Queratectomía fototerapéutica con láser excímer en el tratamiento de la erosión corneal recidivante

Dres. O. Gris y J.Ll. Güell
Instituto de Microcirugía Ocular
Unidad de Córnea y Cirugía Refractiva
C/ Munner, 10
08022 Barcelona

 

Resumen

Objetivo: valorar la eficacia y la seguridad de la queratectomía fototerapéutica con láser excimer para el tratamiento de la erosión corneal recidivante.

Métodos: tratamos mediante queratectomía fototerapéutica a 18 pacientes con erosión corneal recidivante que no habían respondido previamente al tratamiento tópico conservador o al tratamiento quirúrgico (desepitelización mecánica o micropunciones estromales).

Resultados: tras un periodo de seguimiento que osciló entre 6 y 18 meses, no aparecieron nuevos episodios de erosión corneal en 17 de los 18 pacientes. El paciente restante sufrió un episodio de erosión corneal tres semanas después de la cirugía que respondió al tratamiento habitual mediante oclusión, tras lo cual permaneció libre de síntomas durante el resto del seguimiento (8 meses). En ningún caso se observó disminución de la agudeza visual postoperatoria, ni apareció ningún grado de opacidad y/o astigmatismo corneal ocasionado por el tratamiento.

Conclusiones: la queratectomía fototerapéutica con láser excímer se mostró muy eficaz y segura en el tratamiento de erosiones corneales recidivantes refractarias a las terapéuticas habituales.


Introducción

El síndrome de la erosión corneal recidivante fue descrito por primera vez en 1872 por Hansen (1). Generalmente se presenta en pacientes que han sufrido un traumatismo corneal previo (físico o químico) con lesión epitelial, o de manera espontánea en algunas distrofias corneales (principalmente la distrofia de la membrana basal epitelial). Clínicamente, los pacientes experimentan episodios recurrentes de fotofobia, epífora, sensación de cuerpo extraño y/o dolor que, con frecuencia, aparece al despertar, meses o incluso años después del traumatismo corneal inicial.
Un gran número de casos se resuelven definitivamente con el tratamiento conservador habitual: pomadas lubricantes o soluciones salinas hipertónicas, antibióticos y oclusión compresiva o lente de contacto terapéutica (2,3).
En los casos en que, a pesar de estos tratamientos, los episodios de erosión corneal persisten, se han utilizado distintas técnicas quirúrgicas como alternativa. De entre ellas, las más empleadas son la desepitelización mecánica o química, que ha sido recomendada en casos asociados a distrofia de la membrana basal epitelial (4), y las micropunciones estromales anteriores mediante agujas hipodérmicas (5-7) o el láser Nd:YAG (8), que han sido sugeridas en casos de erosión corneal recidivante postraumática.
Desde que se introdujo el uso del láser excímer en la cirugía corneal (9), sus ventajas han sido utilizadas con éxito para el tratamiento tanto de defectos refractivos (queratectomía fotorrefractiva) (10-12) como de diferentes patologías corneales (queratectomía fototerapéutica), entre las que se encuentran las irregularidades u opacidades corneales anteriores (13-15), la queratopatía en banda (16,17), algunas distrofias estromales anteriores (14,18) y las erosiones corneales recidivantes (15,17,19,20).
En este trabajo presentamos nuestra técnica quirúrgica para tratar mediante queratectomía fototerapéutica (QFT) aquellos casos de erosión corneal recidivante que no responden al tratamiento convencional, así como los resultados obtenidos.


Material y métodos

Entre enero y diciembre de 1996, tratamos con QFT 18 ojos de 18 pacientes que sufrían episodios de erosión corneal recidivante. La edad de los pacientes oscilaba entre los 27 y los 64 años (media: 44).
En 12 pacientes se daba el antecedente de traumatismo previo con erosión corneal. En los 6 casos restantes, la aparición fue espontánea y, en la exploración con lámpara de hendidura, se observaba en uno o ambos ojos alguna de las lesiones típicas que conducen al diagnóstico de distrofia de la membrana basal epitelial.
Todos ellos habían seguido previamente un tratamiento tópico convencional (oclusión, pomadas lubricantes y/o soluciones salinas hipertónicas y, en algunos casos, lentes de contacto terapéuticas). A 6 de los pacientes se les había realizado también desepitelización mecánica y otros 3 casos habían sido sometidos a micropunciones estromales anteriores antes del tratamiento con láser excímer.
A pesar de los distintos tratamientos, en todos ellos persistían los síntomas de erosión corneal recidivante, por lo que decidimos realizar QFT como alternativa de tratamiento.
Antes de la cirugía, examinamos la agudeza visual con y sin corrección, refracción sin cicloplejia, topografía corneal (Eye Sys Corneal Analysis System), biomicroscopia con lámpara de hendidura y funduscopia mediante oftalmoscopia indirecta. Todos los tratamientos fueron realizados con un láser excimer ChironTechnolas Keracor 116, con emisión de 193 nm de longitud de onda, 120 mJ/cm2 de energía y 10 Hz de frecuencia. El diámetro de la ablación varió entre 2,0 y 7,0 mm, en función del área de la zona a tratar y la localización de ésta.
Quince de los ojos fueron tratados durante uno de los episodios agudos de erosión corneal. El resto se trató cuando la lesión ya había epitelizado, pero en estos tres casos se habían producido varios episodios previos y aún se observaba perfectamente la zona de epitelio mal adherido.
Utilizamos anestesia tópica (clorhidrato tetracaína, clorhidrato oxibuprocaína) y, una vez bajo el microscopio del láser, realizamos la desepitelización mecánica de la zona de epitelio anómalo con la ayuda de hemostetas o de un escalpelo de microcirugía (Micro-Feather nº 780, Feather). Eliminamos todo el epitelio mal adherido, intentando respetar el máximo de tejido sano. En los casos en que el límite de la lesión ocupaba el área pupilar, aumentamos la desepitelización hasta sobrepasar esta zona con el objeto de que los límites de la ablación no cruzasen el área pupilar. El tratamiento consistió en la fotoablación de la lesión mediante 20 pulsos aplicados sobre la membrana de Bowman.
Las lesiones centrales o paracentrales se trataron con amplios diámetros de ablación (6,0-7,0 mm) centrados en la pupila, de modo que abarcaran la lesión sin que los límites de la ablación cruzasen el área pupilar, lo cual podría, teóricamente, provocar astigmatismo irregular. Las lesiones periféricas fueron tratadas con diámetros de ablación menores, con el objeto de abarcar completamente la lesión sin afectar el área corneal central.
Tras la cirugía aplicamos oclusión compresiva con colirio ciclopléjico y pomada de gentamicina y realizamos controles diarios hasta producirse la epiteliazación total. Prescribimos analgésicos orales durante los primeros uno o dos días, en función del dolor experimentado. Una vez conseguida la epitelización, tratamos con colirio de gentamicina cada seis horas durante la primera semana y, posteriormente, utilizamos tratamiento lubricante durante dos meses (lágrimas artificiales cada seis horas durante el día y pomada de cloruro sódico por la noche).


Resultados

La epitelización completa se produjo en todos los pacientes en los primeros cuatro días. Todos los pacientes experimentaron dolor ocular en las primeras 24-48 horas, aunque la duración e intensidad del mismo fue muy variable entre unos pacientes y otros y, en general, fue bien tolerado con el tratamiento previamente descrito.
El período de seguimiento mínimo fue de 6 meses y el máximo de 18 meses. Durante este tiempo, 17 de los 18 pacientes no experimentaron nuevos episodios de erosión corneal recidivante. El caso restante sufrió, tres semanas después de la cirugía, un episodio de erosión corneal, que fue tratada con pomada antibiótica y oclusión y, posteriormente, medicación tópica lubricante durante dos meses. Durante el resto del seguimiento (8 meses) el paciente no presentó nuevos episodios.
Durante las primeras semanas del postoperatorio, ocho pacientes experimentaron una leve sensación de cuerpo extraño, predominantemente al despertar, pero que en ningún caso fue importante y que desapareció posteriormente en todos ellos. Estos síntomas aparecieron en aquellos ojos cuya desepitelización fue más extensa.
Postoperatoriamente, no hubo pérdida de visión (cuantificada en líneas de agudeza visual con los optotipos de Snellen) ni cambios de la refracción en ninguno de los pacientes al comparar con los datos preoperatorios. En once de los pacientes la lesión era central o paracentral y, consecuentemente, producía una disminución de la agudeza visual, que se recuperó en su totalidad tras el tratamiento. En los casos restantes, con lesiones periféricas que no afectaban a la visión, la agudeza visual se mantuvo. La topografía corneal tampoco reveló irregularidades corneales ocasionadas por el tratamiento. En el examen con lámpara de hendidura no se observó ningún grado de haze u opacidad a nivel subepitelial o estromal anterior.


Discusión

En nuestra experiencia, la QFT se ha mostrado muy eficaz en el tratamiento de la erosión corneal recidivante y los resultados que hemos obtenido coinciden con los encontrados por otros autores (19-22). El éxito de estos resultados tiene un valor añadido si consideramos que muchos de los pacientes correspondían a casos recalcitrantes que no habían respondido previamente al tratamiento médico ni quirúrgico convencional.
De los 18 casos tratados, 17 (94,4%) no presentaron nuevos episodios de erosión corneal recidivante durante el período de seguimiento. El caso restante presentó un nuevo episodio a las tres semanas, que respondió al tratamiento convencional con oclusión y no volvió a repetirse.
Durante el seguimiento de estos pacientes, no observamos ninguna complicación. La agudeza visual (con y sin corrección) no disminuyó postoperatoriamente en ningún caso. En once pacientes en los que el epitelio mal adherido producía una irregularidad de la superficie corneal y la lesión era central o paracentral, la agudeza visual postoperatoria mejoró gracias al alisamiento epitelial. En el resto de los casos, la lesión no causaba disminución visual preoperatoria y esta visión se conservó tras el tratamiento en todos ellos. Desde el punto de vista topográfico, no encontramos postoperatoriamente ningún tipo de irregularidad de la superficie corneal ocasionada por el tratamiento.
En ningún caso observamos durante el seguimiento la presencia de alteraciones de la transparencia corneal (haze) o cambios en la refracción del paciente. La profundidad que conseguimos con cada disparo es de unos 0,25 µm, por lo que el tratamiento completo de 20 disparos produce una ablación de 5 µm de profundidad, que no llega a atravesar a la membrana de Bowman (la cual tiene aproximadamente 12 µm de espesor) (23).
La ablación del estroma corneal con el láser excímer, ya sea en un tratamiento con QFR (queratectomía fotorrefractiva) o con QFT, puede conducir a la formación de opacidades corneales (haze) (24) o a un cambio refractivo (hacia la hipermetropía cuando se tratan lesiones en la zona central-paracentral) (14-15). La intensidad, tanto de las opacidades como de los cambios refractivos, es proporcional a la profundidad de la ablación que se realiza. En el caso de la erosión corneal recidivante, ya hemos comentado que la ablación no traspasa la membrana de Bowman y, por tanto, no se producen problemas de haze, hipermetropización o astigmatismo irregular.
La QFT en la erosión corneal recidivante ha demostrado ser efectiva tanto si el tratamiento se realiza durante la fase aguda de una crisis como si se realiza en un período libre de síntomas (25). Sin embargo, debido al dolor postoperatorio que experimentan los pacientes durante uno o dos días (similar al que produce una erosión corneal o una desepitelización), nosotros preferimos, en la medida de lo posible, realizar el tratamiento durante el episodio agudo.
Algunos pacientes manifestaron sensación de cuerpo extraño durante algunas semanas después del tratamiento, aunque de poca intensidad y sin presentar signos de erosión corneal. En todos los casos los síntomas fueron autolimitados y los tratamos con lubricantes tópicos durante el período en que estuvieron presentes. Estas molestias, que han sido también descritas por otros autores tras QFR y tras QFT (20), las observamos especialmente en los primeros casos que tratamos y, en nuestra opinión, podrían estar relacionadas con una desepitelización excesiva. La desepitelización es uno de los pasos más importantes en el tratamiento de estos pacientes y debe ser cuidadosa, con el fin de evitar:
a. lesiones sobre la membrana de Bowman; b. afectar a zonas de epitelio sano, bien adherido y c. invadir el epitelio periférico a menos de 1 mm del limbo.
De entre las técnicas quirúrgicas que han sido utilizadas para las erosiones corneales recidivantes que no responden al tratamiento convencional, las dos más extendidas son la desepitelización mecánica y las micropunciones estromales anteriores. Con la primera pueden conseguirse curaciones, pero el porcentaje de recidivas es todavía elevado. La segunda consiste en realizar punciones en el epitelio y el estroma subyacente del área afectada mediante una aguja hipodérmica (5-7) o el láser Nd: YAG (8). Las punciones crean un contacto directo entre epitelio y estroma que lleva a una síntesis de proteínas en el epitelio basal y, secundariamente, consigue mejorar la adhesión entre las dos capas (24). Este procedimiento ha demostrado ser efectivo, con un porcentaje de éxitos elevado (5,26), y como ventajas cuenta con un bajo coste y una técnica quirúrgica sencilla. Sin embargo, se han descrito distintas complicaciones tras su uso, como la aparición de cicatrices estromales anteriores que pueden disminuir la agudeza visual si la lesión es central o para-central (24), lesión endotelial localizada (24) e incluso perforación corneal (24), especialmente cuando se utilizan agujas de pequeño calibre.
En nuestra opinión, las micropunciones estromales anteriores pueden ser una alternativa razonable cuando no se dispone de láser excímer y se trata de lesiones focales, postraumáticas y localizadas en la periferia corneal; pero no deberían utilizarse nunca en pacientes con lesiones centrales o paracentrales, principalmente por el riesgo de pérdida de agudeza visual secundaria a la cicatrización. Con frecuencia tampoco son útiles en pacientes con distrofia de la membrana basal epitelial, ya que tienen una anomalía difusa y un tratamiento localizado no resuelve el problema.
El mecanismo por el cual la QFT es efectiva en el tratamiento de la erosión corneal recidivante todavía no se conoce con exactitud. Estudios histológicos en córneas de animales tras la fotoablación con láser excímer han demostrado un aumento de hemidesmosomas y de colágeno tipo Vil en la membrana basal epitelial (27,28). En un estudio en humanos se observó que la capa basal de células epiteliales forma una nueva membrana basal y múltiples hemidesmosomas dos semanas después de la fotoablación (29). En este mismo estudio también se observó que las células epiteliales forman unas ondulaciones de 4 µm que invaden el estroma corneal, con lo que aumenta de manera importante la superficie de adhesión (29). Otros estudios han demostrado lo extremadamente lisa que queda la superficie corneal tras la ablación con el láser excímer (30,31) y esto sin duda favorece la migración centrípeta de las células durante la reepitelización.
Como conclusión, podemos decir que la QFT en el tratamiento de la erosión corneal recidivante es una técnica efectiva y segura, ya que permite obtener un elevado número de éxitos (durante el seguimiento no necesitamos tratar de nuevo a ningún paciente) con un muy bajo porcentaje de complicaciones. Debido a que la ablación es muy superficial, no se producen problemas de opacificación corneal o cambio refractivo postoperatorio y, por tanto, de entre las múltiples patologías corneales que pueden tratarse con éxito mediante la QFT, la erosión cornneal recidivante es la que ofrece un menor número de complicaciones.
lnicialmente tratábamos sólo aquellos casos de erosión corneal recidivante recalcitrante, pero en la actualidad, y tras los resultados obtenidos, la consideramos como la técnica de elección para aquellos pacientes que presentan dos o tres episodios en un periodo corto de tiempo y, especialmente, en aquellos casos en que consideramos menos indicadas las micropunciones estromales (lesiones postraumáticas que afectan al área central-paracentral o erosiones espontáneas en pacientes con distrofia de la membrana basal epitelial).


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