Fundamentos y técnica quirúrgica de la implantación de segmentos de anillo
intracorneales en la cirugía de la miopía ligera


Dres. A. Ferrer, S. Kohnen, P. Brauweiler
Klinik Dardenne
Alemania

 

Introducción

El empleo de implantes sintéticos intracorneales para la corrección de problemas refractivos fue concebido inicialmente, en 1949, por Barraquer (18,46), quien en 1966 resumía los resultados relativamente desilusionantes de lo que él denominó queratofaquia aloplástica. Desde aquel entonces, se han diseñado numerosos métodos, técnicas y materiales para adaptar la implantación de diversos sistemas intraestromales para corregir la miopía, la hipermetropía, el astigmatismo y la presbiopía. Entre los más prometedores como alternativa quirúrgica para la corrección de la miopía, se hallan el Anillo lntracorneal Estromal (ICR®, KeraVision® Ring) y los Segmentos de Anillo lntracorneales Estromales (ICRS®, KeraVision® Ring).
El principio del Anillo lntraestromal Corneal de 360º fue concebido en 1978 por el optometrista americano Reynolds. En 1984 y 1985 tuvieron lugar los primeros experimentos en ojos de animales, a partir de 1988, los primeros ensayos preclínicos regulados por la Food and Drug Administration (FDA) y, desde 1991,los primeros ensayos clínicos controlados en 13 ojos amauróticos en Brasil y EEUU (19-22). También en 1991, Nosé y Belfort implantaban por primera vez el lCR 360º®en 10 ojos miopes videntes (23), de los cuales se han realizado controles de seguimiento desde entonces.
Los ensayos clínicos en "Fase II" se iniciaron en EEUU en 1993 y demostraron que los resultados refractivos obtenidos in vitro y con animales eran predecibIes y que las alteraciones obtenidas de la curvatura corneal permanecían estables. Asimismo se hallaron problemas de regeneración tisular a nivel de la incisión corneal, si bien pudieron ser resueltos tras investigaciones posteriores (24).
En 1993 se iniciaron estudios en Brasil sobre el ICR® en ojos astigmáticos.
En 1995 se inició en EEUU el estudio en "Fase II" para evaluar los Segmentos de Anillo lntraestromales (ICRS®) en ojos miopes y comenzó el estudio multicéntrico europeo (Estudio "Mecca") en Francia, al que se unieron en 1996 Austria, Inglaterra y Alemania.
En 1996, KeraVision obtuvo la aprobación de la FDA para proceder a la "Fase III" de evaluación clínica precomercial del ICRS® para el tratamiento de la miopía en los EEUU.
A finales de 1996 suman 500 los ojos implantados con un producto ICR® incluidos en estudios clínicos.
En abril de 1997 se inició la comercialización del ICRS® en Alemania, Francia y Austria tras obtener el símbolo de garantía de la Comunidad Económica Europea.


Métodos

Principio de acción.
El anillo KeraVision®, en su versión original de 360º, está fabricado en polimetilmetacrilato rígido (PMMA). Se trata de un anillo con una zona radial de discontinuidad que permite la implantación a través de una pequeña incisión radial en la periferia corneal. Los diámetros externo e interno son 8,1 mm y 6,8 mm, respectivamente. Para facilitar el proceso de implantación y evitar algunos problemas de reparación tisular en la zona de la incisión radial, se rediseñó el sistema, dando lugar a dos segmentos de anillo que obtienen un posicionamiento final distante de la zona de la incisión, con lo que se evita cualquier interferencia en el cierre de la incisión.
De este modo, el sistema de Segmentos de Anillo lntracorneales (ICRS®) lo componen dos pequeños hemiciclos o segmentos de anillo de PMMA con una longitud de arco de 150º. El diámetro exterior es de 8,1 mm y el interior de 6,7 mm. La sección es hexagonal (Figura 1).

Figura 1

El mecanismo de acción está basado en que la córnea tiene una estructura lamelar en el estrato estromal, hecho que permite una disección circular paralela a la superficie y, desde el punto de vista de la técnica, relativamente fácil de practicar. En un túnel así labrado es posible introducir un anillo (ICR-360º®, diseño inicial) o bien dos segmentos de anillo (ICRS®, diseño actual) sin perforar la córnea. El volumen así añadido al estroma corneal desplaza las laminillas de colágeno en el área periférica en que se implanta, lo que produce una disminución de la longitud de arco del área central de la córnea, es decir, un aplanamiento de la curvatura corneal central, con la consiguiente alteración de la refracción y corrección de la miopía (Figura 2).

Figura 2

El anillo KeraVision® está actualmente disponible en cinco grosores: 0,25 mm, 0,30 mm, 0,35 mm, 0,40 mm, 0,45 mm. El efecto de aplanación de la córnea central está en relación proporcional con el grosor del anillo KeraVision®, tal como se indica en la Tabla 1.
En su diseño inicial, el lCR estaba compuesto por un anillo rígido de PMMA, con una pequeña zona radial de discontinuidad (a fin de posibilitar la implantación) y dos pequeños orificios adyacentes a dicha zona de discontinuidad para permitir la fijación mediante sutura. El anillo (así como los modelos sucesivos) tiene una sección hexagonal y está configurado como parte de una estructura cónica que corresponde a la pendiente de una curvatura corneal de 3,5 mm aproximadamente. La implantación de este modelo inicial podía practicarse a través de una incisión corneal radial o paralela al limbo, si bien esta última técnica de implantación proporcionaba un efecto refractivo significativamente menor. Sin embargo, se mantenía la relación casi lineal entre el grosor del implante y el efecto refractivo. Debido a que, en algunos casos, se observaron trastornos de reparación tisular en la zona subyacente a la incisión, se desarrolló la técnica simplificada con segmentos de anillo (ICRS®) que podían ser implantados respetando una cierta distancia entre los extremos de los segmentos y el lugar de la incisión. Esta variación en el diseño y la técnica de implantación resolvió prácticamente el problema con la regeneración a nivel incisional.


Técnica quirúrgica

El preoperatorio incluye, además de la desinfección local del campo operatorio con povidona yodada al 2,5%, la paquimetría corneal central y periférica y el cálculo de los valores medios, a partir de los cuales se debe ajustar individualmente la profundidad de la incisión al valor equivalente al 68% del espesor corneal medido en la zona destinada a la incisión. Igualmente importante resulta el examen minucioso de los elementos disectores, para excluir cualquier tipo de defecto o deformación que pudiera conllevar una desviación en el ángulo de disección y una consiguiente perforación corneal.

La técnica quirúrgica comprende los siguientes pasos:

1. Marcado del centro geométrico de la córnea. Se emplea para ello un anillo de 11 mm de diámetro con una marca central y se crea una pequeña depresión con un gancho de Sinskey. Se realiza sin miosis previa.

2. Marcado de la zona de incisión y la de posicionamiento de los segmentos de anillo mediante un marcador especial que se centra con referencia al centro geométrico corneal.

3. Incisión radial de 1,8-2,0 mm a las XII horas. Se efectúa con un cuchillete de diamante con 15º de angulación y calibrado a una profundidad equivalente al 68% del valor medio de la paquimetría corneal en el punto de la incisión.

4. Disección de dos fondos de saco estromales a izquierda y derecha del fondo de la incisión creada. Se utiliza un separador corneal y/o un gancho de Sinskey. Los fondos de saco constituyen el principio de los túneles corneales que posteriormente alojan los ICRS® y es importante que queden en la profundidad intencionada para evitar una posterior disección demasiado superficial.

5. Posicionamiento del anillo de succión y guía de disección. El anillo de succión centrado con respecto a la marca central inicial fija el globo ocular y sirve de guía para la posterior disección de los túneles o canales de implantación. lnicialmente se aplica creando una presión de vacío de 400-500 mBar, para posteriormente aumentar hasta los 600-667 mBar, si el posicionamiento y el centrado son correctos.

6. Disección de los túneles de implantación. Sobre la guía que incorpora el anillo de succión se monta el primer cilindro de disección con la hoja disectora semicircular en el sentido de las agujas del reloj. Con una espátula, previamente introducida en el fondo de saco estromal creado a partir de la incisión, se guía la hoja de disección, de modo que ésta se introduzca por debajo de la primera en el fondo de saco a la profundidad adecuada. La espátula se extrae y el cilindro de disección se gira lentamente en el sentido de las agujas del reloj hasta completar así la disección de un túnel semicircular de unos 190-200º de longitud de arco que se extiende hasta las VI horas. El cilindro se gira entonces en sentido contrario, se extrae la hoja disectora del túnel labrado y se desmonta el cilindro, para repetir la misma operación en sentido inverso con el cilindro de disección con hoja semicircular en sentido contrario a las agujas del reloj. El tiempo total de aplicación del anillo de succión no debería sobrepasar los cinco minutos. Cabe remarcar que los elementos disectores son romos, es decir, que la disección de los túneles de implantación se basa en la separación no cortante de las fibrillas del estroma corneal.

6. Implantación de los segmentos de anillo intracorneales (ICRS®).Tras retirar el anillo de succión, se irriga abundantemente la zona de la incisión para evitar implantar células del epitelio corneal en el túnel recién labrado. La inserción de los ICRS® en los túneles corneales se lleva a cabo con ayuda de una pinza especialmente diseñada y el posicionamiento final hasta el límite anteriormente marcado, con un gancho de Sinskey. Debe tenerse en cuenta evitar meticulosamente el contacto de los implantes con la superficie del ojo o con las pestañas.

7. Sutura de la incisión. Se practican 1-3 suturas simples con nailon 11-0, de modo que los bordes de la incisión queden adaptados sin tensión y los nudos enterrados en el estroma.

8. Vendaje oclusivo con pomada antibiótica y esteroidal. Se mantiene hasta el cierre completo del defecto epitelial en el área incisional. En lastres primeras semanas del postoperatorio se recomienda medicación local con gotas de antibiótico y esteroides en dosis decrecientes. Las suturas se retiran generalmente a las cuatro semanas. En caso de suturas laxas o de astigmatismo inducido se pueden retirar antes.

Anestesia.
De entre todas las variaciones de anestesia aplicables en oftalmocirugía, suele recomendarse la anestesia tópica con HCL de lidocaína al 4% o bien HCL de tetracaína al 0,5% en combinación con sedación intravenosa de corta duración, complementada con la comunicación verbal con el paciente. Esta técnica exige la cooperación por parte del paciente y una cierta experiencia del cirujano, pero es perfectamente factible si se cuenta con un anestesista que controle la sedoanalgesia y si se toma la precaución de informar al paciente acerca de los fenómenos visuales y las sensaciones que le esperan durante la intervención. Entre estas últimas cabe destacar la sensación importante de presión durante la fase de fijación del globo ocular mediante el anillo de succión, sensación que frecuentemente va acompañada de un periodo de amaurosis o "black-out" producida por la elevación de la presión intraocular y que puede inquetar alarmantemente al paciente no informado.
La anestesia peri o retrobulbar es, naturalmente, practicable, pero presenta el riesgo de producir una quemosis conjuntival que podría resultaren una fijación insuficiente del globo ocular y un aplazamiento de la intervención.
En caso de condiciones anatómicas especiales (hendidura palpebral estrecha, enoftalmo relativo, etc.) o de tratarse de los primeros casos, sería recomendable la anestesia general.

Complicaciones potenciales en relación con la técnica de implantación
1. Disección lamelar anormal. Ocasionalmente, la disección de los túneles de implantación de los ICRS® puede quedar en un plano excesivamente superficial o excesivamente profundo, con el riesgo potencial de trastornos en el trofismo del tejido corneal adyacente al segmento de anillo implantado, o bien de perforación de la superficie anterior o posterior corneal durante la implantación. Las causas de una disección lamelar anormal suelen ser los errores de cálculo paquimétrico, una incisión radial de profundidad inadecuada y la creación de los fondos de saco estromales en un plano demasiado superficial o demasiado profundo a partir del fondo o suelo de la incisión radial. Asimismo, un defecto en una cuchilla disectora (por ejemplo, producido durante la esterilización del material) puede dar lugar a una disección anormal ya una posible perforación.
2. Implantación de los lCRS® en planos estromales significativamente distintos. Puede dar lugar a una alteración del efecto refractivo deseado y a un astigmatismo posiblemente irregular, sobre todo en el caso de darse una superposición de los segmentos de anillo.
3. Túneles de implantación gravemente descentrados. Esto puede ocasionar astigmatismo, o bien la aparición de halos o reflejos causados por uno de los segmentos de anillo implantado demasiado próximo a la pupila.
4. Ruptura de un ICRS®.
5. Avance incompleto de un ICRS® en el túnel de implantación. En caso de quedar un segmento de anillo posicionado en la proximidad inmediata de la incisión radial, puede conllevar trastornos de reparación tisular de la incisión radial.


Resultados

Complicaciones potenciales relacionadas con la acción del anillo de fijación.
1. Relacionadas con la elevada presión de vacío. La presión de vacío que el anillo de fijación ejerce sobre el globo ocular provoca una elevación de la presión intraocular del orden de 80 mmHg, fenómeno que puede dar lugar a complicaciones como las siguientes:

- Hemorragia perilimbal, quemosis conjuntival e hiposfagma, complicaciones que también pueden surgir como consecuencia de la inyección de anestésico.
- Aparición de dolor intraoperatorio, similar al descrito en glaucomas agudos de ángulo estrecho.
- Daños en la retina (oclusión vascular, fenómenos regmatógenos).
- Amaurosis fugaz.

2. Relacionadas con una presión de vacío insuficiente:

- Fijación insuficiente del globo ocular.
- Disección anormal de los túneles de implantación.

Ventajas del sistema ICRS®
La implantación de los ICRS® como alternativa quirúrgica para la corrección de la miopía ligera presenta ventajas de índole teórica y práctica clínica en comparación con técnicas refractivas como la RK (queratotomía radial), la PRK (fotoqueratectomía refractiva) y el LASIK (láser in situ queratomileusis). Entre ellas cabe destacar:

1. Preservación quirúrgica del centro corneal o eje óptico. Tanto la totalidad del procedimiento quirúrgico, a excepción del marcado del centro geométrico de la córnea, como el principio de acción del sistema excluyen absolutamente el tratamiento directo del eje óptico corneal. Ello permite excluir el riesgo de aparición de opacificaciones corneales ("haze") y de efectos visuales colaterales (41), como en casos tratados con PRK (47), y que en determinadas circunstancias pueden limitar la agudeza visual de manera notable. Asimismo, el sistema de ICRS® permite reducir notablemente el riesgo de generar el astigmatismo elevado e irregular que se ha observado en algunos casos tras RK.

2. Conservación de la asfericidad positiva de la córnea. La asfericidad positiva de la córnea (es decir, la disminución de la curvatura desde el centro hacia la periferia) permanece conservada tras la implantación de los ICRS®, hecho que permite que la aberración esférica, la sensibilidad al contraste y al deslumbramiento permanezcan prácticamente inalterados y reduce la probabilidad de aparición de halos con posterioridad a la intervención (20,27,31).

3. Independencia práctica de fenómenos de reparación tisular. Técnicas como la RK, la PRK y el LASIK activan mecanismos locales de reparación tisular como consecuencia de la creación de incisiones radiales o de la fotoablación del tejido corneal. Dichos mecanismos de reparación tisular, de los cuales depende en parte el resultado final del efecto refractivo alcanzado, están sujetos a variaciones individuales (son los "low responders" y "aggressive healers" de la literatura angloamericana) que tienen influencia en la prediotibilidad y la estabilidad del efecto deseado. El sistema de ICRS® induce un efecto refractivo independiente de dichos fenómenos de reparación tisular, a excepción de la cicatrización de la incisión radial periférica situada a las XII horas. Ello deriva en una buena prediotibilidad y una rápida estabilización del efecto refractivo.

4. Explantación y reversibilidad. La implantación de un material biológicamente inerte como el PMMA en el estroma corneal no produce ningún tipo de unión permanente entre ambos. Por esta razón, la explantación de los ICRS® es practicable sin dificultades quirúrgicas importantes y con un riesgo mínimo (42). La experiencia con los relativamente pocos casos de explantaciones sugiere que la reversibilidad del efecto refractivo es prácticamente total, ya que la refracción y la agudeza visual regresaron en dichos casos de explantación a los valores preoperatorios y permanecieron estables (43).

5. Ajustabiidad. Dada la viabilidad de una explantación, cabe la posibilidad, en casos de corrección insuficiente o excesiva, de sustituir los ICRS® por otros de grosor más adecuado, permitiendo así un ajuste del efecto refractivo, dentro de ciertos límites. Sin embargo, se carece hasta la fecha de un número de casos suficiente como para elaborar resultados estadísticos sólidos (KeraVision® Surgeon Training Manual).

Desventajas del sistema ICRS®
Las desventajas fundamentales que actualmente presenta este sistema pueden resumirse en tres puntos:

1. El intervalo de corrección es aún reducido.
2. Sólo disponemos de poco más de seis años de experiencia crítica.
3. Hay que respetar unos criterios de indicación estrictos.


Conclusión

El sistema de segmentos de anillo intracorneales estromales es un método moderno de corrección quirúrgica de la miopía ligera. Sus características más destacadas son la mínima invasibilidad, la preservación del centro corneal, el bajo riesgo de efectos visuales colaterales y la reversibilidad tras la explantación.


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