se desvíen por vía hematógena, produciéndose una supresión activa de la inmunidad celular (5).


El diagnóstico en la uveítis

1.1. Exploración macroscópica, que incluye:

- Agudeza visual corregida. Es importante destacar que los controles posteriores deberán realizarse siempre con las mismas condiciones de luz, en la misma habitación y usando el mismo optotipo, ya que las variaciones en dichas condiciones pueden hacer suponer que estamos ante un falso empeoramiento o mejoría del cuadro (4).
- Exploración de la motilidad ocular extrínseca, cuyas alteraciones nos pueden hacer sospechar la existencia de alteraciones del SNC.
- El estudio de la motilidad ocular intrínseca nos permitirá descartar problemas del nervio óptico o iritis.
- La exploración de la conjuntiva nos permitirá observar si hay reacción periquerática, episcleritis, escleritis anterior o nódulos en la conjuntiva tarsal inferior (Figura 1).

1.2. Exploración biomicroscópica

1.2.1. Córnea. Si hay precipitados queráticos subendoteliales (PQ) debemos anotar su tamaño, color, distribución y número. En cuanto al tamaño, sobre todo hay que diferenciar los pequeños y medianos de los grandes. Los pequeños y medianos denotan un proceso agudo, son blancos e hidratados y también se denominan "no granulomatosos". Los grandes, o "en grasa de carnero", (Figura 2) denotan un proceso crónico y también se denominan "granulomatosos". Con el tiempo, se aplanan y pigmentan. Esta clasificación es un tanto confusa, pues no siempre se relacionan con enfermedades sistémicas granulomatosas. Aveces pueden coexistir los dos tipos de precipitados queráticos en el mismo episodio de una misma enfermedad. Aunque la distribución habitual es en forma de triángulo de base inferior (triángulo de ArIt), debido a la gravedad y a las corrientes de convección del humor acuoso, también puede haber PO en todo el endotelio corneal, lo que debe hacernos sospechar una etiología herpética o una ciclitis heterocrómica de Fuchs (3,4).

Figura 1. Nódulos en la conjuntiva tarsal inferior


Figura 2. Precipitados queráticos subendoteliales en grasa de carnero.

También nos hará sospechar la etiología herpética la existencia de vascularización corneal intersticial, nubéculas o leucomas.

1.2.2. Cámara anterior
Debemos valorar la existencia o no de células y proteínas en el humor acuoso. Las proteínas producirán el fenómeno Tyndall, que se puede graduar en cinco niveles, al igual que la celularidad (Tabla 1). Si las células son hemáticas (coloración dorada) o hay hifema, hay que sospechar un síndrome mascarada o ciclitis de Fuchs. Para el estudio de la cámara anterior se usará el haz luminoso oblicuo puntual de 1*1 mm y se explorará a nivel de la pupila. No se recomienda usar la intensidad máxima de la lámpara de hendidura, pues podría hacer falsos positivos (12). También debemos mencionar que la estrecha relación entre el hipopion y la enfermedad de Behçet debe ser eliminada, pues hay causas de uveítis que dan hipopion con más frecuencia -a destacar una uveítis anterior con importante reacción inflamatoria en una espondilitis anquilosante o en una simple HLA B27 positiva (17,24)-.

1.2.3. Iris
Debemos comprobar si hay sinequias posteriores con el cristalino, sinequias anteriores periféricas, membrana ciclítica en reacciones muy intensas, nódulos, granulomas o zonas de atrofia.
Cuando valoremos los nódulos, es importante recordar que los precipitados inflamatorios clásicamente descritos en el endotelio corneal (PQ) también pueden hallarse en el iris, la cápsula anterior y posterior del cristalino e incluso sobre la hialoides. Los nódulos del iris se denominan de Koeppe si están en el margen pupilar y de Busacca si están en el estroma. Los de Busacca son más específicos de las uveítis granulomatosas. Si los nódulos, que en general son blanquecinos, son de mayor tamaño y más vascularizados, se denominan "granulomas". Los granulomas si son patognomónicos de las uveítis granulomatosas (6).
Las uveítis crónicas y las recidivantes pueden producir una atrofia del estroma indiano y ocasionar una heterocromía. Si ésta es sectorial, es muy sugerente de etiología herpética.

1.2.4. Determinación de la presión intraocular
La ciclitis suele acompañarse de hipotensión por disminución de la producción de humor acuoso, aunque puede haber hipertensión por trabeculitis u obstrucción de la malla trabecular por restos inflamatorios.

1.2.5. Gonioscopia
Nos permitirá saber cual es la causa de la hipertensión, si la hay. Si sospechamos que estamos ante un cuadro de ciclitis de Fuchs, buscaremos los típicos vasos filiformes que tapizan la malla trabecular y son los causantes de las hemorragias que se producen en estos casos al puncionar la cámara anterior o abrirla durante una intervención.

1.2.6. Cristalino
Las inflamaciones intraoculares crónicas y recidivantes se acompañan con frecuencia de la formación de una catarata subcapsular posterior, ya sea por la propia inflamación o por el tratamiento corticoideo que han recibido.

1.2.7. Vítreo
Se explorará directamente con biomicroscopio en el caso del vítreo anterior y con lente de Goldmann u oftalmoscopia indirecta para el vítreo posterior. Nosotros recomendamos usar ambos métodos. El recuento celular en el vítreo anterior y posterior se realizará igual que en el humor acuoso y también se dividirá el grado de vitritis en cinco (Tabla 2) (6).

1.2.8. Examen funduscópico
Nos dirá si hay algún foco de retinitis, coroiditis, vasculitis o papilitis. Ante una retinitis, debemos pensar en agentes neurotrópicos como el toxoplasma, el herpes o la sífilis. La coroiditis se producirá por una siembra hematógena y, al tener una localización más posterior, no cursará con vitritis, será más amarillenta y de márgenes más imprecisos (7). En cuanto a las vasculitis, es importante para la orientación diagnóstica diferenciar si se trata de una arteritis o una flebitis, al igual que discernir si es isquémica o hemorrágica, para la orientación terapéutica. Por lo tanto, realizaremos siempre una angiografía fluoresceínica (19). También deberá reaIizarse una exhaustiva exploración de la retina periférica y la pars plana con indentación, para descartar las alteraciones propias de la uveítis intermedia, el desprendimiento de retina secundario a la inflamación y el desprendimiento de retina regmatógeno que provoque celularidad no inflamatoria en la cámara anterior.


Tabla 1. Clasificación del fenómeno Tyndall


Tabla 2. Grado de vitritis posterior

Tabla 3. Clasificación anatómica de las uveítis

Tabla 4. Clasificación cronológica de las uveítis


2. Clasificación de las uveítis
Aunque hay muchas clasificaciones de las uveítis, las únicas que utilizamos de cara al diagnóstico son la anatómica o topográfica, la cronológica y la patológica (no granulomatosa y granulomatosa) (Tablas 3 y 4) (15,21).

3. Historia clínica básica
Finalizada la exploración oftalmológica que nos ha permitido llegar a la clasificación de la uveítis, realizaremos una historia clínica básica en la que anotaremos:

- Edad (por ejemplo, una vitritis anterior en una niña debe hacernos pensar en una artritis crónica juvenil, mientras que en un adolescente debemos pensar primero en una parsplanitis).
- Sexo.
- Número de ataques previos.
- Inicio (agudo o insidioso).
- Lateralidad (unilateral o bilateral).
- Duración (agudo o crónico).
- Tipo de tratamiento previo.
- Respuesta al tratamiento.
- Respuesta al tratamiento.

4. Exploraciones complementarias
Dado que las uveítis se asocian en muchos casos a enfermedades sistémicas, es lógico que éstas se deban descartar ante determinados cuadros de uveítis, no sólo para llegar a un diagnóstico etiológico, sino porque ello puede tener trascendencia de cara al tratamiento y al pronóstico.
Aunque tanto en el proceso diagnóstico como en el terapéutico se requerirá la colaboración de otros especialistas, el médico oftalmólogo es el que debe orientar la conducta a seguir en cuanto a la solicitud de exploraciones complementarias, en función de los hallazgos oftalmológicos.
Hay una serie de cuadros uveíticos que pueden no requerir exploraciones complementarias, puesto sus características son ya definitorias. Estos se resumen en la Tabla 5. También hay que destacar que en las uveítis anteriores sólo es aconsejable un estudio sistémico cuando son bilaterales o unilaterales de repetición, puesto que la mayoría son idiopáticas (5).
En los restantes casos, será conveniente la solicitud de exploraciones complementarias, que deberán individualizarse en función de los hallazgos de la anamnesis y la exploración física. Estas deben ser sistemáticas, para lo cual lo mejor es rellenar un test diagnóstico donde se pregunte al paciente de un modo sencillo e inteligible por los distintos síntomas y signos de todos los órganos y sistemas (Tabla 6).
El test nos servirá de punto de partida para profundizar en la anamnesis y la exploración física, así como para solicitar de forma dirigida las exploraciones complementarias, que en todos los casos deberán incluir las siguientes pruebas básicas:

- Hemog rama, para descartar la presencia de un proceso septicémico, linfoproliferativo, etc.
- Radiología de tórax, para descartar procesos infecciosos y patrones pulmonares orientativos (sarcoidosis, TBC).
- Sedimiento de orina, para descartar principalmente la presencia de hematuria indicativa de nefropatía, la cual se asocia a numerosas enfermedades vasculíticas sistémicas.
- FTA-ABS, serología específica del Treponema pallidum, que se puede presentar de diversas formas a nivel ocular. Esta es una prueba económica que descarta una enfermedad con un tratamiento y un pronóstico concretos (13).

Es muy importante descartar la causa infecciosa, especialmente en los casos de vitritis y/o uveítis posterior, puesto que el tratamiento no sólo es radicalmente distinto, sino que además puede ser contraproducente. Para ello, solicitaremos serologías sanguíneas, aunque las únicas que tienen un valor absoluto y que son diagnósticas son el FTA-ABS para el diagnóstico de la sífilis y la prueba del Western-Blot para el SIDA (8).
Las demás serologías, como la del toxocara, toxoplasma, borrelia, etc. tienen un valor reactivo y es más significativa su negatividad para descartarlas. En este sentido, pueden ser más orientativos determinados signos clínicos como el eritema crónico migrans (Figura 3) para el diagnóstico de la enfermedad de Lyme, causada por la Borrelia Burgdorferii (10,18).
El cultivo de humor acuoso o vítreo mediante biopsia puede ser definitivo. Además, hoy en día, con las pruebas de amplificación del antígeno (Polymerase Chain Reaction) puede identificarse directamente el agente causal con poca cantidad de muestra (9,20,29).
El factor genético, condicionado principalmente por un determinado tipo de antígeno de histocompatibilidad HLA, es también importante en la fisiopatología de las uveítis. De los asociados a patología ocular, los más característicos son:
- el HLAB27, asociado a las espondilo artropatías seronegativas, que incluyen no sólo las espondilitis anquilopoyéticas, sino también la artritis psoriásica, la artritis relacionada con enfermedades intestinales, el síndrome de Reiter, etc.(26);
- el HLAA29, asociado a la coroidoretinopatía en perdigonada (enfermedad de Bishop);
- el HLAB5, asociado a la enfermedad de Behçet, que se sospechará ante la presencia de aftas orales dolorosas (a diferencia de las asociadas al síndrome de Reiter), aftas genitales, eritema nodoso, vasculitis retinianas -especialmente flebitis- y otros síntomas sistémicos del sistema nervioso central, articular, etc. (24);

Figura 3. Eritema crónico migrans

Figura 4. Radiografía de la pelvis:
empastamientos de la línea articular
de las articulaciones sacroilíacas.

Figura 5. Gammagrafía con galio:
patrón "en oso panda".

- el HLA DR1 2,asociado a la esclerosis múltiple y a determinadas vasculitis retinianas periféricas (14), y
- el HLA DR5, asociado a la artritis reumatoidea juvenil.


La conducta a seguir en situaciones tipo

En las uveítis anteriores de repetición son muy importantes las asociaciones osteoarticulares, que pueden ser muy evidentes si existen deformidades óseas, cifosis, etc., pero menos en pacientes jóvenes. Así, especialmente en varones jóvenes con dolores en la espalda de predominio matutino es importante el HLABO7 y una radiografía de las articulaciones sacroilíacas en busca de empastamientos de la línea articular (Figura 4), cuya positividad será muy sugerente de espondilitis anquilopoyética (26).
Otras veces, por la presencia de focos de coroiditis o por la presencia de patrones pulmonares característicos en la placa de tórax, como la presencia de hilios pulmonares ensanchados, se establecerá el diagnóstico diferencial entre las dos entidades granulomatosas por excelencia, la tuberculosis y la sarcoidosis, cuyo tratamiento es radicalmente opuesto (23).
Por ello, si existe una lesión o nódulo cutáneo, conjuntival (Figura 1) o una
adenopatía que sean biopsiables, éste y preferible. De todas formas, cuando esto no es posible, por la no existencia clara de un tejido patológico biopsiable o para no aplicar métodos invasivos, pueden sernos de gran ayuda una serie de pruebas diagnósticas como:

- Determinación sérica de pruebas hepáticas (bilirrubina, fosfatasa alcalina, gamma glutamil transpeptidasa), de forma que si existe una colostasis disociada (aumento de fosfatasa alcalina y de gamma glutamil transpeptidasa sin aumento de la bilirrubina) será indicativo de una ocupación de espacio intrahepático, en este caso por granulomas.
- Calcemia, que acostumbra a estar elevada en la sarcoidosis.
- Enzima conversora de la angiotensina (ECA), característicamente producida por el tejido sarcoideo, parlo que su nivel sérico acostumbra a estar elevado en esta enfermedad.
- PPD o prueba de la tuberculina (Mantoux). Su positividad indica contacto pasado con el Mycobacterium tuberculosis pero no infección activa. Su negatividad descarta casi por completo la tuberculosis, aunque las formas miliares diseminadas pueden acompañarse de anergia y, por tanto, de PPD negativo. La sarcoidosis sí es una enfermedad que se acompaña normalmente de un estado inmunológico de anergia y, por tanto, de PPD negativo (13).
- Gammagrafía con galio, que es capaz de detectar el tejido sarcoideo. Característicamente, la captación pulmonar a nivel de hilios y adenopatías paratraqueales da un patrón en lambda, mientras que la captación a nivel del macizo maxilofacial da lugar al patrón denominado "oso panda" (Figura 5) por captación de las glándulas lagrimales, la mucosa nasal y las glándulas parotídeas (11,22).
Otra situación característica es la presencia de vasculitis en la exploración del fondo de ojo. Aunque es un signo inespecífico y se podría elaborar una lista interminable de todas las patologías que pueden causarla, cuando la descubrimos, debemos pensar en cuatro grandes entidades (27,28):

- Esclerosis múltiple. Hay que descartarla mediante RMN, ante la presencia de síntomas neurológicos como parestesias, pérdidas de fuerza e incluso una neuritis óptica. Acostumbra a presentarse en forma de vasculitis y de uveítis intermedia o parsplanitis.
- Sarcoidosis. Debemos descartarla mediante las exploraciones comentadas anteriormente ante la presencia de eritema nodoso, artralgias, adenopatías, etc., aunque en la mayoría de los casos es asintomática y sólo se puede sospechar ante una placa de tórax patológica. El eritema nodoso es una forma de vasculitis localizada en el panículo adiposo pretibial y es inespecífica, parlo que no deberá biopsiarse.
- Enfermedad de Behçet. Sospecharemos su existencia ante la presencia de aftas orales dolorosas y genitales, aunque también en los casos con eritema nodoso. El HLA B5 positivo orientará mucho el diagnóstico.
- Conectivopatías. Incluyen todas las enfermedades del tejido conectivo, como el lupus eritematoso sistémico, la esclerodermia, etc. y también las vasculitis sistémicas como la enfermedad de Wegener, cuya presencia deberemos sospechar ante una sinusitis crónica, sobre todo si se acompaña de hematuria (presente por la glomerulonefritis acompañante). Se confirmará con ha radiología sinusal y/o torácica, con niveles positivos de ANCA (anticuerpos anticitoplasmáticos) y especialmente con la biopsia, si hay tejido orbitario o pulmonar accesible. Otra entidad muy parecida, que puede llegar a confundirse, es la panarteritis nodosa (PAN), que dará también una vasculitis arterial a nivel ocular, pero que, aunque también presentará hematuria, no afectará las vías respiratorias y normalmente comportará una afectación del estado general.
Finalmente, cuando sospechemos una enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada por la coroiditis con DR exudativo, deberemos investigar la presencia de vitíligo, poliosis (Figura 6) y afectación auditiva en forma de acúfenos, que prácticamente confirmarán el diagnóstico. Si existen dudas o se presentan síntomas neurológicos, puede ser necesaria la realización de una audiometría, una punción lumbar, un escáner y una angiografía fluoresceínica.
Debemos concluir, por tanto, con la consigna de que la solicitud de exploraciones complementarias debe ser racionalizada y dirigida, y no siguiendo una rutina. Esto se traducirá no sólo en una disminución del gasto sanitario, sino en una mayor rentabilidad diagnóstica.

Figura 6. Enfermedad de Vogt-Koyanagi-Harada: poliosis.

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