Foto diagnóstica

Dres. E. Muiños, S.J. Muiños, A. Muiños
Centro de Oftalmología Barraquer
C/Laforja, 88
08021 Barcelona

 

Caso clínico

Una mujer de 40 años de edad acude de urgencia por presentar visión borrosa de quince días de evolución en su ojo izquierdo (OI). Como antecedentes personales de interés, sufre una traslocación cromosómica 3,12, que no le ocasiona ninguna alteración sistémica. Su agudeza visual con corrección es de 0,95 N1 en ambos ojos (AO) con metamorfopsia en el Ol.
La exploración del segmento anterior es normal en AO, así como la del segmento posterior del ojo derecho (OD). El segmento posterior del OI muestra múltiples áreas de alteraciones del epitelio pigmentario de la retina (EPR) con bordes blanquecinos con un patrón dendrítico. Algunos de ellos inician pigmentación y se hacen confluentes. En el polo posterior y parafoveal existen dos focos blanquecinos sin alteración pigmentaria (Figura 1).
La angiografía fluoresceínica (AGF) del OD es normal y en el Ol aparecen en tiempos tempranos zonas hipofluorescentes coincidentes con los focos que vimos oftalmoscópicamente (Figura 2), los cuales van aumentando la fluorescencia a medida que pasan los tiempos angiográficos, mientras que el resto de las alteraciones presenta hipofluorescencia o hiperfluorescencia, dependiendo de si se trata de áreas de acumulaciones de pigmento o áreas de despigmentación.
En la angiografía con verde de indocianina (ICG) del Ol aparece una alteración de la coriocapilar en tiempos iniciales que se va haciendo marcadamente hipofluorescente en los tiempos tardíos de la prueba (Figura 3). Tampoco aquí aparece ninguna lesión en el OD.
Decidimos observar. A los 30 días, los focos blanquecinos habían desaparecido, dejando una alteración del EPR.

Figura 1. Retinografía del polo posterior
a los quince días del inicio de los síntomas.

Figura 2. AGF en tiempos tempranos.
Se ve la hipofluorescencia de
las lesiones de polo posterior.

Figura 3. ICG en tiempos tardíos.
Marcada hipo fluorescencia
de las lesiones.

Tras valorarlos datos que nos brindaba la anamnesis y la exploración, concluimos que se trata de un caso de epiteliopatía pigmentaria placoide multifocal aguda (EPPMA).


Discusión

La EPPMA, descrita por primera vez por Gass (6), se caracteriza por la aparición en ambos ojos de varias lesiones blancoamarillentas, planas y a modo de placas en el EPR del polo posterior y la periferia media (3). El inicio de esta enfermedad sigue muchas veces a un proceso gripal (1,11) y aparece con una disminución brusca de la AV. Durante las primeras semanas, estas lesiones se pueden hacer mayores e incluso aparecer otras nuevas, a la vez que se van resolviendo las más antiguas (11). El cuadro se resuelve dejando atrofia e hiperpigmentación de las zonas de la lesión.
En la AGF es característico ver una hipofluorescencia temprana de las lesiones activas que lentamente, con el paso de la fluoresceína, se van haciendo hiperfluorescentes. Cuando el proceso se resuelve, sólo podemos observar en los tiempos tempranos trasmisión de la fluoresceína en las áreas despigmentadas e hipofluorescencia en las zonas con pigmento (15).
Con ICG aparecen como lesiones hipofluorescentes que se acentúan en tiempos tardíos del angiograma. Una vez resuelto el cuadro, estas zonas permanecen hipofluorescentes, aunque con un tamaño algo menor (15).
En las primeras descripciones, Gass (6-8) pensó que la causa de esta enfermedad estaba en una inflamación del EPR, lo que justificaría la hipofluorescencia en la AGF de estas lesiones, por el efecto pantalla que provocaría el edema y la inflamación de las células del EPR. Más tarde, se pensó en una alteración primaria a nivel vascular coroideo que afectaría secundariamente al EPR (5,14,16,17). Se trataría de una obstrucción parcial coroidea que provocaría los cambios suficientes para aparecer en la angiografía, pero no tan importante como para ocasionar una disfunción retiniana. Esta obstrucción parcial permitiría explicarla permanencia de la hipofluorescencia en la ICG una vez pasado el brote agudo (9,12).
Se han descrito multitud de alteraciones oculares (6,13) y sistémicas, intentando dar una explicación fisiopatológica del origen de esta enfermedad. Se trataría de enfermedades producidas por un mecanismo de hipersensibilidad retardada (tipo IV), que podría ser el origen también de la obstrucción vascular parcial coroidea (12). En nuestro paciente ninguna de ellas estaba presente.
El diagnóstico diferencial lo haremos con la coroiditis serpiginosa, así como con la coroiditis multifocal con panuveitis (7).
En alguna ocasión se ha descrito oftalmoscópicamente una EPPMA unilateral (4,8,13,14), pero a través de la AGF se vio un flujo coroideo anormal. El caso que presentamos, se corresponde tanto oftalmoscópicamente como angiográficamente con los hallazgos de una EPPMA unilateral, aunque no descartamos que en el transcurso de los meses puedan aparecer lesiones similares en el otro ojo.
Nota: Aceptamos discusiones diagnósticas en cartas al director


Bibliografía

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