Fenómenos de inhibición sensorial en la fisiopatología de la miopía axial

Dr. A. Vivar
Clínica Sant Josep
C/ Monegal, 1
08023 Barcelona


Resumen

Objetivo: La emetropización y la miopización axial muestran mecanismos semejantes, entre los que destacan la deprivación y el desenfoque. Estudiamos si existen fenómenos de inhibición sensorial que puedan influir en el progreso de la miopía.

Material: Estudiamos 50 miopes con un error medio de -3,69 dioptrías (D), una media de edad de 17,5 años y una agudeza visual (AV) mínima de 0,9 en ambos ojos (AV). Un 28% presentaba anisometropía >1,5 D y otro 28% presentaba miopía de >4,00 D.

Métodos: Cover test, motilidad extraocular, test del filtro rojo (FR) en AO, test Worth (TW) para lejos, test de Irvine (TI) o del prisma BT de 4 dp en AO y estudio de la dominancia ojo-mano.

Resultados: Existe algún tipo de supresión sensorial en un 68% con FR, en un 32% con TW y en un 84% con TI. Los pacientes anisometrópicos presentan supresión monocular en un 57,1% con FR, un 50% con TW y un 78,5% con TI. En miopía >4,00 D, el 41,1% son anisométropes, pero no existen diferencias significativas con el resto del grupo; se encuentra un 50% de dominancia cruzada y, en este grupo, se incrementa un 12% la anisometropía, con una relación estadísticamente significativa entre dominancia cruzada, anisometropía y miopía de más de -4,00 D.

Conclusiones: En la miopía existen fenómenos de inhibición sensorial que podrían estar relacionados con la miopización por deprivación. Aunque en algún caso pueda tratarse de microtropías, creemos que estos fenómenos están relacionados con heteroforias. La anisometropía parece asociarse a supresión monocular y la miopía de >4,00 D a anisometropía. La dominancia cruzada se presenta como factor de riesgo de mayor miopización y peor visión binocular. El control de las heteroforias, las supresiones y la dominancia cruzada podría mejorar un proceso de miopización.


Introducción

La literatura clásica muestra la miopía como una ametropía de etiología multifactorial, en la que la herencia y el trabajo de cerca destacan como factores más importantes, y sobre la que no existe posibilidad de control (1-3). El presente trabajo intenta una aproximación a dicha problemática a partir de la luz aportada por la miopía experimental. Los últimos avances en la comprensión de la miopización han llevado a relacionarla con el proceso de emetropización (4,5). Existen argumentos a favor de que el mecanismo de emetropización es activo (emetropización activa) y no tan sólo un mecanismo bajo control únicamente genético (emetropización pasiva), lo que ayudaría a la comprensión de la fisiopatología de la miopía, la hipermetropía y algunos casos de ambliopía (4). El modelo de emetropización activa por retroalimentación visual asume que el ojo modula su crecimiento en respuesta a estímulos producidos por errores en su longitud focal, intentando reducir dicho error (6). En la actualidad, los estudios de miopía experimental han identificado cuatro mecanismos de miopización activa: por deprivación (7,8), por desenfoque (9,10), por frecuencia espacial (11-13) y por fármacos (14). El mecanismo de deprivación se observa tras la oclusión total de un ojo como un efecto local a nivel de retina-coroides, independiente del SNC, mediado por el sistema colinérgico, inhibible por anticolinérgicos, y que actuaría sobre la escIera aumentando su crecimiento (15-17).
El mecanismo de desenfoque, de mayor trascendencia clínica, se observa por la aposición de una lente negativa en el eje visual, también como un efecto local, no totalmente independiente del SNC, mediado también por el sistema colinérgico, inhibible por anticolinérgicos, pero donde aparecen conexiones centrales mediadas a través de una vía larga por los sistemas dopaminérgico y serotoninérgico, que actuarían sobre la esclera, produciendo su crecimiento, aprovechando las vías fisiológicas que se utilizan en la emetropización activa (18-21). Diferentes estudios han constatado la importancia de la coroides como estructura clave en estos procesos, observándose una fluctuación en su espesor de tipo circadiano, cuya alteración parece relacionarse con procesos de miopización (22-24).
Algunos autores han propuesto la existencia de microestrabismos como mecanismo iniciador de una alteración en el proceso de emetropización (25,26) y el empleo de lentes negativas correctoras para todo uso como mecanismo de progresión de la miopía (27).
Nuestro objetivo es intentar identificar si existen fenómenos de supresión central en la miopía que, aunque mediados por el SNC, actuarían como deprivación de la visión central en visión binocular.


Material y métodos

Estudiamos un total de 50 miopes de extracción aleatoria donde concurría que la corrección óptica en gafas fuera de al menos de un año de evolución y la agudeza visual mínima de 0,9 en ADQ, con un error medio de -3,69±2,63 D, contrastado bajo cicloplejia con ciclopentolato, y una edad media de 17,5±8,11 años. Un 28% presentaba anisometropía >1,50 D y un 34% miopía de >4,00 D, con una media de 6,64±2,24. A dichos pacientes se les practicó exploración estrabológica con covertest, motilidad extraocular, test del filtro rojo en AO, test de Worth para lejos, test de lrvine o del prisma de base temporal de 4 dp en AO y estudio de la dominancia ojo/mano. Se procedió a completar el estudio oftalmológico general.
En cada una de las tres pruebas de sensorialidad, la observación puede dar normalidad, supresión monocular o supresión alternante. Agrupamos a los pacientes en cuatro subgrupos: anisométropes (n=14), miopes de >4,00 D (n=14), miopes con dominancia cruzada (n=25) y miopes sin ninguno de los rasgos anteriores (n=18), pudiendo estar algún caso repetido en los diferentes subgrupos.
Los criterios oftalmológicos de exclusión fueron los siguientes:

1. Uso de corrección óptica en gafas durante menos de un año.
2. Agudeza visual monocular menor a 0,9 para lejos.
3. Presencia de tropias en el cover test.
4. Alteración de la motilidad extraocular.
5. Discromatopsias.
6. Patología activa en el segmento anterior o posterior.
7. Astigmatismo superior a 0,5 D en algún ojo.

Para el análisis estadístico se aplicó el test para distribución normal y el coeficiente de correlación de Pearson.


Resultados

Encontramos algún tipo de supresión sensorial en un 68% con FR, en un 32% con TW y en un 84% con TI. La detección de supresión de tipo alternante es del 42% con FR, 10% con TW y 34% con TI, y la de supresión monocular es del 26% con FR, del 22% con TW y del 50% con TI.
Los pacientes anisometrópicos (n=14) presentan una clara dominancia de la supresión monocular -57,1% con FR, 50% con TW y 78,5% con TI-, en comparación con la supresión alternante -21% con FR, 0% con TW y 21% con TI-.
En el grupo de miopes de >4,00 D (n=1 4), el 41,1% son anisométropes. Un 57,1% muestra algún tipo de supresión con FR, un 21,4% con TW y un 85,7% con TI, sin diferencias significativas entre el grupo general y el grupo de miopes altos. La supresión alternante representa un 42,8% con FR, un 0% con TW y un 42,8% con TI, mientras que la supresión monocular es de un 14,2% con FR, un 21,4% con TW y un 42,8% con TI.
Encontramos un 50% de miopes con dominancia cruzada ojo/mano, con algún tipo de supresión en un 64% con FR, en un 44% con TW y en un 92% con Tl. La supresión de tipo alternante es de un 36% con FR, un 16% con TW y un 36% con Tl, mientras que la supresión monocular es de un 28% con FR, un 28% con TW y un 46% con TI.
Tan sólo el 28% de los miopes a estudio no eran miopes altos, anisométropes ni presentaban dominancia cruzada. En este subgrupo, la aparición de supresión alternante es de 57,1% con FR, 7,1% con TW y 35,7% con TI, mientras que la supresión monocular es de 14,2% con FR, 0% con TW y 28,5% con TI, que son los valores más bajos de todos los subgrupos.
El análisis estadístico de los datos anteriores muestra que existen diferencias significativas entre el grupo no afecto de anisometropía, ni alta miopía, ni dominancia cruzada y los grupos afectos de dominancia cruzada (p=0,04), anisometropía (p=0,01) y el grupo general (p=0,03), para los casos donde hay supresión monocular. Existen diferencias significativas entre los valores obtenidos por la exploración realizada por los tres métodos (FR, TW y TI) y llama la atención el hecho de que sólo presentan el mismo comportamiento con los tres métodos de exploración un 26% de los casos, un 46,1% de los cuales no presentan supresión.
Existe una fuerte correlación lineal positiva entre los grupos con anisometropía, alta miopía y dominancia cruzada, para los casos afectos de supresión alternante, mientras que existe una correlación débil entre la alta miopía y la anisometropía para valores sin supresión. Del mismo modo, hemos encontrado una débil correlación lineal positiva entre los métodos del FR y TW para los grupos de alta miopía y dominancia cruzada. También existe una débil correlación lineal en fenómenos de supresión monocular entre los grupos de anisometropía y dominancia cruzada. No se han observado diferencias estadísticamente significativas al efectuar el resto de las comparaciones posibles entre subgrupos.


Discusión

Los dos mecanismos principales de miopización, por deprivación y por desenfoque, no podrían por sí mismos explicar el inicio de la fase de miopización o, lo que es lo mismo, la reactivación de los mecanismos locales de crecimiento ocular que estuvieron actuando durante la fase de la emetropización, a partir de un modelo de emetropización activa. A nuestro entender, sería necesaria la aparición en escena de un factor desencadenante que estaría ligado a mecanismos mediados por el SNC. La existencia de fenómenos de supresión central o escotomas de supresión de tipo funcional no permanentes, que se ponen de manifiesto tan sólo con pruebas sensoriales finas, podrían actuar de este modo. Los cristales de Bagolini y los estereotests han mostrado poca especificidad para valorar supresiones centrales en casos de anisometropía baja (28), por lo que se decidió no utilizarlos en el presente estudio. Se han descrito diferentes tipos de supresión (29): la supresión por enmascaramiento aparece cuando existe un umbral de detección de la sensibilidad al contraste diferente entre AO y se asocia a estrabismo de pequeño ángulo y ambliopía por anisometropía; la supresión por disparidad específica se presenta cuando existe una fuerte rivalidad binocular, produciendo supresión alternante, y es típica del estrabismo de pequeño ángulo sin ambliopía; por último, la denominada supresión funcional, que se asocia a estereopsis normal, muestra supresión de alguna información contenida en cada hemiimagen estereoscópica y es típica de estrabismos de pequeño ángulo sin ambliopía. Estos dos últimos modelos de supresión podrían corresponder a los hallados en nuestro estudio como alternantes y monoculares.
Según muestran los resultados obtenidos en este estudio, parece razonable pensar que es frecuente la existencia de fenómenos de supresión central en la miopía en general, ya sea de tipo alternante o monocular. En el caso de la supresión monocular, aunque en algún caso pueda tratarse de microtropías, creemos que estos fenómenos están relacionados con heteroforias, pues es f recuente encontrar en pacientes miopes esoforias y exoforias en visión próxima. Tanto las supresiones alternantes como las monoculares parecen ser variables para un mismo sujeto y dependen del tipo de método con que se estudien, como muestra el que un 74% de los casos dieran diferentes resultados en cada prueba. Asimismo se observa que el test de lrvine (TI) es el más sensible para la detección de la supresión y, más específicamente, de la de tipo monocular. Nos llama la atención cómo una prueba poco fina como el Test de Worth para lejos mostró supresión en un 32% de los casos, teniendo en cuenta que había ortotropía y ausencia de ambliopía.
En cuanto al estudio de los subgrupos, sorprende la alta incidencia de pacientes con dominancia cruzada, es decir, con dominancia contralateral entre el ojo y la mano, y cómo este grupo se relaciona con la media y la alta miopía, así como con la anisometropía, siendo casi característica la presencia de supresión (con TI, un 92%). Para nosotros, podría tratarse de un factor de riesgo que facilitaría la aparición de fenómenos de supresión y la consiguiente miopización. Lo mismo observamos que ocurre con la anisometropía, donde se aprecia una clara incidencia de supresión monocular, que parece favorecer que se alcancen valores más altos de miopía.
Es difícil precisar si los hallazgos que se describen en este estudio se deben a la mala visión binocular causada por la miopía, o bien, por el contrario, es la supresión un factor miopizante. Dada la alta prevalencia de la miopía, se hace necesario un estudio mucho más extenso para establecer unos criterios más definidos sobre factores de riesgo en el proceso de miopización. A la espera del futuro desarrollo clínico de fármacos inhibitorios del crecimiento ocular del tipo antagonistas muscarínicos M1, como la pirenzepina (30,31), parece lógico pensar que se puede luchar contra la progresión de la miopía por el control de los fenómenos de inhibición sensorial con la corrección de las heteroforias y anisometropías, combinando el tratamiento ortóptico-optométrico (32) y las lentes de contacto (33), así como el de la dominancia cruzada en centros especializados.


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