Embriogénesis del cristalino

Dres. J. Costa-Vila, M. Canals, J.M. Potau, O. Ruano-Gil
Unidad de Morfología Ocular
Departamento de Anatomía Humana
Departamento de Oftalmología
Facultad de Medicina Universitat de Barcelona
Hospital Clínic i Provincial de Barcelona

 

El conocimiento del desarrollo completo del cristalino humano es de gran importancia para poder conocer mejor su compleja estructura, así como para el entendimiento de determinados procesos patológicos del mismo, como la catarata primaria y secundaria. En el presente trabajo hemos efectuado un estudio exhaustivo del desarrollo embrionario del cristalino gracias a la colección de embriones y fetos del Departamento de Ciencias Morfológicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona.
Durante la embriogénesis (primera a tercera semana de gestación) aparece el primordio óptico, también llamado surco óptico, como un par de ranuras ópticas a ambos lados de la línea media del embrión, situadas entre el telencéfalo y el diencéfalo. Cronológicamente, este hecho tiene lugar el día 22 de gestación.

Figura 1

Figura 2


A lo largo de la cuarta semana, aproximadamente a los 23 días (embrión de 3 mm), se produce la evaginación del surco óptico, formándose las vesículas ópticas, que se sitúan a ambos lados del diencéfalo (Figura 1). Las vesículas ópticas crecerán lateralmente hasta contactar con el ectodermo de superficie. El tallo óptico se forma a partir de un estrechamiento que aparece entre la vesícula óptica y el diencéfalo, por lo que mantiene la vesícula óptica unida al tubo neural.
Inmediatamente después, como hemos podido constatar en embriones de 4 mm de longitud vértice-coxis y 26 días de gestación, se produce el contacto entre el ectodermo de superficie y la vesícula óptica. Según Worgul (1) este contacto da lugar al engrosamiento focal de la región del ectodermo de superficie que contacta con la vesícula óptica, formándose como consecuencia de ello la placoda cristaliniana.
Marshall (2) ha demostrado que este engrosamiento es debido a la elongación de las células ectodérmicas y a un incremento focal de la división mitótica de las mismas. Un poco más tarde, durante el día 280 de gestación, la pared de la vesícula óptica que contacta con la placoda cristaliniana se adelgaza y forma el disco retiniano.
A finales de la cuarta semana se produce un proceso de invaginación, que afecta al disco retiniano, a la placoda cristaliniana y a la pared ventral de la vesícula óptica (Figura 2). Como consecuencia de dicha invaginación, la vesícula óptica se transforma en cáliz óptico (Figura 3). Asimismo, la pared ventral del cáliz óptico sufre un proceso de invaginación que da lugar a la formación de una hendidura en la misma, la fisura embrionaria o colobómica (Figura 4). A través de esta fisura la arteria hialoidea penetrará en el cáliz óptico, donde emitirá varias ramas que alcanzarán la vesícula cristaliniana (Figura 5).
En la quinta semana del desarrollo embrionario y como consecuencia del proceso de invaginación anteriormente citado, el cáliz óptico presenta dos capas: una capa externa, formada por la pared más profunda de la vesícula óptica que no se ha invaginado, y una capa interna, derivada del disco retiniano, es decir, de la pared más superficial de la vesícula óptica, que se ha invaginado en etapas anteriores. La capa externa dará lugar al epitelio pigmentario de la retina, mientras que la capa interna dará lugar a la retina sensorial (Figuras 2 a 5).
Durante el día 29 de gestación, el proceso de invaginación afecta asimismo a la placoda cristaliniana, que como consecuencia de ello se transforma en hoyo cristaliniano (Figura 2). Este constituye una invaginación del ectodermo superficial que progresivamente aumenta su profundidad hasta acabar cerrándose sobre sí mismo para, a continuación, perder el contacto con el ectodermo superficial. Gracias a este fenómeno, el hoyo cristaliniano acabará transformándose en vesícula cristaliniana (Figura 3). En el embrión de 9 mm y 32 días de gestación, hemos podido observar que la vesícula cristaliniana ya se ha cerrado completamente pero todavía se halla adherida al ectodermo superficial por algunos haces de células pluripotenciales. En este instante los vasos hialoideos penetran hacia la fisura embrionaria del cáliz óptico para nutrir a la vesícula cristaliniana (Figura 5). Finalmente, en el embrión de 12 mm y 34 días, la vesícula cristaliniana ya se ha desprendido por completo del ectodermo superficial (Figuras 6 y 7).
La vesícula cristaliniana constituye inicialmente una estructura vesicular cerrada, formada por una monocapa de células de naturaleza epitelial y origen ectodérmico que delimitan una cavidad interna libre de células (Figura 3). Durante esta fase, el tamaño de la vesícula cristaliniana es relativamente grande y ocupa, según Duke-Elder (3), la totalidad de la cavidad del cáliz óptico. Las células que delimitan esta vesícula presentan sus ápices dirigidos hacia el centro de la cavidad vesicular y están cubiertas externamente por una delgada membrana basal, precursora de la cápsula del cristalino (2).
Durante la quinta y sexta semana del desarrollo embrionario, las células de la pared posterior de la vesícula cristaliniana empiezan a elongarse en sentido posteroanterior, ocupando progresivamente la cavidad de dicha vesícula (Figuras 5 a 7). Por contra, las células de la pared anterior de la vesícula cristaliniana permanecen indiferenciadas y no sufren modificaciones importantes a lo largo de la vida (2). Según Coulombre (4,5), es precisamente la proximidad de la futura retina a la pared posterior de la vesícula cristaliniana lo que da lugar a la elongación de sus células epiteliales. Este hecho se ha podido comprobar en casos de anomalías congénitas como la ciclopía, en la que hemos puesto de manifiesto que, si bien existen anormalidades en cuanto a los factores de inducción de la bilateralidad de las estructuras oculares, el cristalino ha seguido una evolución exactamente igual que en casos sanos (Figura 8).
En el embrión de 17 mm y 40 días de gestación la vesícula cristaliniana se halla casi completamente llena por las células elongadas procedentes de su epitelio posterior (Figura 9). Pocos días más tarde, la cavidad en forma de menisco que queda entre las fibras en crecimiento y el epitelio anterior irá desapareciendo al ser ocupada por fibras que crecerán por el ecuador de la vesícula cristaliniana (Figuras 10 y 11). Estas células pierden algunas de sus organelas, transformándose en las fibras primarias del cristalino, que formarán el futuro núcleo embrionario (6).
En el embrión de 26 mm y 45 días de gestación aproximadamente, el epitelio posterior ya ha desaparecido por completo debido a la transformación de todas sus células en fibras cristalinianas primarias (Figura 11). Por tanto, a partir de este instante ya se halla plenamente constituido el núcleo embrionario del cristalino. Si observamos la periferia de este núcleo embrionario veremos que todavía existe una pequeña cavidad lemniscal alrededor de él y que parte de la cápsula posterior en forma de C de concavidad interna (Figura 11).

Figuras 3 y 4

Figuras 5 y 6

Figura 7

Figura 8

Figura 9

Figura 10

Figura 11


El crecimiento ulterior del cristalino dependerá exclusivamente de las células epiteliales de la vesícula cristaliniana que se hallan ubicadas en la región ecuatorial de la misma. Estas células, que no han intervenido en el desarrollo de las fibras primarias, darán lugar a la formación de las fibras secundarias a partir de la séptima semana de gestación, en el embrión de 29 mm (Figura 12).
Efectivamente, las células epiteliales localizadas en el ecuador empiezan a dividirse y las células neoformadas son desplazadas progresivamente hacia el centro del cristalino, donde se disponen al rededor del núcleo embrionario. Desde aquí, estas células sufren un proceso de elongación en sentido anterior y posterior, de modo que adoptan una forma de horquilla circundando el núcleo embrionario del cristalino. En definitiva, cada fibra secundaria se extiende desde la superficie anterior hasta la superficie posterior del cristalino. Este proceso tiene lugar alrededor de toda la circunferencia de la zona ecuatorial del cristalino y cada nueva generación de fibras secundarias formadas crece sobre la previa, produciéndose de esta forma el crecimiento axial del cristalino (Figura 13).

Figura 12

Figura 13

Figura 14

En embriones de 36 y 37 mm de longitud vértice-coxis, el núcleo se verá rodeado por la formación de nuevas fibras cristalinianas periféricas que lo irán englobando, deplazándolo hacia el centro del cristalino (Figuras 14 y 15). La formación de estas nuevas fibras secundarias se traduce en dos características:
1. La modificación de la forma del cristalino, que pasa de tener una forma típicamente esferoidea a adoptar la forma de una lente biconvexa (Figura 15).
2. La formación de suturas.
Las líneas en las que se reúnen los extremos anteriores de todas las fibras secundarias en la superficie anterior y los extremos posteriores de todas las fibras secundarias en la superficie posterior constituyen, respectivamente, las suturas anterior y posterior del cristalino. Originalmente, la sutura es una simple línea recta, de disposición horizontal en la cara anterior y vertical en la posterior. A lo largo del desarrollo embrionario del cristalino, estas suturas sufren sucesivas modificaciones que conllevan una alteración de su forma, de modo que, al final de su desarrollo, las suturas anterior y posterior adoptan una forma de Y (Figura 16).
Hemos observado en el embrión de 73 mm y 13 semanas de gestación que la aposición de fibras cristalinianas secundarias ya ha sido suficiente para delimitar una zona central del cristalino ocupada por las fibras primarias que constituye el núcleo embrionario del cristalino (Figura 17). Las células epiteliales ecuatoriales del cristalino siguen formando nuevas fibras secundarias a lo largo de todo el desarrollo fetal, dando lugar a capas superpuestas concéntricamente que recuerdan el aspecto de una cebolla y que constituyen el córtex fetal del cristalino. Las fibras secundarias que se forman hasta el cuarto mes de gestación constituyen la porción más profunda del córtex cristaliniano, por lo que reciben la denominación de "córtex fetal interno".
A partir del cuarto mes de gestación, el cristalino continúa engrosándose a medida que aparecen nuevas fibras secundarias por aposición, al tiempo que se alargan progresivamente las líneas de sutura. Estas fibras constituyen el córtex fetal externo, que supone la porción más externa de las fibras cristalinianas generadas durante el desarrollo embrionario.
Debido a la gran aposición fibrilar que acontece entre el cuarto y el sexto mes, la mayor parte del cambio de forma que sufre el cristalino desde esférico hasta elíptico acontece a lo largo del citado periodo. Finalmente, en el octavo mes el cristalino alcanza un diámetro ecuatorial de 6 mm.

Figura 15

Figura 16

Figura 17

Las observaciones realizadas en cristalinos humanos adultos mediante la realización de secciones histológicas nos han confirmado que existe una proliferación continua de nuevas fibras secundarias a partir de las células epiteliales ecuatoriales remanentes del desarrollo embrionario. Estas nuevas fibras, que se disponen concéntricamente al córtex fetal, constituyen el córtex adulto del cristalino. El epitelio posterior del cristalino adulto no existe, pues sus células han sido completamente agotadas a lo largo del desarrollo embrionario para dar lugar a las fibras cristalinianas primarias.
Por contra, en la superficie anterior y en la zona ecuatorial del cristalino, el epitelio cristaliniano mantiene su disposición subcapsular en el adulto, siendo responsable de la opacidad de la cápsula posterior (catarata secundaria), tras la cirugía extracapsular de la catarata, dada la gran capacidad proliferativa de dicho epitelio.

Bibliografía

1. Worgul BV. The lens. En: Jakobiec. Ocular anatomy, embryology and teratology. Cap. 23. Harperand Row. Filadelfia, 1982;677-731.
2. Marshall J, Beaconfield M, Rottery S. The anatomy and development of the human lens and zonules. Trans Ophthal Soc UK 1982;102:423-39.
3. Duke-Elder St, Cook C. Normal and ab-normal development. Part 1. Embryology. En: Duke-Elder St. System of Ophthalmology. Vol. III. Kimpton. Londres, 1963.
4. Coulombre JL, Coulombre AJ. Lens development: fiber elongation and lens orientation. Science, 1963;142:1489-90.
5. Coulombre JL, Coulombre AJ. Lens development. IV. Size, shape and orientation. lnvest Ophth Vis Sci 1969;8:251-7.
6. Ozanics V, Jakobiec F. Prenatal development of the eye and its adnexae. En: Jakobiec F. Ocular anatomy, embriology and teratology. Cap. 2. Harperand Row. Filadelfia, 1982;11-96.
7. Offret G, Dhermy P, Offret H. Embryologie et tératologie de l'oeil. Masson Edit, 1986.

 

 

 



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