Revisión bibliográfica sobre terapia preventiva de la endoftalmitis en la cirugía intraocular

Dr. J. Sevilla Galán
lnstitut Català de Retina


Resumen

Realizamos una revisión bibliográfica sobre la terapia preventiva de la endoftalmitis en la cirugía intraocular. Se analizan las etiologías, con los hallazgos clínicos y de laboratorio encontrados en el preoperatorio, durante la cirugía y en el postoperatorio. Se plantean unas pautas terapéuticas y el porqué de las mismas. Concluimos con una propuesta de protocolo.


Introducción

El objetivo de este artículo es hacer una revisión bibliográfica de los protocolos del tratamiento profiláctico de la endoftalmitis posquirúrgica. En el mismo se analizan las etiologías más frecuentes, así como el porqué de la utilización de unos determinados fármacos y de sus vías de administración.
Al hablar de procesos infeccioso-inflamatorios que afectan al globo ocular y, más concretamente, de la afectación intraocular, hay que hacer un breve repaso de cuál ha sido la evolución de los mismos en relación con las medidas terapéuticas disponibles en cada momento. Antes de la introducción de la cirugía intraocular, los mecanismos implicados en su génesis eran dos, los traumatismos perforantes y las metástasis endógenas. Estos procesos desembocaban en la gran mayoría de ocasiones, por no decir siempre, en la pérdida de la función visual.
La cirugía intraocular, en sus inicios, debido tanto a las técnicas quirúrgicas utilizadas como a la falta de medios antisépticos y de antibióticos, supuso un incremento importante de la incidencia de procesos infeccioso-inflamatorios. Con el paso de los años, hemos ido observando cómo la introducción de unos protocolos de asepsia prequirúrgica, la mejora de las técnicas quirúrgicas y la utilización de antibióticos han comportado un gran frenazo a la aparición y desarrollo de esta devastadora complicación que es la endoftalmitis.


Revisión bibliográfica

Actualmente, la endoftalmitis postoperatoria representa el 70% del total de endoftalmitis (1), mientras que la postraumática representa el 25% y la forma endógena el 5% (Figura 1). En relación con la forma postoperatoria, la incidencia observada se sitúa entre el 0,05% y el 0,68% (2-6), variando en función del tipo de cirugía realizada. Las cifras aportadas por Kattan et al. (7) son (Figura 2):

- EEC: 0,072%
- Vitrectomía posterior: 0,051%
- Queratoplastia penetrante: 0,11%
- Implante 2: 0,030%
- Cirugía filtrante: 0,061%

Figura 1. Mecanismos implicados
en la génesis de la endoftalmitis
en la actualidad.

Por otra parte, la incidencia de endoftalmitis secundaria a un traumatismo perforante varía según los diversos autores. Según Shingleton et al. (8) oscila entre un 2% y un 10%, en función de la presencia o no de un cuerpo extraño intraocular.
La profilaxis de la infección posquirúrgica se basa en dos principios: crear un campo quirúrgico lo más estéril posible y evitar el desarrollo de la infección en los días posteriores a la cirugía. Se han publicado numerosos estudios en relación con la flora conjuntival, los gérmenes implicados en los casos de endoftalmitis, las vías de penetración y los niveles intraoculares de diferentes antibióticos, todo ello con el fin de reducir al máximo las tasas de esta patología. En la revisión realizada por Gómez et al. (9), los agentes implicados en la mayoría de endoftalmitis postoperatorias precoces eran los siguientes (Figura 3):

- St epidermidis 44%
- St aureus 19%
- Streptococcus sp 10%

- Gram - 15%
1º Proteus
2º Pseudomona aeruginosa
3º Haemophilus influenza

Allen et al. (10) y Meredith (11) han concluido que no existe ninguna forma de tratamiento que destruya toda la flora microbiana en todos los pacientes o prevenga todos los casos de endoftalmitis.
El cultivo preoperatorio tiene interés en pacientes con evidencia clínica de infección en la superficie ocular, como blefaritis, conjuntivitis, canaliculitis y dacriocistitis. Estos pacientes tienen un riesgo aumentado indudable de infección si no hay desinfección de la superficie (12), aunque es preferible el tratamiento de estas patologías antes de la realización de la cirugía (13).
AlIen y Mangiaracine (10) comparan la incidencia de endoftalmitis tras la cirugía de cataratas con y sin uso de antibióticos tópicos profilácticos. De 600 intervenciones realizadas sin profilaxis preoperatoria, se observaron 5 casos de infección postoperatoria (0,75%). De 19.340 pacientes que recibieron varios regímenes de antibióticos preoperatonos, se observaron 17 infecciones posquirúrgicas (0,0879%), lo que sugiere que el uso preoperatorio de antibióticos tópicos reduce la incidencia de endoftalmitis postoperatoria (Figura 4).

Figura 2. Distribución de las tasas
de endoftalmitis según el tipo de cirugía.
(Kattan et al. Ophthalmology 1991;98:227-38).

Figura 3. Gérmenes implicados
en la endoftalmitis postoperatoria
(Gómez et al. St. Ophthalmol
1994;Xll(3):195-200).

Figura 4. Incidencia de endoftalmitis
posquirúrgica con y sin profilaxis
tópica antibiótica (Allen y Mangiaracine.
Arch Ophthalmol 1974;91:3-7).

Figura 5. Gráfica de las tasas de contaminación de la cámara anterior
al finalizar la cirugía frente a la incidencia de endoftalmitis pos quirúrgica
(Sherwood et al. Eye 1989;3:308-312; Dickey et al. Am J Ophthalmol 1991;112:278-82;
Ariyasu et al. Invest Ophthalmol Vis Sci (Annual Meeting Abstract Issue) 1992;3:3642-35;
Duch et al. St Ophthal 1993;XII(2):103-4).

Figura 6. Tasas de endoftalmitis con el uso de antibióticos
en el líquido de infusión (Gills. J Cataract Refract Surg 1991;17:385;
Peyman et al. Ophthalmic Surg 1994;25:671-4).

Diferentes autores han demostrado que entre un 25% y un 44% de los casos de cirugía no complicada de cataratas presentan contaminación del fluido de la cámara anterior (14-17). Si comparamos estas cifras con la incidencia de endoftalmitis posquirúrgica (0,05-0,68%), observamos una baja tasa de esta complicación, a pesar de que sería de esperar una mayor frecuencia de la misma (Figura 5). Esto hace suponer que los mecanismos de defensa del organismo se encargan de controlar, en la mayoría de ocasiones, a los agentes infecciosos implicados; sin embargo, no hay estudios que hayan profundizado en este tema. Esta diferencia entre tasas nos indica que, aunque afortunadamente la cifra de endoftalmitis es relativamente baja, para lo que cabría esperar, no podemos adoptar una actitud pasiva ante esta complicación y, por tanto, debemos tomar las medidas oportunas para evitarla. Tal como concluyeron AlIen y Mangiaracine (10), el uso preoperatorio de antibióticos tópicos reduce la incidencia de endoftalmitis postoperatoria. En relación a la elección del fármaco a utilizar en la profilaxis tópica, debemos tener en cuenta los siguientes puntos:

- En todos los artículos revisados (12,18-24) y en función de los gérmenes implicados, se aconseja la utilización de antibióticos de amplio espectro que cubran tanto a los gram + como a los gram -.

- Algunos datos clínicos sugieren que trimetoprim-polimixina B representa un papel muy importante en el tratamiento tópico de las conjuntivitis y blefaroconjuntivitis basado en el resultado de los cultivos y en la respuesta clínica (12,18-21).

- Osato et al. (24) observaron que el ofloxacino tenía un menor CIM 90 que otros cinco antibióticos (norfloxacino, gentamicina, tobramicina, clramfenicol y polimixina B).

- Jensen (23) encontró que la tasa de resistencias del ciprofloxacino es menor que la del norfloxacino (7,3% frente al 16,9%) y la de éste menor que la de la tobramicina (40%).

- Von Gunten et al. (25) y, posteriormente, Donnenfeld et al. (26), demuestran que los niveles alcanzados de ofloxacino tras la administración tópica al 0,3%, así como tras la administración por vía oral, el fármaco alcanza niveles terapéuticos en la córnea y en el humor acuoso. Estos niveles superaron con creces el 90% de la concentración inhibitoria mínima para la mayoría de bacterias causantes de endoftalmitis y de úlcera corneal. La adición de ofloxacino oral al tratamiento tópico multiplicó por siete la penetración en el humor vítreo.

- El norfloxacino y el ofloxacino alcanzan la misma concentración en humor acuoso tras la administración tópica (22).

Como resumen de estos datos, podemos afirmar que: norfloxacino, ciprofloxacino y trimetoprim + polimixina B representan una buena elección como tratamiento profiláctico tópico de la endoftalmitis en la cirugía intraocular.
Los trabajos de Apt et al. (27-28), lsenberg et al. (29), Boes et al. (30) y Speaker (31) concluyen que la esterilización cutánea con povidona yodada al 10% y la de los sacos conjuntivales con la misma sustancia al 5%, reducen de forma importante las colonias de bacterias y, por tanto, reducen la incidencia de infecciones postoperatorias. Asimismo, Apt eta!. (28) indican que la asociación de la asepsia tópica con povidona y la cobertura antibiótica, también tópica, mejoran el efecto antibacteriano.
Actualmente, la FDA tiene aprobada la asepsia preoperatoria con povidona yodada.

Figura 7. Representación gráfica de las tasas de endoftalmitis
en función del antibiótico del suero de infusión
(Gills. J Cataract Refract Surg 1991;17:385;
Peyman et al. Ophthalmic Surg 1994;25:671-4).

En el estudio realizado por Duch et al. (17), se observaron diferencias significativas entre los gérmenes aislados en el frotis conjuntival y los gérmenes que crecieron en el cultivo del fluido de la cámara anterior al finalizar la intervención. Nolan (32) encontró que, en un 35% de pacientes intervenidos de cataratas, los cultivos del frotis conjuntival obtenidos en los días previos a la cirugía eran diferentes a los obtenidos durante la cirugía, en ausencia de un tratamiento antibiótico profiláctico (Figura 6). Estos datos sugieren que la profilaxis preoperatoria, aunque correcta, es insuficiente para evitar todos los casos de endoftalmitis posquirúrgica.
Barza et al. (33) han estudiado la penetración intravítrea de la ceftriaxona, la ceftazidima y la vancomicina después de la inyección subconjuntival en ojos humanos, obteniendo altas concentraciones en humor acuoso, pero pobre penetración en el vítreo. Los mismos datos fueron observados por Clement et al. (34). Recientes casos de infartación macular después de la cirugía de cataratas han sido atribuidos a la inyección inadvertida de antibióticos subconjuntivales al finalizar la misma, lo cual ha llevado a sugerir que esta vía es peligrosa como ruta profiláctica (11).
El uso profiláctico de antibióticos en el fluido de irrigación en la cirugía del segmento anterior ha sido sugerido por Gilis (35). Este autor ha informado de una sola infección en 20.000 cirugías de catarata (0,005%) en las cuales usó
8 µg/ml de gentamicina en el líquido de infusión, una infección en 9.928 pacientes (0,01007%) intervenidos usando vancomicina (20 µg/ml) y ninguno en 25.000 casos usando ambos antibióticos (Figura 7). Peyman et al. (36) recomiendan también la utilización de antibióticos en el fluido de irrigación utilizado en las vitrectomías. Si bien esta medida se ha mostrado eficaz en los casos de traumatismos penetrantes, quedan preguntas sin responder en la cirugía de casos no traumáticos. La máxima dosis no tóxica de gentamicina que puede ser añadida al suero de infusión de la vitrectomía es de 8 µg/ml. La inyección de dosis superiores a 500 µg de gentamicina produce cataratas y degeneración retiniana. En cuanto a la amikacina, dosis superiores a 750 µg producen también degeneración retiniana y catarata; el máximo de dosis no tóxica es de 10 µg/ml (37). Según Campochiaro et al. (38), la reacción tóxica con el uso de aminoglucósidos puede ocurrir incluso cuando se utilizan inyecciones de bajas dosis y se toman precauciones para evitar errores en la dilución. Respecto a la vancomicina, una concentración de 30 µg/mI en el suero de la infusión ha resultado ser no tóxica para la retina (39), aunque la mayoría de autores utilizan 20 µg/ml. En la actualidad son bastantes los cirujanos oftálmicos que están utilizando estos fármacos en el líquido de infusión durante la cirugía intraocular; sin embargo, difieren en las concentraciones utilizadas. Hay autores que, en caso de rotura de la cápsula posterior, cambian la botella de infusión, utilizando concentraciones diferentes para el compartimento anterior y el posterior. Las cifras de 8 µg/ml de gentamicina y 20 µg/ml de vancomicina se pueden utilizar indistintamente en el segmento anterior y en el posterior. Debido a la toxicidad de los aminoglucósidos, algunos autores los sustituyen por la ceftazidima; sin embargo, las concentraciones de ceftazidima superiores a 3 mg/ml en el suero de infusión intraocular presentan toxicidad endotelial (40).
Hasta ahora hemos hablado de la profilaxis preoperatoria e intraoperatoria, pero, dado que en los últimos años un importante número de oftalmólogos, de éste y otros países, han puesto en marcha la llamada "cirugía ambulatoria" para la realización de intervenciones tanto del segmento anterior como del posterior y, por otro lado, también son muchos los que llevan a cabo la facoemulsificación "sin sutura", se ha de tener presente que, por una parte, el riesgo de endoftalmitis aumenta y, por otra, la detección de la forma "aguda precoz" de esta patología es difícil, ya que suele presentarse desde unas pocas horas hasta 48-72 horas después de la cirugía, y los controles postoperatorios, tanto de las cirugías no complicadas como de las formas que se acompañan de la rotura de la cápsula posterior del cristalino, no se realizan diariamente. Por ello es conveniente, o recomendable, la utilización de un tratamiento que dé cobertura a esta posibilidad. En los puntos siguientes voy a hacer un pequeño análisis de la situación.
Los únicos antibióticos sistémicos que consiguen niveles intravítreos significativos son la ceftriaxona (cefalosporina de tercera generación), el imipenem y las fluorquinolonas (41). En los dos primeros casos la administración es por vía parenteral, por lo que reducen sus posibilidades en cuanto a la utilización como fármacos profilácticos, ya que no se pueden emplear de forma ambulatoria. Por otro lado, las fluorquinolonas orales son unos fármacos cómodos y útiles en la profilaxis de la endoftalmitis. Monk et al. (42) argumentan que las fluorquinolonas presentan un perfil farmacológico mejor que otros antibióticos por su buena penetración intraocular. Entre las fluoroquinolonas, el ofloxacino y el ciprofloxacino son las más efectivas en términos de espectro antibacteriano (43).
Hay una discusión en la literatura oftálmica para formular las indicaciones de la profilaxis con quinolonas durante la cirugía. Según Starr et al., éstas deberían ser usadas en pacientes de alto riesgo (12):

- Pacientes con visión en un solo ojo.
- Pacientes con antecedentes de endoftalmitis en ojo adelfo.
- lnmunodeprimidos o con alto riesgo de desarrollar infección por estafilococo meticilinresistente.

Sin embargo, como ya dije anteriormente, la cirugía ambulatoria y la cirugía "sin suturas" pueden hacer ampliar estos criterios.
Kowalski et al. (44) observaron que, tras la administración de ciprofloxacino (v.o.), se obtenían unas cifras de 0,53 ± 0 25 mg/l en el humor acuoso y de 0,51 ± 0,35 en el humor vítreo. Estos niveles, aunque más altos que los conseguidos con la mayoría de antibióticos de administración sistémica, son insuficientes para confiar en ellos para el tratamiento de una endoftalmitis establecida, aunque sí son suficientes para la prevención de las mismas.

Tabla 1

El grepafloxacino es una nueva fluoroquinolona que se incorpora al arsenal terapéutico frente a todo tipo de infecciones y, en particular, en el campo de la oftalmología, en el tratamiento y prevención de las infecciones intraoculares. Con una posología de una sola dosis al día, mantiene una elevada penetración tisular y un amplio espectro de actividad antimicrobiana, superando de forma significativa al resto de quinolonas frente al St. Epidermidis.
En cuanto a la actividad antimicrobiana del grepafloxacino, en la Tabla 2 recogemos los resultados de un primer estudio realizado por Ohguro et al. (45) en el Tokushima Research lnstitute de Tokushima (Japón).
Gracias a estos resultados se puede afirmar que:

1. El grepafloxacino es más eficaz que el ciprofloxacino y el ofloxacino frente a los patógenos que aparecen con mayor frecuencia en las endoftalmitis postoperatorias.
2. El grepafloxacino presenta una vida media más larga que el ciprofloxacino y el ofloxacino, permitiendo la administración de un único comprimido diario (46). Por otra parte, varios estudios afirman que las concentraciones tisulares de grepafloxacino superan claramente a las alcanzadas por el ciprofloxacino (47).

Por todo lo comentado, el grepafloxacino parece ser una fluoroquinolona con un espectro de actividad ideal, que alcanza altas concentraciones tisulares y permite una posología cómoda, especialmente indicada para asegurar el cumplimiento del paciente ambulatorio.
Recientemente han aparecido dos nuevas fluoroquinolonas que están en estudio: sparfloxacino y trovafloxacino.
Si partimos de la idea según la cual la antibioterapia profiláctica sistémica ha sido clásicamente desaconsejada en la cirugía ocular o, por lo menos, su utilidad puesta en duda, los datos hasta ahora expuestos nos llevan a la conclusión de que esta idea debe ser revisada, ya que disponemos de antibióticos bien tolerados, con un amplio espectro de acción, una óptima penetración en los medios
intraoculares y una cómoda administración por vía oral, lo cual facilita el cumplimiento por parte del paciente y asegura al médico la protección frente a la endoftalmitis posquirúrgica. Estos datos permiten y aconsejan la utilización de las fluoroquinolonas en dicha profilaxis.
Retomando las conclusiones de Allen et al. (10) y Meredith (11), puesto que no existe ninguna forma de tratamiento que destruya toda la flora microbiana en todos los pacientes o prevenga todos los casos de endoftalmitis, pensamos que una asociación de las diversas medidas terapéuticas profilácticas sería la mejor manera de aproximarnos al riesgo cero de sufrir una complicación infecciosa en el postoperatorio de la cirugía intraocular.


Conclusiones

1. La postoperatoria representa el 70% del total de endoftalmitis.
2. La profilaxis de la infección posquirúrgica se basa en dos principios:
- crear un campo quirúrgico lo más estéril posible y
- evitar el desarrollo de la infección en los días posteriores a la cirugía.
3. No existe ninguna forma de tratamiento que destruya toda la flora microbiana en todos los pacientes o prevenga todos los casos de endoftalmitis.
4. La profilaxis preoperatoria, aunque correcta, es insuficiente para evitar todos los casos de endoftalmitis posquirúrgica.
5. La inyección subconjuntival de antibióticos es peligrosa y sólo consigue niveles adecuados del fármaco en el humor acuoso, pero no en el vítreo.
6. El uso de antibióticos en el fluido de irrigación durante la cirugía de la catarata y en la vitrectomía posterior reduce los riesgos de endoftalmitis, aunque algunos de los fármacos utilizados puedan producir toxicidad local.
7. Los únicos antibióticos sistémicos que consiguen niveles intravítreos significativos son la ceftriaxona, el mipenem y las fluoroquinolonas, pero sólo estas últimas se pueden administrar de forma ambulatoria (vía oral).
8. El grepafloxacino es más eficaz que el ciprofloxacino y el ofloxacino frente a los patógenos más frecuentes en las endoftalmitis postoperatorias y permite una posología indicada para asegurar el cumplimiento del paciente ambulatorio (1 comprimido/día).
9. Basándonos en las conclusiones de Allen et al. (10) y Meredith (11), no existe ninguna forma de tratamiento que destruya toda la flora microbiana en todos los pacientes o prevenga todos los casos de endoftalmitis, por lo que pensamos que una asociación de diversas medidas terapéuticas profilácticas sería la mejor manera de aproximarnos al riesgo cero de sufrir una complicación tan devastadora como es la infección en el postoperatorio de la cirugía intraocular.


Propuesta terapéutica

La propuesta de tratamiento profiláctico de la endoftalmitis en la cirugía intraocular (cualquier variedad) sería:

1. Tratamiento tópico con:
- Trimetoprim + polimixina B o ciprofloxacino o norfloxacino, todos ellos 4 veces/día desde tres días antes de la intervención.
- Aplicación tópica cutánea periorbitaria de povidona yodada al 10%.
- Aplicación tópica ocular de povidona yodada al 5% y posterior lavado con abundante suero fisiológico.

2. Asociación de antibióticos en el suero de infusión utilizado durante la facoemulsificación y la vitrectomía:
- Vancomicina 20 µg/ml.
- Gentamicina 8 µg/ml.

3. Tratamiento sistémico:
- Grepafloxacino: 1 comprimido de 600 mg/24 h v.o. desde tres días antes de la cirugía y durante los cuatro días siguientes a la misma.


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PRINCIPIO