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Introducción

En
1993, la compañía STAAR presentó unas nuevas
lentes intraoculares diseñadas para ser implantadas en la cámara
posterior con apoyo en el sulcus y fabricadas en un copolímero
de colágeno, lo que les proporciona un alto grado de biocompatibilidad.
La corrección de defectos refractivos mediante la implantación
de estas lentes en ojos fáquicos se presenta como alternativa
a los métodos de corrección mediante cambios estructurales
de la córnea.
Desde febrero de 1997, hemos realizado este tipo de intervenciones
a un grupo reducido de pacientes, cumpliendo las pautas de selección
y seguimiento marcadas por el propio laboratorio.
Material y métodos

Para
este estudio, se establecieron los siguientes criterios de selección:
-
Intervalo miópico entre las -2,5 D y las 19 D.
- Profundidad de la cámara anterior superior a 2,8 mm (medida
desde la cara interna de la córnea).
- Ausencia de ambliopía.
- Ausencia de lesiones retinianas.
- Ausencia de cataratas.
- Ausencia de patología glaucomatosa.
La población seleccionada presentó una distribución
de un 55,5% de mujeres y un 45,5% de hombres, con una edad media de
29 años (±8,7), un defecto refractivo medio de 9,3 D
(±7,56) en esfera y un cilindro medio de 1,3 (±0,75).
La agudeza visual sin corrección (AVSC) preoperatoria se situó
en un valor medio de 0,06 (intervalo de contar dedos a 0,5).
Respecto a la mejor agudeza visual corregida (MAVC), el valor medio
obtenido fue de 0,6 (±0,19).
La media de profundidad de la cámara anterior (PCA) fue de
3,5 mm (±0,2), excluyendo de esta medida el valor paquimétrico
(613,3 micras de media).
Métodos

Los
controles, tanto preoperatorios como postoperatorios, se instrumentalizaron
de la siguiente manera:
El dato de la PCA se obtuvo por la doble comprobación entre
el sistema de escáner tomográfico por hendidura (ORBTEK®)
y la ecografía de alta definición de cámara anterior
UBM. Ambos sistemas se utilizaron para controlar la posición
de la ICL en el seguimiento postoperatorio (centrado, separación
del cristalino y grado de inclinación).
Tanto para la determinación de la distancia "blanco-blanco"
como para el cálculo del poder queratométrico de la
córnea se utilizó el tomógrafo de hendidura.
Antes de la intervención quirúrgica se realizó
en todos los casos una doble iridectomía con láser de
YAG, con una separación de 90º entre una y otra para evitar
el bloqueo de ambas simultáneamente con la IGL.
La intervención quirúrgica se realizó bajo anestesia
local por infiltración única peribulbar inferior. Tras
el montaje de la IGL en su cartucho inyector, se realizó una
incisión de 3,0 mm en córnea clara temporal y, bajo
protección de viscoelásticos, se inyectó la IGL
en la cámara anterior, para luego reposicionarla en la cámara
posterior con un manipulador de lentes. Se extrajo el material viscoelástico
por lavado con acetilcolina y BSS.
Figura
1. Evolución postoperatoria
de la agudeza visual sin corrección óptica.

Figura
2. Evolución postoperatoria
de la mejor agudeza visual corregida.

Figura
3. Evolución del defecto
esférico residual.

Figuras
4 y 5. Evolución postoperatoria
de la paquimetría y la presión intraocular.

Resultados

Se
ha realizado un seguimiento estándar de tres meses, con controles
en la primera semana y a los uno, dos y tres meses.
La AVSC se incrementó ya desde el primer control a 0,7 (±0,2)
y se mantuvo estable en los siguientes controles (Figura 1). Respecto
a la MAVC media, encontramos una ganancia de casi dos líneas
en el primer control, que alcanza las dos líneas en el control
de los tres meses (Figura 2). El defecto esférico residual
esperado fue de 0,34 (±0,3) a los tres meses (Figura 3).
Ni la paquimetría ni la presión intraocular experimentaron
cambios significativos en los controles postoperatorios realizados
(Figuras 4 y 5).
En cuanto a las complicaciones presentadas, diferenciaremos las producidas
durante el acto quirúrgico de las que aparecieron durante los
controles postoperatorios. Entre las primeras, tuvimos siete casos
de implantación difícil debida a una mala evolución
durante la progresión por el inyector. En una ocasión
fue necesario recolocar la lente de nuevo en el inyector y en otra
se desplegó de forma invertida, por lo que hubo que voltearla
en la cámara anterior. En tres ocasiones, la lente sufrió
una ruptura durante su introducción, aunque sólo en
una la lente rota tuvo que ser explantada, debido a la pérdida
de material en la zona óptica.
Entre las complicaciones postoperatorias cabe mencionar la presencia
en seis casos de un edema estromal posquirúrgico, que remitió
por completo al cabo de una semana, y un caso de hipertensión
en el postoperatorio inmediato (24 horas), que remitió en el
primer control con tratamiento antiglaucomatoso tópico.
Tuvimos dos descentramientos de 1 mm que no han precisado recolocación
y dos casos de inclinación en el eje horizontal inferior a
50 micras.
Sin embargo, la complicación más frecuente es la presencia
de halos nocturnos, que manifiestan un 80% de los pacientes tratados.
En ningún caso hemos detectado glaucoma secundario o formación
de cataratas en los pacientes portadores de ICL.
Conclusiones

La
implantación de lentes de contacto intraoculares es un método
de corrección de los defectos refractivos de carácter
no invasivo. Esto conlleva las siguientes ventajas:
- se recupera inmediatamente la agudeza visual, puesto que se evita
el período de cicatrización subsiguiente a otro tipo
de procedimientos;
- efectividad de los resultados independiente del grado de defecto
a corregir, puesto que la corrección depende exclusivamente
de la potencia de la prótesis implantada, y
- lo más importante, reversibilidad, que le confiere posibilidades
de seguridad y actualización de los resultados.
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