Hemangiopericitoma orbitario

Dres. D. Elies*, F Riu**, J. Prat*, M. Carrera**
*Servicio de Oftalmología
**Servicio de Anatomía Patológica
Hospital Prínceps d'Espanya
CSU de Bellvitge
C/Feixa Llarga, s/n
08907 L'Hospitalet de Llobregat


Introducción

Los hemangiopericitomas orbitarios son tumores vasculares derivados de los pericitos, son poco frecuentes y suelen presentarse como masas no infiltrativas, bien circunscritas en la órbita superior Presentan un patrón de comportamiento impredecible, sólo orientable por sus características histopatológicas. Describimos el caso de un paciente con exoftalmos derecho secundario a un hemangiopericitoma orbitario.


Caso clínico

Se trata de un varón de 63 años sin antecedentes patológicos de interés, remitido a nuestro servicio por presentar un proceso expansivo intraconal derecho, etiquetado radiológicamente de hemangioma cavernoso. El paciente explicaba tener un exoftalmos progresivo de cuatro meses de evolución, sin ningún otro síntoma.
En la exploración presentaba una discromatopsia congénita con agudeza visual de 8/10 en ambos ojos y un exoftalmos derecho, con una exoftalmometría de 22,5 y 18 mm, respectivamente, con un hipoftalmos derecho de 4 mm, sin diplopía ni alteraciones pupilares significativas (Figura 1). Se palpaba una tumoración moderadamente dura, lisa, de convexidad anterior, en el fondo de la órbita anterosuperior.

Figura 1. Exoftalmos
con hipoftalmos derecho


Figura 2. RMN-T1:
ligera hiperseñal de la masa
tumoral con presencia de vaso
sanguíneos en la parte superior

Figura 3. RMN-T2:
moderada hiperseñal

Figura 4. Abundantes
células tumorales dispersas
alrededor de canales
vasculares ramificados

Figura 5. A mayor aumento
se aprecian pleomorfismo
celular con varias figuras
de mitosis y espacios
vasculares con células
endoteliales dispuestas
en monocapa

Figura 6. La tinción para
la reticulina muestra una
extensa trama fibrilar
que rodea los canales
vasculares y las células


La TC demostró una tumoración redondeada en la órbita superior que ocupaba los espacios intracónico y periférico, contactando con el hueso del techo orbitario sin destruirlo. La tumoración desplazaba el globo ocular y el nervio óptico inferiormente. La administración de contraste aumentaba significativamente su densidad radiológica. La RMN en secuencias T1 mostraba una ligera hiperseñal relativa al músculo y la presencia de varios vasos que se introducían por la parte superior del tumor, característica muy sugestiva de hemangiopericitoma (Figura 2); con la administración de gadolinio aumentaba mucho la señal, contrastando más claramente su vascularización interior. En T2 se observaba también una hiperseñal moderada (Figura3).
Se practicó una orbitotomía Iateral con la finalidad de extirpar el tumor, pero su extrema friabilidad y tendencia hemorrágica lo hicieron imposible, así que nos limitamos a la toma de una muestra biópsica para confirmar el diagnóstico. Macroscópicamente, la muestra tenía una coloración blanquecina y una consistencia elástica. En el estudio microscópico se observaba una lesión constituida por abundantes células dispuestas alrededor de canales vasculares ramificados de diferentes tamaños, de paredes finas y tapizados por células endoteliales (Figura 4). Las células presentaban un núcleo oval o redondo, citoplasma de tamaño moderado y límites celulares mal definidos. Ocasionalmente, su morfología era fusiforme. Estas células presentaban atipias (alteración de la relación núcleo-citoplasma, hipercromatismo e irregularidad nuclear) en grado moderado. Se identificaron hasta siete figuras de mitosis por diez campos de gran aumento. Las células se disponían alrededor de canales vasculares de tamaño variable, desde pequeños capilares hasta grandes espacios sinusoidales. Característicamente, estos canales estaban ramificados, creando una imagen que se ha comparado a las astas de un venado, y estaban tapizados por una capa de células endoteliales sin atipias (Figura 5). Se observaban áreas sólidas con predominio celular y escasos canales vasculares. Con la técnica para reticulina, se podía observar una extensa y densa trama fibrilar que rodeaba los espacios vasculares y las células (Figura 6). Con técnicas inmunohistoquímicas se demostró una tinción tenue de las células tumorales con vimentina y CD34, y no tinción con factor VIII.
La morfología tumoral, celular y arquitectural era la característica del hemangiopericitoma. Debido al elevado índice mitótico y a la atipia y pleomorfismo celular, consideramos este tumor como histológicamente maligno, de grado intermedio-alto (grado II/III), tras lo cual se procedió a una exanteración orbitaria sin colgajo para poder controlarla posible recidiva.
En la pieza de exanteración orbitaria se observaba, en la parte superior, una tumoración redondeada y parcialmente encapsulada de 2,3 cm de diámetro máximo. El tumor estaba parcialmente rodeado por una pseudocápsula fibrosa y presentaba un margen de crecimiento expansivo-infiltrativo, llegando a invadir al tejido óseo subyacente. No se observaron alteraciones en el globo ocular ni en el nervio óptico. Tres años después de la cirugía, el paciente sigue sin signos de recidiva en la cavidad orbitaria.


Discusión

Descrito inicialmente por Zimmerman en 1923, fueron Stout y Murray quienes, en 1942, le dieron el nombre actual de hemangiopericitoma. Representa un 2,7% de los tumores orbitarios primarios. Se origina en los pericitos, que son células mesenquimales contráctiles y muy ramificadas que normalmente se sitúan alrededor de capilares y vénulas. Éstos participan en la regulación del calibre, el flujo y la permeabilidad capilar, pueden
actuar como células fagocíticas y tienen capacidad de diferenciarse a fibroblastos, osteoblastos y lipocitos. Por otra parte, carecen de características celulares e inmunohistoquímicas específicas y son fácilmente confundibles con otros tipos de células mesenquimales. Así, el diagnóstico histológico del hemangiopericitoma se basa principalmente en el reconocimiento de su patrón arquitectural.
Afecta a pacientes de todas las edades, con especial predilección por la edad media de la vida (40-55 años), con un predominio en el sexo masculino entre 3/2 y 4/3, según las series. La órbita derecha se encuentra afectada en mayor proporción que la izquierda (5/2). Otras localizaciones frecuentes del hemangiopericitoma son los senos nasales y el cuello y, extracranealmente, en tejidos blandos profundos, principalmente en las extremidades inferiores, la fosa pélvica y el retroperitoneo. En la órbita suele presentarse como una masa única, de unos 3 mm de diámetro, circunscrita y bien encapsulada, que resalta rápidamente tras la inyección de contraste. Tiene una clara preferencia por la zona superior de la órbita. La presentación clínica más frecuente es la de exoftalmos por efecto de masa, acompañado en menor frecuencia de dolor, diplopía y descenso de la agudeza visual. Macroscópicamente, se trata de una masa de aspecto friable, bien circunscrita, marrón-grisácea o violácea con numerosos espacios vasculares y con un drenaje por vasos telangiectásicos. El 25% de los tumores presentan telangiectasias o tortuosidades vasculares en los tejidos anejos, envolviendo la masa orbitaria anterior.
En la TC estos tumores suelen mostrarse como masas bien definidas, con realce homogéneo y muestran gran blush en la angiografía. La configuración, la densidad y la señal del hemangiopericitoma en la TC son esencialmente iguales que las del hemangioma cavernoso, excepto por el mayor resalte tras la administración de contraste. Si la lesión es accesible a la exploración ecográfica, ésta muestra una consistencia más sólida que el hemangioma cavernoso. La RMN es más informativa, puesto que permite ver la penetración de los vasos en el interior del tumor, imagen que se hace más evidente con la administración de gadolinio.
El comportamiento de esta lesión es difícil de predecir y viene determinado por criterios histológicos, como son la actividad y el índice mitótico elevados, el número de atipias, de células inmaduras o pleomórficas, la presencia de focos de necrosis, la compresión de los espacios vasculares, las hemorragias y la infiltración de los márgenes.
Debe realizarse el diagnóstico diferencial clínico de este tipo de tumores orbitarios con el hemangioma cavernoso y las lesiones fibrohistiocitarias. El diagnóstico diferencial histológico se debe hacer con otros tumores con un patrón vascular similar, tales como el histiocitoma fibroso benigno y maligno, el sarcoma sinovial y el condrosarcoma mesenquimal. Aveces puede ser muy difícil, pero muchos hemangiopericitomas pueden ser identificados por su patrón celular y vascular uniforme y la densa trama de reticulina que rodea individualmente las células tumorales.
El pronóstico de los hemangiopericitomas depende del grado histopatológico del tumor. Aproximadamente 1/3 de los hemangiopericitomas de la órbita recidivan y entre un 10% y un 15% desarrollan metástasis. El porcentaje de metástasis y recurrencias sobrepasa el 50% en tumores de alto grado, siendo el pulmón y el hueso los órganos más frecuentes de asiento de las primeras. Las recidivas locales están directamente relacionadas con la exéresis incompleta de la lesión. Croxatto y Font describen en su serie una incidencia de recidivas del 21% (3/14) en hemangiopericitomas de bajo grado, un 25% (1/4) en tumores borderline y un 55% (5/9) en los de alto grado. En esta misma serie, indican una incidencia de metástasis del 6% (1/15) en lesiones de bajo grado y de un 25% y un 23%, respectivamente, en las borderline y en las de alto grado (1/4 y 2/9). Debido al elevado riesgo de metástasis y recidivas en este tipo de tumores, el seguimiento durante al menos diez años es necesario para asegurar la curación completa.
El tratamiento de elección es la extirpación quirúrgica del tumor, con radioterapia asociada en aquellos casos en los que la cirugía agresiva no haya permitido eliminar la totalidad de la lesión. En tumores bien circunscritos en la TC, situados en un lugar accesible y con bajo grado de malignidad según la clasificación histopatológica, es de prever que la exéresis completa sea curativa. Si una o varias de las condiciones anteriores no se cumplen, la cirugía radical asociada a radioterapia parece disminuir el porcentaje de recurrencias. En casos de recidiva es recomendable practicar una exanteración. La quimioterapia no ha demostrado una eficacia asociada.


Bibliografía

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