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Resumen

El
lupus eritematoso discoide crónico (LEDO) puede afectar en
ocasiones a los párpados y, más raramente, a la mucosa
conjuntival. En general, el LEDO de la cara suele ser de fácil
diagnóstico, pero la afección palpebral puede confundirse
con diversos cuadros inflamatorios, como la blefaritis crónica.
Presentamos el caso de una paciente de 55 años diagnosticada
de LEDO con afectación palpebral y conjuntival. Realizamos
una descripción de las lesiones cutáneas y oculares,
del estudio histopatológico de las mismas, de su evolución
crónica a brotes y la respuesta al tratamiento con cloroquina.
La observación minuciosa de las lesiones palpebrales y conjuntivales
y los resultados del estudio histopatológico de la conjuntiva
tarsal afecta resuelven el diagnóstico diferencial con otros
cuadros inflamatorios, como la blefaritis o la conjuntivitis crónica.
En conclusión, creemos importante destacar que la afectación
conjuntival, aunque poco frecuente, debe tenerse en cuenta en todo
paciente con LEDO para instaurar el tratamiento adecuado y evitar
la aparición de complicaciones oculares.
Introducción

El
lupus eritematoso discoide crónico (LEDO) es una enfermedad
autoinmune crónica benigna localizada en la piel. Cursa con
placas eritematosas, queratósicas, bien delimitadas, que al
curar suelen dejar una cicatriz atrófica. Dichas lesiones se
localizan en la cara, los pabellones auriculares, el cuero cabelludo,
el escote y, con menos frecuencia, en el resto del tronco y las extremidades.
La enfermedad puede afectar en ocasiones a los párpados y,
más raramente, a la mucosa conjuntival.
El diagnóstico diferencial de las lesiones cutáneas
incluye la infiltración linfocitaria de Jessner, la erupción
polimorfa lumínica, la rosacea, la dermatitis seborreica, la
psoriasis y la sarcoidosis, entre otras. En el caso de las lesiones
oculares, debe diferenciarse de la blefaroconjuntivitis, el carcinoma
sebáceo y el carcinoma basocelular de los párpados.
Describimos el caso de una paciente diagnosticada de LEDO con lesiones
conjuntivales y del borde libre palpebral de varios meses de evolución
que simulaba una blefaroconjuntivitis crónica sin respuesta
a los tratamientos convencionales. El examen crónico detallado
de las lesiones, la observación del diagnóstico dermatológico
y el examen histopatológico de la conjuntiva condujeron al
diagnóstico y permitieron instaurar el tratamiento adecuado.
Descripción del caso

La
paciente, de 55 años, nos fue remitida por presentar quemazón,
picor y enrojecimiento intenso ocular de ocho meses de evolución.
El tratamiento con sucesivas tandas de corticoides, antibióticos
y antihistamínicos en gotas y pomadas no había producido
mejoría significativa.
Entre sus antecedentes destacaba que, un año antes, había
sido diagnosticada clínica e histológicamente de lupus
cutáneo crónico sin afectación sistémica
(ANA y antiDNA negativos, hemograma, sistema de complemento y proteinograma
normales). Las lesiones cutáneas habían remitido con
corticoide tópico, cloroquina oral y fotoprotección.
En el momento de ser vista en nuestra consulta estaba asintomática
desde el punto de vista dermatológico.
En la inspección se observó un enrojecimiento del borde
libre de los párpados con afectación sectorial de la
conjuntiva tarsal inferior (Figura 1). El examen ocular mediante
lámpara de hendidura mostró unas placas eritematosas
bien definidas y sobreelevadas, de aspecto aterciopelado a nivel de
conjuntiva tarsal inferior, más acentuadas en el ojo izquierdo,
así como vasos dilatados y telangiectasias en el borde libre
palpebral. No había poliosis ni pérdida de pestañas,
formación de costras o secreción. El resto de la exploración
oftalmológica era normal.
Se procedió a la realización de una biopsia de espesor
parcial en el centro de una de las placas de conjuntiva: epitelio
conjuntival en gran parte sustituido por un infiltrado inflamatorio
constituido por linfocitos y células plasmáticas, con
algunos focos que conservaban las células mucosecretoras. El
infiltrado se disponía en banda y de forma continua por debajo
del epitelio conjuntival (Figura2).
Se instauró tratamiento con cloroquina (250 mg/día),
que redundó en una mejoría significativa de las lesiones
oculares.
Figura
1. Enrojecimiento del borde libre
de los párpados y formación de placas
eritematosas en la conjuntiva

Figura
2. Aspecto histopatológico de la conjuntiva.
Epitelio conjuntival sustituido por infiltrado inflamatorio
constituido por linfocitos y células plasmáticas con
disposición en banda (HE, x75).

Comentarios

Aunque
la aparición de lesiones en los párpados y la conjuntiva
es infrecuente en el LEDO (la prevalencia hallada en una serie de
68 pacientes fue del 6% (1)), se cree que la prevalencia de problemas
de superficie ocular puede estar infravalorada, según estudios
inmunopatológicos realizados en series amplias de pacientes.
Cuando no se sospecha, esta condición es frecuentemente confundida
con la blefaritis. En una revisión realizada sobre 38 casos,
la duración entre la instauración de los síntomas
y el correcto diagnóstico fue 3,36 años de media (3).
Cuando el LEDO se localiza únicamente en los párpados,
el diagnóstico puede retrasarse considerablemente. Incluso
en los casos en que la enfermedad está presente en la piel
de la cara, puede ser difícil el diagnóstico de una
afección conjuntival si no se da una alteración de la
piel del párpado.
Como complicaciones de las lesiones crónicas dejadas a su evolución
se ha descrito la cicatrización permanente, los cambios pigmentarios
y la destrucción tisular, que puede conducir a una grave disfunción
palpebral, así como la desfiguración de los párpados,
la pérdida de pestañas y la restricción de los
movimientos oculares. Se pueden desarrollar también trastornos
del segmento anterior secundarios a la alteración de la función
palpebral (3).
Parece prudente realizar biopsias de espesor parcial ante la posibilidad
descrita de una dehiscencia de sutura tras la realización de
una biopsia de párpado de espesor total en fases activas de
la enfermedad.
La
presencia de la enfermedad cutánea, el carácter asimétrico
de las lesiones oculares, el curso crónico con exacerbaciones
y la no respuesta al tratamiento convencional son fundamentales para
el diagnóstico, que se confirma normalmente con el estudio
histopatológico.
Nuestra paciente, diagnosticada de LEDO, tenía unas lesiones
conjuntivales y del borde libre palpebral similares a las descritas
por otros autores, aunque sin afección de la piel del párpado.
Asimismo, el estudio histopatológico de la conjuntiva tarsal
es equivalente al obtenido por otros autores en caso de lesiones de
la conjuntiva (3,5-7).
El tratamiento incluye la fotoprotección ocular y dermatológica,
el uso de corticoides tópicos o intralesionales, de drogas
antipalúdicas y, en casos resistentes, de agentes inmunosupresores
(8). Las lesiones de nuestra paciente mejoraron bajo el tratamiento
con antipalúdicos de síntesis, al igual que la mayoría
de los casos descritos (9-11).
Como conclusión, cabe destacar que la afección conjuntival,
aunque poco frecuente, debe ser tenida en cuenta en todo paciente
con LEDO para instaurar el tratamiento adecuado y evitar la aparición
de complicaciones oculares.
Bibliografía
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